Durante buena parte de la carrera por la inteligencia artificial, el cuello de botella parecía bastante claro: conseguir suficientes GPU. Ahora las empresas están descubriendo otro problema mucho más físico. