La NASA avanza en una misión inédita para rescatar al telescopio espacial Swift, lanzado hace 22 años para detectar los estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes conocidas en el universo. El objetivo es evitar que el observatorio, valorado en unos 500 millones de dólares, reingrese de forma incontrolada a la atmósfera terrestre a finales de este año.
Para lograrlo, la agencia recurrió a la nave robótica LINK, construida por la empresa estadounidense Katalyst Space y lanzada el 3 de julio desde las Islas Marshall a bordo de un cohete Pegasus XL. Según confirmó la propia NASA, los equipos ya establecieron comunicación con la nave tras su lanzamiento y separación del cohete.
Shawn Domagal Goldman, director interino de la División de Astrofísica de la NASA, resumió la urgencia del desafío: como la órbita del Swift está decayendo con rapidez, la misión avanza contra reloj, aunque el uso de tecnologías comerciales ya en desarrollo permite afrontar el problema en un plazo mucho más corto de lo habitual.
El desafío de atrapar algo que no fue diseñado para ser atrapado
El mayor obstáculo de la misión no es tecnológico sino literal: el Swift no tiene asas ni puntos de anclaje, porque nunca se pensó que alguna nave debiera sujetarlo. LINK deberá aproximarse poco a poco, fotografiarlo para determinar por dónde tomarlo, y recién entonces intentar la captura con sus tres brazos robóticos.
La NASA calcula que ese acercamiento y la captura formarán un proceso lento y cuidadoso que puede extenderse durante cerca de un mes. Los controladores en tierra vienen probando durante semanas todos los sistemas de LINK antes de autorizar el acercamiento, ya que, a la velocidad a la que ambas naves se desplazan, cualquier fallo podría comprometer el rescate por completo.
Cómo será el rescate paso a paso
Una vez capturado el telescopio, la nave comenzará a empujarlo poco a poco hacia arriba, en una maniobra que se extenderá durante varios meses, con el objetivo de devolverlo cerca de la altura a la que fue lanzado originalmente. Después, LINK lo soltará y la NASA volverá a encender los instrumentos científicos del Swift, un proceso que demandará un mes o más hasta que el observatorio recupere toda su capacidad de trabajo.
Si la operación sale bien, será la primera vez que un robot construido por una empresa privada atrape un satélite no tripulado del gobierno de Estados Unidos que, además, jamás se pensó para recibir reparaciones en el espacio.
Por qué esto es más barato que reemplazar la misión
Domagal Goldman fue directo sobre la lógica económica detrás del proyecto: intentar elevar la órbita del Swift resulta más económico que reemplazar sus capacidades con una misión completamente nueva. La NASA encargó el rescate a Katalyst en 2025 y le dio apenas un año para construir, probar y lanzar la nave, además de completar toda la misión.
Un ensayo general para el futuro (y para el Hubble)
Tanto la NASA como Katalyst presentan la misión como una prueba de concepto para futuros servicios que permitan reparar y extender la vida útil de satélites sin necesidad de traerlos de vuelta a la Tierra. Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, señaló que la misión también busca demostrar la capacidad de pasar de la idea a la ejecución en menos de un año.
El telescopio espacial Hubble enfrenta un problema similar de pérdida gradual de altitud, ya que tampoco cuenta con motor propio. La NASA aclaró que por ahora no tiene planes de elevar su órbita, aunque reconoció que los resultados de la misión de LINK ayudarán a orientar las conversaciones sobre el futuro de otros telescopios espaciales de la agencia.