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Hace unos meses contábamos el origen de las 8 horas diarias (40 semanales) de trabajo y cuestionábamos qué sentido tenía en la actualidad. Este verano en Nueva Zelanda se llevó a cabo una histórica prueba adoptando una jornada laboral de cuatro días. ¿Estamos listos para el cambio o es una utopía?

La idea de los estudios y pruebas que hoy están empujando por un nuevo modelo parten de una misma base: el actual está basado, en su mayor parte, en una época y un momento de la historia que poco o nada tienen que ver con el actual, la Revolución Industrial y los cambios que llegaron posteriormente con la Asociación Internacional de Trabajadores.

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Con estos últimos finalmente se llegó a esas ocho horas de trabajo establecidas, siendo Uruguay el 17 de noviembre de 1915 el primer país en adoptar dicha jornada de ocho horas. Vale la pena repetir la fecha, porque de 1915 a 2018 ha pasado más de un siglo, y en materia de trabajo, diríamos que no ha cambiado gran cosa.

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Lo cierto es que se suponía que la tecnología nos liberaría de la mayor parte del trabajo diario pero, al menos en parte, lo empeoró: en 2002, menos del 10% de los empleados revisaron su correo electrónico laboral fuera del horario de oficina. Hoy, con la ayuda de tablets y teléfonos, es del 50%, y a menudo antes de que salgamos de la cama.

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Como explicamos a comienzos del año, investigadores de la Universidad de Columbia utilizaron rastreadores de actividad para monitorear a 8.000 trabajadores mayores de 45 años. Los hallazgos fueron sorprendentes. El período promedio de inactividad durante cada día de vigilia fue de 12.3 horas. Los empleados que eran sedentarios por más de 13 horas al día tenían el doble de probabilidades de morir prematuramente que los que estuvieron inactivos durante 11.5 horas.

Los autores concluyeron que sentarse en una oficina por períodos prolongados tiene un efecto similar al fumar y debería incluir una advertencia de salud.

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En otro estudio, los investigadores del University College London observaron a 85.000 trabajadores, principalmente hombres y mujeres de mediana edad, y encontraron una correlación entre exceso de trabajo y problemas cardiovasculares, especialmente un latido cardíaco irregular o fibrilación auricular, lo que aumenta las posibilidades de sufrir un derrame cerebral hasta cinco veces.

En Alemania hace unos meses miles de trabajadores de fábricas de automóviles convocaron una huelga demandando una semana laboral de 28 horas con salarios y condiciones sin cambios. Decían que, simplemente, no querían morir antes de tiempo, y menos trabajando.

Y no están solos, la Universidad Nacional de Australia decía recientemente que trabajar más de 39 horas a la semana es un riesgo para el bienestar.

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Cuatro días de trabajo

Illustration: Sam Woolley GMG

Lo cierto es que hoy muy pocas empresas se atreven a llevar la contraria a estos estudios. Los costes del exceso de trabajo cada vez son más difíciles de ignorar. Ahora, el estrés a largo plazo, la ansiedad y la inactividad prolongada han sido expuestos como los males del nuevo siglo.

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Sin embargo, muy pocas compañías se atreven a cambiar y dar un paso al frente. De ahí que en los últimos tiempos hayan comenzado a salir cada vez más propuestas.

Hace unas semanas, el Consejo Sindical del Reino Unido (TUC) pidió una semana laboral máxima de cuatro días como parte de su informe sobre cómo los cambios en el lugar de trabajo actual y futuro pueden ser los mejores para los trabajadores.

Se basaron en una encuesta entre sus miembros que indicó que era la opción más popular, favorecida por el 45% de los participantes, con un 81% que quería una reducción de al menos un día. Sin embargo, esto solo refleja la popularidad de la idea. Los efectos de las semanas de cuatro días y la reducción del tiempo de trabajo en general son más complejos.

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Cuando en el siglo XX las empresas decidieron cambiar a una semana de cinco días, trabajando ocho horas diarias, se justificó con el hecho de que el tiempo libre adicional aumentaría el gasto del consumidor y por tanto a la economía. Además, el mayor tiempo de descanso significaría que la productividad de los trabajadores no se vería reducida.

Lo cierto es que el cambio también fue una reacción a la automatización y la integración de las líneas de producción a la fábrica, lo que significaba que podrían mantener más fácilmente su salida consistente con menos participación humana. Vale la pena recordarlo, porque los paralelismos entre esto y lo que propone el TUC poniendo su punto mira en empresas grandes como Amazon son obvias.

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Hace unos meses, casi 250 empleados de Perpetual Guardian, una compañía de Nueva Zelanda, probaron una semana laboral de cuatro días entre marzo y abril, trabajando cuatro días de ocho horas pero cobrando lo mismo que anteriormente con cinco días.

