Saltar al contenido
Ciencia

El James Webb acaba de encontrar pistas sobre una luna que sobrevivió al caos de Neptuno hace 4.000 millones de años. Y podría ser la última reliquia intacta de un sistema desaparecido

Los científicos creen que Tritón sembró el caos cuando fue capturado por Neptuno hace miles de millones de años. Ahora, gracias al James Webb, una pequeña luna olvidada podría haber conservado las huellas del sistema de satélites que existía antes de aquella catástrofe cósmica.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas, Nereida fue poco más que una mancha borrosa perdida en los márgenes del sistema solar. Una luna extraña, tenue y casi olvidada que apenas apareció en una fotografía granulada tomada por la Voyager 2 en 1989 durante su fugaz visita a Neptuno. Pero ahora el telescopio James Webb acaba de devolverla al centro de la conversación científica. Y lo que encontró podría cambiar completamente la historia de Neptuno.

Según un nuevo estudio basado en observaciones infrarrojas del Webb, Nereida podría ser la única luna original de Neptuno que logró sobrevivir intacta a uno de los episodios más violentos de los primeros tiempos del sistema solar: la captura de Tritón, el gigantesco satélite que habría destruido casi todo a su paso hace más de 4.000 millones de años.

El sistema de Neptuno siempre fue el raro de la familia

El James Webb acaba de encontrar pistas sobre una luna que sobrevivió al caos de Neptuno hace 4.000 millones de años. Y podría ser la última reliquia intacta de un sistema desaparecido
© NASA.

Júpiter, Saturno y Urano tienen sistemas relativamente ordenados. Grandes lunas orbitando en la misma dirección que rota el planeta, siguiendo patrones bastante previsibles. Neptuno no.

Su colección de satélites parece un rompecabezas roto. Y el principal responsable de ese caos sería Tritón, una luna gigantesca que orbita en sentido contrario a la rotación del planeta. Es el único gran satélite del sistema solar que lo hace.

Eso ya era una enorme señal de alarma para los astrónomos. La explicación más aceptada es que Tritón no nació junto a Neptuno. Habría sido un objeto del cinturón de Kuiper (esa gigantesca región helada más allá de Neptuno) capturado gravitacionalmente durante los primeros cientos de millones de años del sistema solar.

El problema es que capturar un objeto tan grande no ocurre de manera limpia.

Tritón pudo destruir casi todas las lunas originales de Neptuno

Los científicos creen que cuando Tritón cayó en el entorno gravitacional de Neptuno provocó un auténtico desastre cósmico. Su llegada habría alterado violentamente las órbitas de las lunas originales del planeta, provocando colisiones, expulsiones y fragmentaciones masivas. Muchas habrían terminado convertidas en escombros o directamente precipitadas contra Neptuno.

Las siete pequeñas lunas interiores actuales podrían ser apenas restos de aquel antiguo sistema destruido. Y durante años, Nereida parecía simplemente otro objeto extraño capturado desde el cinturón de Kuiper. Hasta ahora.

El James Webb detectó algo que no encaja con el cinturón de Kuiper

El nuevo estudio utilizó una observación relativamente breve del telescopio James Webb: apenas 10 minutos y 40 segundos. Pero fue suficiente para revelar algo sorprendente.

Gracias a sus instrumentos infrarrojos, el Webb pudo analizar la composición superficial de Nereida con una precisión imposible para telescopios anteriores. Y los resultados no coinciden con lo esperado para un objeto típico del cinturón de Kuiper.

Según Matthew Belyakov, autor principal del estudio e investigador del Instituto Tecnológico de California, la superficie de Nereida contiene abundante agua y rastros de dióxido de carbono, además de una reflectividad mucho mayor que la observada habitualmente en cuerpos del cinturón de Kuiper.

En otras palabras: químicamente, Nereida se parece más a las lunas regulares de Urano que a los objetos helados capturados desde los confines del sistema solar. Y eso cambia toda la hipótesis sobre su origen.

La luna olvidada podría ser la última superviviente intacta

El James Webb acaba de encontrar pistas sobre una luna que sobrevivió al caos de Neptuno hace 4.000 millones de años. Y podría ser la última reliquia intacta de un sistema desaparecido
© NASA / Calvin J. Hamilton.

El escenario que ahora plantean los investigadores es fascinante. Cuando Tritón llegó al sistema de Neptuno, habría sembrado el caos gravitacional destruyendo la mayoría de las lunas originales. Pero Nereida, por alguna combinación improbable de distancia y suerte orbital, consiguió sobrevivir.

No salió ilesa: terminó expulsada hacia una órbita extremadamente excéntrica, una de las más extrañas de todo el sistema solar. Tarda 360 días terrestres en completar una vuelta alrededor de Neptuno. Pero sobrevivió.

Las simulaciones realizadas por el equipo muestran que ese escenario es perfectamente posible. En aproximadamente un 25% de los casos simulados, una o más lunas originales logran escapar del desastre provocado por Tritón. Y Nereida encaja sorprendentemente bien en esa posibilidad.

Lo más increíble es que quizá estamos viendo un fósil del sistema solar primitivo

Si la hipótesis es correcta, Nereida sería muchísimo más que una luna rara. Sería una reliquia intacta de cómo eran los sistemas de satélites alrededor de los gigantes helados hace más de 4.500 millones de años, antes de que los grandes impactos y capturas gravitacionales reorganizaran el sistema solar exterior. Eso explica por qué el hallazgo entusiasma tanto a los científicos planetarios.

Carolyn Porco, investigadora histórica de las misiones Voyager y Cassini, calificó la idea como “convincente”. Y otros expertos destacan que el James Webb está demostrando una vez más algo inesperado: incluso en nuestro propio sistema solar todavía existen historias enteras esperando ser reconstruidas.

Lo inquietante es pensar que todo esto surge a partir de una luna que durante décadas apenas era un punto borroso en una vieja fotografía de la Voyager 2. Y quizá esa sea una de las mayores virtudes del James Webb. No solo está mirando galaxias primitivas o agujeros negros lejanos. También está obligándonos a reconsiderar cuánto desconocemos todavía sobre nuestro propio vecindario cósmico.

Compartir esta historia

Artículos relacionados