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Ciencia

Un planeta que vaga solo por el espacio está devorando materia a un ritmo récord. Cada segundo engulle miles de millones de toneladas como si fuera una estrella bebé

No orbita ninguna estrella y viaja solo por la galaxia, pero está creciendo como si acabara de nacer. Un planeta errante observado con el James Webb y el Very Large Telescope está devorando seis mil millones de toneladas de gas y polvo por segundo, el episodio de “hambre cósmica” más intenso jamás visto en un mundo de masa planetaria.
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En el imaginario popular, los planetas son cuerpos tranquilos que giran alrededor de una estrella y evolucionan despacio durante miles de millones de años. Pero el universo no siempre sigue ese guion. A unos 620 años luz de la Tierra, en la constelación austral del Camaleón, un planeta que vaga sin estrella acaba de romper todas las expectativas.

Se trata de Cha 1107-7626, un objeto con entre cinco y diez veces la masa de Júpiter que flota libre por el espacio interestelar. No pertenece a ningún sistema planetario y no recibe calor de ninguna estrella cercana. Aun así, los astrónomos han observado que está engullendo materia a un ritmo extremo: unos seis mil millones de toneladas de gas y polvo cada segundo.

En términos cósmicos, es un auténtico atracón.

Qué es un planeta errante y por qué cuesta tanto verlo

Un planeta que vaga solo por el espacio está devorando materia a un ritmo récord. Cada segundo engulle miles de millones de toneladas como si fuera una estrella bebé
© ESO/L. Calçada/M. Kornmesser.

Objetos como este se conocen como planetas errantes o de libre flotación. No orbitan estrellas, se mueven por la galaxia a su aire y emiten muy poca luz, lo que los convierte en uno de los tipos de mundos más difíciles de detectar.

Desde hace años, los astrónomos discuten su origen. ¿Son planetas gigantes expulsados violentamente de sistemas jóvenes? ¿O se forman más bien como estrellas en miniatura, por colapso directo de nubes de gas, pero sin llegar a encender reacciones nucleares?

Cha 1107-7626 es especialmente interesante porque es muy joven, apenas uno o dos millones de años. En escalas astronómicas, es prácticamente un recién nacido. Y está rodeado por un disco de gas y polvo que actúa como una despensa cósmica.

El estallido que nadie esperaba

El equipo internacional que firma el estudio, liderado por el astrónomo Víctor Almendros Abad, detectó que algo había cambiado cuando comparó observaciones recientes con datos anteriores. El brillo del planeta se había disparado.

Usando el espectrógrafo X-shooter del Very Large Telescope, los científicos midieron las líneas de emisión que delatan cómo el gas del disco cae sobre el planeta. El resultado fue sorprendente: la tasa de acreción se había multiplicado por ocho en cuestión de meses, alcanzando un récord absoluto para un objeto de masa planetaria.

Para hacerse una idea de la escala, cada segundo Cha 1107-7626 incorpora una cantidad de material comparable a la masa de un gran cometa. Y lo hace de forma sostenida.

Cuando un planeta se comporta como una estrella

Las observaciones se completaron con datos del telescopio espacial James Webb en el infrarrojo. Ahí apareció otra pista clave: señales claras de vapor de agua en el disco durante el estallido de acreción, algo que no se había visto antes en mundos de este tamaño.

Este comportamiento recuerda mucho al de las estrellas jóvenes de tipo T Tauri, que crecen a base de episodios violentos de acreción canalizados por campos magnéticos intensos. Según los autores, Cha 1107-7626 podría tener un campo magnético capaz de guiar el gas hacia regiones concretas de su superficie, creando puntos calientes brillantes.

En la práctica, por momentos se comporta menos como un planeta y más como una estrella bebé fallida.

Una frontera cada vez más borrosa

Este hallazgo vuelve a poner sobre la mesa una cuestión incómoda para la clasificación clásica. ¿Dónde acaba exactamente un planeta y empieza una estrella? Si un objeto de masa planetaria puede crecer mediante estallidos de acreción tan extremos y guiados por magnetismo, quizá su historia de formación sea más estelar de lo que pensábamos.

Para los modelos de formación planetaria, estos mundos errantes son laboratorios naturales. Ayudan a entender cómo nacen los gigantes gaseosos, cómo evolucionan los discos de gas y polvo y por qué algunos objetos acaban solos, vagando por la galaxia.

Mirando al futuro: más ojos para mundos solitarios

Cha 1107-7626 no será el último. Los próximos telescopios, como el Extremely Large Telescope que se está construyendo en Chile, permitirán estudiar con mucho más detalle estos objetos débiles y jóvenes. Cada nuevo planeta errante descubierto añadirá pistas sobre un proceso que todavía entendemos mal.

Mientras tanto, este mundo solitario sigue creciendo en silencio, lejos de cualquier estrella. En un universo donde todo parece estable y lento, nos recuerda que incluso los planetas pueden tener una infancia turbulenta.

Y que, a veces, los mayores atracones del cosmos ocurren en la más absoluta soledad.

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