Deimos tiene apenas unos 12 kilómetros de diámetro y una forma irregular que recuerda a una patata. Sin embargo, en algún momento de su historia sobrevivió a un acontecimiento capaz de cambiar prácticamente todo su aspecto: el impacto oblicuo de un asteroide de unos 320 metros que golpeó la región de su polo sur a más de 8 kilómetros por segundo.
Esa es la reconstrucción presentada esta semana en Nature Astronomy. El trabajo propone que una única colisión creó la enorme depresión de unos 10 kilómetros que domina el polo sur y, al mismo tiempo, lanzó tal cantidad de material sobre el resto de la luna que terminó enterrando buena parte de sus viejos cráteres.
La explicación resolvería una rareza que lleva décadas desconcertando a los científicos. Mientras Fobos, la otra luna de Marte, aparece cubierta de cráteres y surcos, Deimos tiene una superficie sorprendentemente lisa, apagada y cubierta por una gruesa capa de regolito.
El culpable podría haber sido un solo golpe.
El impacto lanzó hasta el 20% de Deimos por los aires sin conseguir destruirla

El equipo dirigido por Sabina Raducan realizó simulaciones hidrodinámicas variando el tamaño del proyectil, el ángulo de choque y la estructura interna de Deimos.
El escenario que mejor reproduce la luna actual es extraordinariamente concreto: un asteroide de 320 ± 25 metros de diámetro que chocó aproximadamente a 45 grados y a unos 8,2 kilómetros por segundo. El punto de impacto habría estado desplazado unos dos kilómetros respecto al centro de la gran depresión actual.
Fue una colisión brutal, pero técnicamente “subcatastrófica”.
Las simulaciones indican que solo alrededor del 1% o menos de la masa de Deimos consiguió escapar definitivamente al espacio. Entre un 10% y un 20%, en cambio, salió despedido y posteriormente volvió a caer sobre la propia luna.
Ese material formó una manta de escombros de varios metros prácticamente por toda la superficie. En determinadas regiones orientadas hacia Marte, la acumulación pudo superar los 200 metros de espesor.
Eso explicaría por qué todavía se perciben los contornos de algunos cráteres antiguos debajo de una superficie aparentemente suavizada: no desaparecieron necesariamente, sino que quedaron enterrados bajo los restos de la propia luna.
Deimos parece una roca, pero por dentro podría parecerse más a un montón de escombros

La colisión también ofrece una pista sobre algo mucho más difícil de observar: el interior de Deimos. Si la pequeña luna hubiese sido un bloque sólido y resistente, las ondas de choque habrían producido una respuesta muy diferente. Para generar la depresión actual y permitir que el material volviese a deslizarse sobre la superficie, los modelos necesitan una capa superior extremadamente débil, con una cohesión de apenas unos pocos pascales.
El interior, además, tendría que ser muy poroso, fracturado y capaz de disipar la energía del impacto. En lugar de parecerse a la Luna terrestre, Deimos podría tener físicamente más en común con los llamados rubble piles: asteroides formados por fragmentos débilmente unidos por la gravedad. Ese comportamiento habría permitido absorber una colisión gigantesca sin desintegrarse.
Y sabemos cada vez más sobre su superficie gracias a una visitante inesperada. En marzo de 2025, la misión europea Hera pasó a unos 300 kilómetros de Deimos durante una asistencia gravitatoria en Marte y utilizó tres de sus instrumentos para observarlo.
Japón está a punto de enviar una misión que podrá poner la teoría a prueba

El momento del estudio difícilmente podría ser mejor. JAXA prepara el lanzamiento durante el año fiscal 2026 de Martian Moons eXploration (MMX). La nave llegará al sistema marciano en 2027, estudiará detalladamente Fobos y Deimos y realizará algo que ninguna misión ha conseguido: recoger más de 10 gramos de material de Fobos y devolverlos a la Tierra. La cápsula debería regresar en 2031.
Las observaciones de Deimos permitirán comprobar algunas de las predicciones del nuevo modelo, especialmente la distribución y propiedades del regolito. Y todavía queda el gran misterio.
Los científicos siguen sin saber con certeza si Fobos y Deimos son asteroides capturados por Marte o restos formados después de un gigantesco impacto contra el planeta rojo. Precisamente resolver esa cuestión es uno de los objetivos centrales de MMX.
Deimos podría, por tanto, guardar dos impactos diferentes en su historia: uno relacionado con su posible nacimiento y otro, mucho después, que habría cambiado su aspecto para siempre.
Una roca de apenas 320 metros pudo golpear una luna 37 veces mayor, excavar una depresión comparable al tamaño de la propia Deimos y lanzar una quinta parte de su material por toda la superficie. No consiguió destruirla. Pero probablemente la reconstruyó casi por completo.