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Ciencia

La Luna podría entenderse como el freezer de la Tierra, que preserva rastros biológicos de su pasado distante

Los científicos de la NASA estudiaron lo que pasaría en la Luna con cinco microbios terrestres. Incluyeron a uno que ya sobrevive en el exterior de la Estación Espacial Internacional.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Tal vez creas que la Luna es inhóspita, hostil a la vida. Pero aparte de lo que ya sabes sobre las temperaturas extremas en la superficie lunar, la falta de atmósfera respirable, y la constante exposición a la radiación solar y cósmica, resulta que la polvorienta superficie lunar está cubierta por partículas diminutas de regolito que (para empeorar las cosas) son filosas como el cristal.

Desde hace mucho tiempo los astrónomos y los científicos planetarios creen que la Luna es inhóspita y que no podría sostener la vida, pero los investigadores de la NASA acaban de advertir algo: en algunos lugares sombreados de la rugosa superficie de la Luna, en particular cerca de los polos, hay protección suficiente contra la radiación como para preservar algunos microbios en estado de animación suspendida o criptobiosis.

En el Centro Espacial de Vuelo Goddard de la NASA los investigadores verificaron lo que sucedería en esos lugares, usando los datos de tres categorías de bacterias y dos tipos de hongos. Encontraron que algunos microbios que ni siquiera se clasifican como “extremófilos” tienen capacidad de sobrevivir en la Luna.

“Para algunos científicos, y me incluyo, esa realidad es inquietante”, declaró Prabal Saxena, científico planetario del Goddard-NASA, y autor principal de este nuevo trabajo. “Sin embargo, crea a la vez la oportunidad de convertir una situación imperfecta en un experimento de utilidad”.

Un freezer natural

“La Luna podría compararse con un freezer que preserva interesantes fragmentos de evidencia del pasado de la Tierra, si alguna vez quedaron alojados en sus polos”, le dijo Saxena a Space.com.

Saxena dice que la posibilidad de contaminar estos lugares de la Luna por accidente también constituye un intrigante corolario, ya que las colisiones cósmicas sucedidas a lo largo de la historia del sistema solar podrían haber lanzado trozos del planeta Tierra hacia la Luna. Así, la vida microscópica podría haber permanecido en estado criptobiótico.

Por eso, se espera que los futuros experimentos en los polos de la Luna puedan evaluar hasta qué punto podrían adaptarse a la vida en nuestro satélite otras especies de microbios. “Es una gran oportunidad para pensar de veras en las limitaciones de la vida, y saber lo resiliente que puede ser, incluso en entornos increíblemente extremos”, afirmó Saxena.

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©NASA Goddard

Trampas frías

Saxena y sus colegas seleccionaron a los microbios candidatos para este estudio según sus propiedades de resistencia al calor y la radiación. Por ejemplo, la bacteria extremófila Deinococcus radiodurans, puede sobrevivir en el espacio e incluso en asteroides. Ese ha sido un problema notorio para las misiones espaciales de la NASA que buscan evitar la contaminación de cuerpos celestes con vida terrestre (que podría interferir con la búsqueda de vida extraterrestre).

Sin embargo, hay especies menos resistentes como el hongo Asperfillus niger que sorprendieron a la ciencia por su resiliencia en el espacio. Los astronautas ya saben que las colonias de A. niger, que suelen prosperar en ambientes terrestres cálidos y húmedos como los cuartos de baño o los conductos de calefacción, no solo han logrado sobrevivir a bordo de la Estación Espacial Internacional, sino que logran vivir en su superficie exterior.

El geomicrobiólogo de la NASA Aaron Regberg, coautor de este nuevo trabajo, dijo que se sorprendió al ver lo que lograba este no extremófilo. “Habría esperado que los microbios se hubieran secado”, afirmó.

Junto a la D radiodurans y el A. niger los investigadores recogieron datos sobre el Bacillus subtilis y la bacteria Staphylococcus aureus, y varias especies del género de hongos Fusarium, y publicaron su trabajo el miércoles en Science Advances. A cada especie la eligieron por conocer su resistencia en condiciones de vuelos espaciales, y luego crearon simulaciones del entorno lunar, con mapas detallados de elevación y datos de temperatura recogidos por el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA.

El modelo también calculó la variación en la exposición a la radiación en diferentes lugares de la superficie lunar donde los polos no reciben el bombardeo ultravioleta y los compuestos como el agua se almacenan en “trampas frías”, sin evaporarse. Son, en esencia, los freezers de la Tierra.

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