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Ciencia

Un cráneo casi completo hallado en la Patagonia revela cómo vivía un pequeño plesiosaurio hace 66 millones de años. El fósil también sitúa al sur de Sudamérica como una pieza clave en la evolución de los reptiles marinos

El ejemplar de 66 millones de años conserva un cráneo de 22,5 centímetros y parte del esqueleto. Su anatomía permitió reconstruir la evolución de un pequeño reptil marino que habitó los últimos ecosistemas del Cretácico.
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Hace 66 millones de años, el paisaje del norte de Chubut era muy diferente del actual. Parte de la región estaba ocupada por ambientes costeros, estuarios y mares poco profundos donde convivían tortugas, peces, serpientes, aves primitivas y reptiles marinos.

Entre ellos se encontraba Kawanectes lafquenianus, un plesiosaurio de cuello largo que alcanzaba alrededor de cuatro metros. Aunque la especie ya era conocida por restos del esqueleto, la ausencia de un cráneo bien conservado impedía reconstruir con precisión su anatomía y sus relaciones evolutivas.

Esa limitación acaba de desaparecer. Un equipo de paleontólogos recuperó en la Formación La Colonia el cráneo casi completo de uno de estos animales, junto con varias partes de su esqueleto. Según el estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, el ejemplar aporta caracteres anatómicos que no podían observarse en los fósiles conocidos anteriormente.

Un cráneo de 22,5 centímetros que funcionó como un documento evolutivo

La Patagonia acaba de recuperar el cráneo más completo conocido de Kawanectes lafquenianus. El fósil conecta los antiguos mares de Chubut con la Antártida y reconstruye el origen de un linaje de plesiosaurios australes
© J.P. O’Gorman, G. Matelo Mirco, and F. Aspromonte.

El fósil, identificado como MPEF-PV 12112, fue encontrado en febrero de 2024 durante una campaña organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio de Trelew y financiada por la National Geographic Society. Actualmente permanece depositado en las colecciones del museo.

De acuerdo con CONICET La Plata, el cráneo mide aproximadamente 22,5 centímetros. A partir de las proporciones del esqueleto, los investigadores estimaron que el animal completo habría alcanzado alrededor de cuatro metros, mientras que la Universidad Nacional de La Plata sitúa el intervalo probable entre 3,8 y 4,5 metros.

No era, por tanto, uno de los gigantes marinos que suelen dominar las reconstrucciones populares de los plesiosaurios. José O’Gorman, investigador del CONICET y primer autor del trabajo, lo describe como un plesiosaurio relativamente pequeño, adaptado a los estuarios y mares restringidos de la Patagonia durante el Cretácico Tardío.

El cráneo resulta especialmente valioso porque buena parte de los caracteres utilizados para establecer los parentescos entre vertebrados se concentra en esa región. La forma de los huesos, las aberturas craneales y la disposición de las estructuras internas ofrecen información que las vértebras o las extremidades no siempre pueden proporcionar.

Tal como explica el Museo de La Plata, Kawanectes lafquenianus era conocido principalmente por restos poscraneales. El nuevo ejemplar permitió describir por primera vez con detalle su cabeza e identificar rasgos no registrados previamente en otros miembros de su grupo.

Una falla geológica había separado la cabeza del resto del cuerpo

La Patagonia acaba de recuperar el cráneo más completo conocido de Kawanectes lafquenianus. El fósil conecta los antiguos mares de Chubut con la Antártida y reconstruye el origen de un linaje de plesiosaurios australes
© J.P. O’Gorman, G. Matelo Mirco, and F. Aspromonte.

El fósil apareció parcialmente articulado, con varios huesos todavía situados cerca de su posición original. Sin embargo, su conservación había sufrido dos problemas importantes.

Según detalla la Universidad Nacional de La Plata, una falla geológica atravesaba el yacimiento y había desplazado el cráneo respecto del resto del esqueleto. Además, el peso de las sucesivas capas de sedimento deformó parcialmente los huesos durante los millones de años que permanecieron enterrados.

Después de la extracción, los especialistas limpiaron, prepararon y sometieron el material a estudios anatómicos y tomográficos. Estas técnicas permitieron observar algunas estructuras internas y distinguir rasgos originales de las deformaciones producidas durante la fosilización.

