El 20 de abril de 2023, la nave Lucy se acercó a un asteroide olvidado en el cinturón principal. Era solo una prueba técnica antes de lanzarse hacia los troyanos de Júpiter. Sin embargo, aquel pequeño mundo terminó convertido en símbolo. Sus rocas, lóbulos y cráteres fueron rebautizados con nombres que evocan nuestros orígenes. Como si la Tierra hubiera dejado huellas en el espacio.
El fósil que dio nombre a una nave y a un mundo

Donaldjohanson es el asteroide y también el apellido del científico que en 1974 descubrió a Lucy, el fósil que revolucionó la historia de la evolución humana. No es casualidad que la nave que lo visitó se llame igual. Y tampoco lo es que, tras verlo de cerca, sus formas recibieran nombres que parecen sacados de un manual de paleoantropología.
El lóbulo pequeño fue bautizado como Afar Lobus, en recuerdo de la región etíope donde apareció Lucy. El mayor como Olduvai Lobus, evocando la garganta tanzana que guarda algunos de los registros fósiles más antiguos de la humanidad.
Un cuello estrecho que une tiempos y mundos
Entre ambos lóbulos hay una franja delgada, casi como un hilo de piedra. Ahora se llama Windover Collum, inspirado en un yacimiento de Florida donde se hallaron restos humanos de más de 7.000 años. Muy cerca de ese mismo lugar despegó la nave Lucy en 2021. Coincidencia o símbolo.
En ese “puente” del asteroide también quedaron dos nombres cargados de historia: Hadar Regio, sitio exacto donde se encontró a Lucy, y Minatogawa Regio, el lugar japonés que reveló los homínidos más antiguos de Asia. Incluso rocas y cráteres fueron rebautizados con nombres de fósiles que recorren la línea de nuestra especie.
Minatogawa, Olduvai, and Mungo. What's in a name? A nod to the story of humanity's origins.
New official names for features on Donaldjohanson, an asteroid our Lucy spacecraft visited in April, recognize research & discoveries about early humans on Earth: https://t.co/MZs8VuG9Z0 pic.twitter.com/JKMqLsSLPp
— NASA Solar System (@NASASolarSystem) September 16, 2025
Un ensayo que terminó siendo un mensaje
Lucy se encuentra hoy a casi 480 millones de kilómetros del Sol. Su verdadero destino llegará en 2027, cuando enfrente por primera vez a los asteroides troyanos de Júpiter. Pero lo que dejó atrás no es menor. Un mapa celeste donde la arqueología y la exploración espacial se dan la mano.
Un recordatorio de que la historia humana no solo se escribe en cuevas o desiertos. También en las cicatrices de mundos lejanos. Como si cada viaje al espacio necesitara mirarse en el espejo de nuestros orígenes.