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Ciencia

Hace 2.800 años, los escitas enterraron a sus muertos en una enorme tumba de Siberia y dejaron algo que nadie esperaba encontrar. Ahora, un análisis de cabello humano revela un inquietante secreto de sus rituales

Una tumba de 2.800 años en Siberia escondía semillas de cannabis y cabello humano con rastros de cannabinoides. El descubrimiento aporta nuevas pruebas sobre los rituales de los antiguos escitas.
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Hace unos 2.800 años, una comunidad de guerreros nómadas construyó una tumba monumental en las estepas de Siberia. Allí depositaron restos humanos, objetos de prestigio, armas y numerosos caballos sacrificados. Durante siglos, aquel lugar permaneció oculto bajo tierra, conservando un secreto que los arqueólogos no esperaban encontrar: evidencias químicas de que el cannabis pudo desempeñar un papel importante en los rituales funerarios de aquellas comunidades.

El descubrimiento procede del túmulo Tunnug 1, situado en la República de Tuvá, al sur de Rusia. Los investigadores recuperaron más de un millar de semillas de cannabis y varios mechones de cabello humano que conservaron moléculas relacionadas con los efectos psicoactivos de la planta.

El estudio, publicado el 5 de noviembre de 2026 en Science, ofrece una de las evidencias directas más antiguas documentadas hasta ahora sobre el posible consumo de cannabis con fines intoxicantes. Sin embargo, también abre una pregunta difícil de responder: ¿qué papel tenía esta sustancia en ceremonias donde se sacrificaban animales y posiblemente también personas?

Una tumba gigantesca escondía semillas de cannabis y cabello humano conservado durante casi tres milenios

Hace 2.800 años, los escitas enterraron a sus muertos en una enorme tumba de Siberia y dejaron algo que nadie esperaba encontrar. Ahora, un análisis de cabello humano revela un inquietante secreto de sus rituales
Se descubrieron semillas de cannabis durante la excavación de una tumba en la República de Tuvá, en el sur de Siberia. Las semillas no son fáciles de detectar en el contexto de la excavación. © T. Wallace.

Tunnug 1 forma parte del llamado Valle de los Reyes de Tuvá, una región conocida por sus monumentales enterramientos asociados con los primeros pueblos escitas.

El túmulo tiene aproximadamente 140 metros de diámetro y contiene estructuras funerarias de madera, armas, adornos de bronce y objetos relacionados con la equitación. Su tamaño indica que allí fueron enterradas personas de considerable importancia social.

El equipo internacional, dirigido por Gino Caspari, de la Universidad de Berna, encontró semillas mezcladas con otros restos funerarios. Seis fueron sometidas a datación por radiocarbono, situándolas a comienzos del siglo VIII antes de Cristo.

Pero encontrar cannabis no significaba necesariamente que aquellas personas lo consumieran por sus efectos psicoactivos. La planta también se utilizaba para producir fibras, aceite y otros materiales.

La verdadera pista apareció en el cabello humano conservado dentro de la tumba. Los científicos emplearon espectrometría de masas de alta resolución para buscar rastros químicos y detectaron señales compatibles con cannabinol, conocido como CBN, un compuesto que puede generarse cuando el THC se oxida. También identificaron señales más débiles compatibles con THC.

Según explica la Universidad de Berna, la combinación de restos vegetales y rastros químicos en tejidos humanos constituye una evidencia especialmente interesante para reconstruir el uso de esta planta en la Antigüedad.

Los caballos sacrificados y los antiguos relatos griegos ofrecen una pista sobre lo que ocurría en aquellas ceremonias

Hace 2.800 años, los escitas enterraron a sus muertos en una enorme tumba de Siberia y dejaron algo que nadie esperaba encontrar. Ahora, un análisis de cabello humano revela un inquietante secreto de sus rituales
Semillas de cannabis encontradas durante las excavaciones de Tunnug 1. Algunas fueron datadas directamente mediante radiocarbono y pertenecen a comienzos del siglo VIII antes de Cristo. © Trevor Wallace / Universidad de Berna.

La interpretación se vuelve todavía más intrigante al examinar el contexto funerario. Los arqueólogos encontraron numerosos restos de caballos sacrificados y huesos humanos dispersos. Algunos animales habían sido colocados cuidadosamente alrededor de las estructuras funerarias, lo que apunta a ceremonias relacionadas con el prestigio y el poder de las élites escitas.

La posible utilización ritual de cannabis también recuerda a los relatos de Heródoto. El historiador griego describió ceremonias escitas en las que se calentaban partes de esta planta sobre piedras, generando vapores que los participantes inhalaban.

Las nuevas evidencias son anteriores a esos testimonios, pero todavía no permiten confirmar que las personas enterradas practicaran exactamente aquellos rituales.

Hace 2.800 años, los escitas enterraron a sus muertos en una enorme tumba de Siberia y dejaron algo que nadie esperaba encontrar. Ahora, un análisis de cabello humano revela un inquietante secreto de sus rituales
Semillas de cannabis recuperadas en el enterramiento escita. Su superficie presenta patrones que permitieron identificarlas, mientras que la datación por radiocarbono confirmó su antigüedad. © Gino Caspari y colaboradores / Science (2026).

Tampoco se sabe si consumieron cannabis mediante inhalación, ingestión o alguna otra forma de exposición. Incluso existe un debate científico sobre si las moléculas detectadas en el cabello demuestran consumo o podrían proceder de contaminación externa durante el enterramiento. El equipo ha comenzado además a estudiar el ADN de las semillas, cuya conservación podría ayudar a investigar cómo se domesticó y dispersó el cannabis por Eurasia.

El verdadero descubrimiento es que una tumba de casi tres milenios puede conservar no solamente los objetos de una civilización, sino también pistas químicas sobre sus prácticas culturales. Y aunque todavía desconocemos qué ocurrió exactamente durante aquellas ceremonias, Tunnug 1 está proporcionando una ventana extraordinaria a uno de los capítulos menos conocidos de la historia de los escitas.

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