En el sur de Chicago, donde durante décadas funcionó una enorme planta siderúrgica, las excavadoras ya preparan el terreno para una máquina que todavía no existe. PsiQuantum quiere instalar allí un ordenador cuántico con alrededor de un millón de qubits físicos, diseñado para corregir sus propios errores y completar cálculos con valor industrial.
La propuesta resulta extraña incluso para los estándares de la computación cuántica. En lugar de almacenar la información en circuitos superconductores, iones o átomos, la empresa pretende hacerlo con fotones: partículas individuales de luz que viajarán por diminutos canales grabados dentro de chips.
PsiQuantum inició en septiembre de 2025 las obras de su complejo en el Illinois Quantum and Microelectronics Park. La primera fase no albergará inmediatamente el ordenador definitivo, sino un sistema intermedio destinado a comprobar que su arquitectura puede escalar. Solo después llegarían las instalaciones adicionales y la máquina de un millón de qubits que la compañía promete desplegar en Estados Unidos.
Los fotones son qubits excelentes hasta que intentas hacerlos trabajar juntos

Utilizar luz tiene una ventaja evidente. Los fotones son poco sensibles al calor y a las interferencias electromagnéticas, dos de los grandes enemigos de los ordenadores cuánticos. También pueden desplazarse por fibra óptica y conservar su información mientras conectan chips situados en módulos diferentes.
El problema es precisamente aquello que los vuelve tan resistentes: apenas interactúan entre ellos. Dos fotones pueden cruzarse sin notar la presencia del otro, pero un ordenador cuántico necesita relacionar sus qubits para ejecutar operaciones y generar entrelazamiento.
La arquitectura de PsiQuantum intenta resolverlo mediante operaciones conocidas como “fusiones”. En lugar de obligar a los fotones a chocar directamente, el sistema los divide, combina y mide utilizando interferómetros, detectores y conmutadores ópticos. El resultado de esas mediciones permite construir estructuras entrelazadas sobre las que se aplican los códigos de corrección de errores.
Nada de esto es determinista. Las fuentes no siempre producen un fotón cuando se necesita y algunas operaciones pueden fallar. Por eso la empresa recurre a la multiplexación (preparar muchas alternativas y escoger la que funciona) y a códigos capaces de tolerar la pérdida de partículas.
Es una solución elegante, pero también explica por qué PsiQuantum habla de un millón de qubits físicos. Solo una fracción terminaría formando los qubits lógicos estables que ejecutarían cálculos útiles. El resto sería necesario para detectar y corregir errores sin destruir la información cuántica durante el proceso.
La estrategia no consiste en fabricar un chip perfecto, sino miles de ellos

PsiQuantum no pretende introducir toda la máquina dentro de un único procesador gigantesco. Su diseño distribuye los fotones entre miles de paquetes conectados mediante fibra óptica, organizados en armarios similares a los de un centro de datos.
Los chips se fabrican junto a GlobalFoundries en obleas comerciales de 300 milímetros, utilizando procesos derivados de la industria de las telecomunicaciones. Cada uno integra fuentes de fotones, interferómetros y detectores superconductores. Después, varios módulos pueden enlazarse con fibra convencional para ampliar el sistema sin depender de una única pieza de silicio.
Uno de sus componentes más importantes es el titanato de bario, o BTO, un material electroóptico que permite modificar rápidamente el camino de la luz. PsiQuantum fabrica obleas de BTO en California y posteriormente las combina con las producidas por GlobalFoundries. Sin esos conmutadores rápidos y con pocas pérdidas, seleccionar los fotones adecuados entre miles de operaciones probabilísticas sería prácticamente imposible.
La fotónica tampoco elimina por completo la refrigeración. Los detectores superconductores todavía deben funcionar a temperaturas criogénicas. Sin embargo, la empresa sostiene que puede utilizar armarios modulares enfriados con helio líquido, en lugar de depender de las estructuras colgantes y extremadamente frías que se han convertido en la imagen habitual de los ordenadores cuánticos.
Ahí se encuentra la verdadera apuesta de PsiQuantum: aprovechar una industria que ya sabe producir millones de chips ópticos, en lugar de inventar desde cero una fábrica capaz de manipular qubits exóticos.
Chicago todavía no tiene el ordenador, pero ya está construyendo la prueba decisiva

El proyecto cuenta con un respaldo económico difícil de ignorar. Illinois destinó 500 millones de dólares al desarrollo del parque cuántico, mientras que PsiQuantum anunció en 2025 una ronda de financiación superior a 1.000 millones. En mayo de 2026, además, la empresa firmó una carta de intención con el Departamento de Comercio estadounidense para recibir hasta 100 millones de dólares en incentivos propuestos bajo la CHIPS and Science Act. No se trata todavía de una ayuda completamente ejecutada, sino de un acuerdo sujeto a las condiciones finales.
Pero disponer de dinero, terreno y chips no demuestra que la máquina vaya a funcionar. DARPA está evaluando precisamente esa cuestión. PsiQuantum alcanzó la fase final del programa US2QC, equivalente a la etapa en la que los especialistas del Gobierno estadounidense deben verificar si el sistema puede construirse y operar como promete la compañía. La agencia quiere saber si algún enfoque cuántico podrá ofrecer más valor computacional que su coste hacia 2033.
Esa evaluación introduce una dosis necesaria de cautela. PsiQuantum ha demostrado componentes, fabricación de chips y conexiones ópticas, pero todavía no ha reunido todo en un ordenador tolerante a fallos de escala útil. El edificio de Chicago será primero un laboratorio gigantesco donde comprobar si miles de piezas pueden funcionar como una sola.
Quizá la idea fracase por las pérdidas de fotones, la complejidad de los detectores o la cantidad descomunal de hardware necesario. Pero, si funciona, el primer ordenador cuántico realmente útil podría parecerse menos a una lámpara dorada colgada de un laboratorio y más a un centro de datos por cuyo interior circula luz.