El Laboratorio Subterráneo ANDES (siglas de Agua Negra Deep Experiment Site) es un proyecto científico internacional que busca instalarse en el punto de mayor cobertura de roca del túnel binacional de Agua Negra, la obra vial que conectará la provincia argentina de San Juan con la región chilena de Coquimbo como parte del Corredor Bioceánico Central. Según describe el Instituto de Tecnologías en Detección y Astropartículas (ITeDA), responsable del proyecto por parte de la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina, ese punto ofrece más de 1.750 metros de roca por encima, la protección necesaria para blindar experimentos extremadamente sensibles frente a la radiación cósmica que baña constantemente la superficie terrestre.
El proyecto no es nuevo: viene desarrollándose desde hace más de una década, coordinado por el Consorcio Latinoamericano de Experimentos Subterráneos (CLES), con participación de científicos de Argentina, Chile, Brasil y México, y cuenta con financiamiento parcial del Banco Interamericano de Desarrollo. Si se concreta, será el segundo laboratorio subterráneo profundo de la historia del hemisferio sur, después de uno que funcionó entre 1994 y 2000 en Sierra Grande, Río Negro.
Por qué la profundidad es la clave de todo
El planeta recibe de forma constante rayos cósmicos, partículas de altísima energía provenientes de explosiones solares, supernovas y agujeros negros, que al chocar con la atmósfera generan lluvias de partículas secundarias sobre la superficie. Para la mayoría de los experimentos de física de partículas más sensibles, esa radiación de fondo resulta un problema serio: interfiere con la detección de señales extremadamente débiles.
Cuanto mayor es la profundidad bajo tierra, menor es la cantidad de rayos cósmicos capaz de atravesar la roca. Solo existe una docena de laboratorios subterráneos de este tipo en funcionamiento en el mundo, y todos están ubicados en el hemisferio norte, como el SNOLAB, en Canadá, o el Super-Kamiokande, en Japón. ANDES sería el primero de estas características en el hemisferio sur.
Qué buscan exactamente: materia oscura y neutrinos

El laboratorio contempla la construcción de tres grandes cavernas, con unos 4.000 metros cuadrados de superficie y alrededor de 60.000 metros cúbicos de volumen útil, destinadas principalmente a la búsqueda de materia oscura y al estudio de neutrinos. La materia oscura representaría aproximadamente el 85% de toda la materia del universo, pero no emite luz ni puede observarse con telescopios convencionales: su existencia se infiere únicamente por los efectos gravitacionales que produce sobre la materia visible, y su naturaleza exacta sigue siendo uno de los mayores enigmas abiertos de la física.
Los neutrinos, por su parte, son partículas subatómicas que atraviesan la Tierra constantemente casi sin interactuar con nada, y estudiarlos con precisión puede aportar información clave sobre procesos extremos del universo, desde explosiones estelares hasta el propio funcionamiento del Sol. Además de física de partículas, el ambiente de bajísima radiación de fondo del laboratorio permitiría desarrollar investigaciones en geofísica, sismología y biología del subsuelo, entre otras disciplinas.
Una obra con nombre grande y un calendario que se sigue moviendo
Conviene matizar algunas afirmaciones que suelen repetirse sobre este proyecto: el túnel de Agua Negra no parte a la Cordillera de los Andes a la mitad ni es una intervención geológica de esa escala, sino una obra de ingeniería vial de conexión binacional, con el laboratorio científico aprovechando su punto de mayor profundidad como emplazamiento ideal. La construcción del túnel, iniciada formalmente hace varios años, atravesó demoras y reformulaciones de cronograma, algo habitual en obras de esta envergadura y complejidad geológica, por lo que la fecha de apertura tanto del túnel como del propio laboratorio se fue moviendo con el correr de los años.
Xavier Bertou, físico argentino y uno de los coordinadores del proyecto, remarcó en distintas oportunidades que se trata de un laboratorio internacional abierto, pensado para funcionar de manera similar al CERN europeo, aunque a una escala mucho más modesta y con foco regional en Sudamérica.