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Una bolsa rota de la misión Apolo 11 causa la demanda más absurda contra la NASA

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La bolsa en cuestión
Foto: Sotheby’s

En 2017, Nancy Lee Carlson, una mujer de Illinois, subastó una auténtica bolsa para guardar muestras lunares de la misión Apolo 11 por 1,8 millones de dólares. Fue una buena venta teniendo en cuenta que había comprado la bolsa por 995 dólares, pero esperaba ganar $4 millones. La razón del bajo valor, dice, es que la NASA dañó la bolsa, así que ahora ha decidido demandar a la agencia espacial.

Este no es el primer encontronazo de Carlson con la NASA. Según informa Robert Pearlman, de CollectSPACE, es la segunda vez que demanda a la agencia; la primera fue por un error gracias al que ganó la posesión, o más bien la re-posesión, de la bolsa de muestras lunares que una vez sostuvo las rocas recolectadas en la luna por Neil Armstrong durante la misión del Apolo 11. Pearlman explica cómo Carlson llegó a estar en posesión del artefacto histórico, cómo la NASA tomó reposesión de él y cómo la mujer lo recuperó de nuevo:

Carlson compró inicialmente la “bolsa de transporte de muestras lunares” de 29 centímetros por $995 en febrero de 2015, en una subasta realizada en nombre del Servicio de Alguaciles de los Estados Unidos en Texas. No conocía la historia de la bolsa, solo que había sido confiscada por un curador del museo acusado de robar otros artefactos espaciales y que había volado en alguna misión Apolo. Carlson buscó la ayuda de Ryan Zeigler en el Centro Espacial Johnson, en Houston, para identificar la procedencia de la bolsa.

Después de estudiar las manchas de material dentro de la bolsa, un proceso que pudo romper la tela de la bolsa, Ziegler determinó que el rastro de polvo provenía de la Base Tranquilidad, el lugar de aterrizaje de la primera misión de aterrizaje del Apolo 11. La bolsa con cremallera había sido utilizada para prevenir la contaminación de una muestra lunar recogida por Neil Armstrong durante los primeros minutos de su caminata lunar de 1969.

Al no encontrar registro de que el artefacto había sido liberado de la propiedad de la NASA, Zieger, que representa a la agencia espacial, rechazó las repetidas solicitudes de devolución de la bolsa de Carlson.

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Cuando la agencia espacial se negó a devolver la bolsa, Carlson presentó dos demandas contra la NASA, una en Texas y otra en Kansas. En febrero de 2016, un juez de Kansas dictaminó que el gobierno de los Estados Unidos había vendido la bolsa por error en una subasta, y Carlson, una “compradora de buena fe”, se convirtió en “titular de la bolsa”. El 20 de julio de 2017, la bolsa se vendió en una subasta de Sotheby’s por $1.812.500, pero Sotheby’s esperaba que la bolsa se vendiera por entre 2 y 4 millones de dólares.

La nueva demanda de Carlson alega que la NASA dañó la bolsa mientras estaba en su posesión, lo que dio como resultado un valor de mercado “reducido”, según los documentos judiciales presentados contra el gobierno de los Estados Unidos, la NASA y el curador de objetos del Apolo 11, Ryan Ziegler, el 18 de enero. Según lo informado por CollectSPACE, el incidente supuestamente causó “humillación, vergüenza, estrés emocional y ansiedad” para Carlson, quien, además de buscar una recompensa económica por la pérdida de ingresos y sus gastos legales, está buscando una cantidad “justa” para compensar su sufrimiento emocional.

No conforme con eso, la demanda solicita la devolución del material lunar que había quedado “enredado” en las fibras de la bolsa. O eso, o el “valor de las muestras eliminadas”, según los documentos judiciales.

Este es un caso extraordinario en varios niveles. Que un ciudadano privado haya podido acceder accidentalmente a un artículo tan precioso es una revelación sorprendente por sí misma, pero la segunda demanda, en la que Carlson acusa a la NASA de dañar su propiedad, es igualmente sorprendente. Además, teniendo en cuenta que Carlson se embolsó casi $2 millones por una reliquia histórica que podría decirse que no le pertenece, y que en su lugar pertenece al erario público, su búsqueda de aún más dinero es de mal gusto.

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Dicho esto, el juez en este caso tendrá las manos llenas. La cuestión de quién posee el material lunar “enredado” en la bolsa será particularmente desafiante, y recuerda un poco a un caso actual en el que una mujer reclama la propiedad de un frasco de polvo lunar que le dio Neil Armstrong. A la NASA, comprensiblemente, no le gusta separarse de sus materiales lunares, pero como ya se ha demostrado, no siempre tiene el control de sus propias cosas.

[CollectSPACE]

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