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Ciencia

Unos fósiles de 150.000 años hallados en China apuntan a que dos tipos de humanos convivieron en la misma región

Un grupo de restos humanos que llevaba décadas desconcertando a los científicos acaba de aportar nuevas pistas sobre la diversidad de especies que habitaron Asia durante el Pleistoceno.
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La evolución humana estuvo lejos de ser una sucesión ordenada de especies que aparecieron y desaparecieron unas detrás de otras. Durante miles de años, diferentes grupos de homínidos compartieron territorios, desarrollaron características anatómicas propias y, posiblemente, llegaron a cruzarse entre sí. Un nuevo análisis de fósiles encontrados en el norte de China vuelve a poner esta compleja historia sobre la mesa y refuerza una hipótesis que podría cambiar nuestra comprensión de los antiguos habitantes de Asia: hace aproximadamente 150.000 años, más de un tipo de humano habría vivido en la misma región.

El descubrimiento también vuelve a colocar en el centro de la discusión al llamado «hombre dragón», un misterioso homínido cuya identidad continúa despertando interrogantes entre los investigadores.

Unos fósiles que llevaban décadas sin encontrar su lugar en la evolución humana

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© Max Kleinen – Unsplash

Los restos estudiados proceden de la provincia china de Hebei y fueron descubiertos durante la década de 1970. Desde el primer momento, sus características anatómicas llamaron la atención de los especialistas. Presentaban una capacidad craneal considerable y una combinación de rasgos que mezclaba características primitivas con otras más cercanas a las de los humanos modernos.

Sin embargo, había un problema que impedía comprender su verdadero significado: la antigüedad de los fósiles.

Durante años, los diferentes intentos de datación ofrecieron resultados muy distintos. Sin una cronología fiable, resultaba complicado establecer a qué población pertenecían aquellos individuos y qué lugar ocupaban dentro del árbol evolutivo. Podían representar una población humana temprana, un grupo que sobrevivió hasta épocas posteriores o incluso una combinación de características procedentes de diferentes linajes.
Esta dificultad forma parte de lo que algunos investigadores denominan muddle in the middle, una expresión utilizada para describir el complicado panorama de la evolución humana durante el Pleistoceno medio.

En 2024, un equipo internacional propuso que estos restos podían pertenecer a una especie humana diferenciada, a la que denominó Homo juluensis. La hipótesis buscaba explicar algunas características anatómicas que no encajaban fácilmente con otras poblaciones humanas conocidas.

Una nueva datación permite acotar la antigüedad de los restos

El estudio publicado en Quaternary Science Reviews se concentró en resolver precisamente esa incertidumbre. Para determinar cuándo habían vivido estos homínidos, los investigadores recurrieron a una técnica conocida como datación por series de uranio.

El procedimiento se aplicó a cinco fósiles humanos y también a restos animales encontrados en el mismo contexto geológico. De esta manera, el equipo pudo establecer una horquilla temporal mucho más precisa que las estimaciones anteriores.

Los resultados sitúan los restos en un periodo comprendido entre hace 138.000 y 228.000 años. Aunque sigue siendo un intervalo amplio, permite ubicar a estos individuos en una etapa especialmente importante de la evolución humana.

La nueva cronología no solo ayuda a comprender mejor cuándo vivieron los posibles representantes de Homo juluensis. También permite compararlos con otros grupos humanos que habitaron Asia durante períodos similares.

Y es justamente esa coincidencia temporal la que convierte al descubrimiento en una pieza especialmente interesante para la paleoantropología.

El encuentro temporal con el misterioso hombre dragón

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©Jade Lee – Unsplash

 

La horquilla establecida para los fósiles de Hebei coincide con la época en la que habría vivido Homo longi, conocido popularmente como el «hombre dragón».

Esta población humana fue propuesta a partir de un cráneo extraordinariamente bien conservado descubierto en Harbin, en el noreste de China. Su antigüedad se estima en aproximadamente 150.000 años y su anatomía presenta características que llamaron especialmente la atención de los especialistas.

El solapamiento entre ambas cronologías plantea una posibilidad relevante: dos poblaciones humanas con características físicas diferentes pudieron compartir el norte de China durante miles de años.

La hipótesis resulta especialmente interesante porque obliga a contemplar un escenario mucho más complejo que el de una única especie humana ocupando cada región en un momento determinado.

La identidad del hombre dragón también ha experimentado nuevas interpretaciones. De hecho, investigaciones posteriores sobre el cráneo de Harbin y los denisovanos han vuelto a abrir el debate sobre la clasificación de este antiguo grupo.

Todavía no está claro qué relación existía entre Homo juluensis y Homo longi. Podrían haber pertenecido a ramas evolutivas diferentes, haber mantenido algún tipo de intercambio genético o representar variaciones regionales de un linaje humano más amplio.

Asia pudo albergar muchas más poblaciones humanas de las que imaginábamos

El descubrimiento se suma a otras investigaciones que están transformando la manera de entender la evolución humana en Asia oriental. Durante mucho tiempo, buena parte de los relatos sobre nuestro pasado se concentraron en Europa, especialmente en la convivencia entre neandertales y Homo sapiens.

Sin embargo, los fósiles asiáticos están revelando un panorama mucho más diverso. Diferentes poblaciones humanas pudieron ocupar territorios cercanos, desarrollar características anatómicas particulares y coexistir durante períodos prolongados.

En este sentido, otros conjuntos de fósiles encontrados en China también han contribuido a reforzar la idea de que Asia oriental fue un escenario de gran diversidad evolutiva.

El panorama se vuelve todavía más interesante cuando se consideran los denisovanos, otro grupo humano arcaico cuya existencia se identificó inicialmente mediante el análisis de ADN antiguo. Su presencia y sus posibles relaciones con otras poblaciones demuestran hasta qué punto todavía quedan interrogantes por resolver.

Incluso los nuevos hallazgos sobre los antiguos habitantes de China están permitiendo reconsiderar la identidad de fósiles que permanecieron durante décadas sin una clasificación definitiva.

Por ahora, los restos de Hebei no resuelven todas las dudas sobre la relación entre los diferentes grupos humanos. Sin embargo, su nueva datación aporta un elemento importante para reconstruir ese escenario.

La evolución humana no fue una línea recta ni una historia protagonizada por una sola especie a la vez. El norte de China pudo ser uno de esos lugares donde distintas humanidades compartieron territorio, y el hombre dragón quizá forme parte de una historia mucho más amplia de lo que se pensaba.

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