El resultado fue el cráneo más completo conocido de la especie. Su conservación permitió incorporar nuevos caracteres a los análisis filogenéticos y situar a Kawanectes con mayor precisión dentro de los elasmosáuridos, la familia de plesiosaurios conocida por sus cuellos especialmente alargados.

La Patagonia y la Antártida compartían una misma historia marina

El análisis confirmó que Kawanectes lafquenianus pertenecía a Weddellonectia, un grupo de elasmosáuridos que habitó principalmente los mares australes durante el Cretácico.

Uno de sus parientes más cercanos es Vegasaurus molyi, encontrado en la isla Vega, frente a la península antártica. Según explican los investigadores del CONICET, la cercanía entre ambas especies refleja una conexión biogeográfica real entre la Patagonia y la Antártida occidental, que en aquel momento no estaban separadas por las mismas barreras oceánicas y climáticas actuales.

Entre aproximadamente 100 y 66 millones de años atrás, el sur de Sudamérica, la Antártida occidental y Nueva Zelanda formaban parte de una extensa región conocida como Provincia Biogeográfica Weddelliana. El Atlántico Sur era más estrecho, la Antártida todavía no estaba aislada por una corriente circumpolar y diferentes corredores marinos favorecían el desplazamiento de los animales entre esos territorios.

La presencia de especies estrechamente relacionadas en Chubut y la península antártica muestra que sus ecosistemas no evolucionaron por separado. Eran partes conectadas de una misma provincia marina, aunque hoy sus fósiles aparezcan en continentes distintos.

El hallazgo aclara dónde surgió su linaje, pero no toda la familia

La Patagonia acaba de recuperar el cráneo más completo conocido de Kawanectes lafquenianus. El fósil conecta los antiguos mares de Chubut con la Antártida y reconstruye el origen de un linaje de plesiosaurios australes
© CONICET Fotografía/Rayelen Baridon.

La nueva anatomía craneal también permitió aplicar modelos estadísticos de biogeografía histórica. Estos métodos combinan el parentesco entre las especies con la ubicación geográfica de sus fósiles para reconstruir posibles centros de origen y rutas de dispersión.

Aquí existe un matiz importante. El análisis no sostiene que todos los elasmosáuridos surgieran en la Patagonia. Según explica O’Gorman, la familia Elasmosauridae probablemente tuvo su origen en el Mar Interior Occidental, el enorme cuerpo de agua que dividía Norteamérica durante parte del Cretácico.

Lo que sí habría aparecido en el sur de Sudamérica es el grupo más específico de los weddellonectianos, al que pertenecía Kawanectes. Desde esta región, sus diferentes linajes pudieron expandirse hacia la Antártida, Nueva Zelanda y, posteriormente, otras zonas del planeta.

De acuerdo con el Museo de La Plata, esta interpretación convierte a la Patagonia en algo más que una región por la que pasaron estos animales. El territorio habría funcionado como uno de sus centros de diversificación durante las últimas etapas del Cretácico.

Una fotografía de los últimos ecosistemas antes de la extinción

La Formación La Colonia conserva sedimentos depositados muy cerca del final del Cretácico, antes de la extinción masiva que eliminó a los dinosaurios no avianos y a numerosos reptiles marinos.

En sus rocas han aparecido plesiosaurios, tortugas, serpientes, aves primitivas, mamíferos tempranos y diferentes dinosaurios. Tal como señala CONICET La Plata, esta combinación convierte al norte de Chubut en una ventana excepcional hacia la biodiversidad patagónica inmediatamente anterior al gran evento de extinción.

El nuevo fósil no representa una especie desconocida, pero completa una parte fundamental de una ya descrita. Gracias a su cráneo, los científicos pueden comprender mejor cómo era Kawanectes, con qué animales estaba emparentado y por qué sus parientes aparecen repartidos entre Sudamérica y la Antártida.

Más que el vestigio aislado de un reptil marino, MPEF-PV 12112 conserva la historia de un mundo conectado por antiguos mares. Un mundo que desapareció hace 66 millones de años, pero cuya geografía todavía puede reconstruirse a partir de los huesos enterrados bajo la Patagonia.

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