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Los académicos que estudiaron el ensayo encontraron que el personal de las oficinas de la firma en todo el país informó niveles más bajos de estrés, mayores niveles de satisfacción en el trabajo y una mejor sensación de equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

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El CEO de Perpetual Guardian, Andrew Barnes, dijo que el personal podría optar a partir de ahora por una semana de cuatro días, y se consultó a los abogados para garantizar que el nuevo sistema respete las condiciones y la legislación laboral de Nueva Zelanda.

A los trabajadores que eligen no optar por la semana de cuatro días se les ofrecerán opciones flexibles, como comenzar o terminar más temprano para evitar la congestión del tráfico o gestionar su vida personal. Para Barnes es todo un éxito. El CEO se preguntaba si tener un día más para administrar sus vidas haría que su personal estuviera más enfocado y fuera más productivo en la oficina, y los datos han demostrado que su teoría es un éxito inequívoco.

Sin embargo, también hubo algunas inquietudes planteadas que incluyeron un estrés adicional para ciertos empleados, incluido un grupo que tuvo que romper los términos del ensayo para mantenerse al día con un período ocupado.

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No hubo caída en la calidad del trabajo, pero tampoco hubo una mejora. Lejos de sus escritorios, el personal respondió muy bien al tiempo libre extra, con la excepción de las personas que disfrutaban del aspecto social del trabajo, o les resultaba difícil permanecer ocupado sin el día adicional en la oficina.

El ensayo se estudió en la Universidad de Auckland, y los resultados fueron alentadores: el trabajo se mantuvo al nivel estándar mientras que el trabajo en equipo y el compromiso laboral aumentaron y el estrés disminuyó.

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Es más, el ministro de Trabajo de Nueva Zelanda, Iain Lees-Galloway, ha descrito estos días los hallazgos de la semana laboral de cuatro días como “muy interesantes”, y dijo que estaba ansioso por trabajar con empresas que exploran nuevos modelos para la oficina moderna.

Según Jan-Emmanuel De Neve, profesor de economía en la Universidad de Oxford, un buen equilibrio entre la vida laboral y personal, con tiempo para que las personas hagan las cosas que disfrutan, es una prioridad para la satisfacción. Una forma de lograr esto podría ser con un fin de semana de tres días. Según le explicó a la BBC:

Diría que la semana laboral de cuatro días es acertada en términos de encontrar el equilibrio correcto entre trabajo y vida y liberar el potencial de felicidad en términos de ganancias de productividad. Esto supera la reducción neta en la productividad de trabajar un día menos.

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Para De Neve, “cuanto más positivo acerca de tu vida laboral y tu vida privada mientras estás en el trabajo, más se relaciona con ser capaz de ser más productivo”. Más o menos lo que ha ocurrido con la prueba de Nueva Zelanda, donde no se encontró una mejora real en la calidad del trabajo, pero los participantes informaron que disfrutaron de un fin de semana de tres días.

Un estudio de 2015 de la Universidad de Warwick también parece reforzar la idea de una semana laboral de cuatro días y un fin de semana de tres días. En el mismo se encontró que la manipulación de la felicidad de los trabajadores pareció afectar la eficacia con que hicieron un trabajo.

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En otro informe, en este caso de 2007 de la London School of Economics, se analizó cómo cambia la productividad en el transcurso de la semana laboral. Se concluyó que la fatiga, la eficiencia en la práctica (el concepto de que un trabajador aumenta en eficiencia después de una caída en la habilidad durante un período de descanso) y las explosiones de motivación causadas por los plazos o el tiempo libre próximo, son las principales influencias en la calidad o cantidad de producción de una empresa.

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De hecho, ya existían estudios que hablaban de ello hace tiempo. Concentrar las horas de trabajo durante los días más productivos de la semana (en la mayoría de los casos, de martes a jueves) puede tener un efecto positivo, como sugiere un artículo de 1999 de Robert Lajeunesse, quien abogó por trabajar cuatro días, pero durante diez horas cada uno en lugar de ocho .

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Por todo ello, la pregunta base parece responderse por sí sola. No es ninguna utopía y estamos preparados para ese cambio a una jornada de cuatro días laborales. Sin embargo, sería erróneo esperar que si se implementara un esquema de este tipo en un lugar de trabajo, se produzca un aumento automático de la productividad.

Es posible que se necesiten más pruebas antes de que podamos ver un ajuste importante en la forma en que trabajamos. Pero no fue hasta el siglo XX que las empresas decidieron que una semana de cinco días era óptima y comenzaron a darles permiso a los trabajadores para el sábado “libre”.

Y de eso hace ya más de un siglo, es posible que estemos preparados para intentarlo de nuevo. [The Guardian, DissentMagazine, The Guardian, BusinessInsider, BBC]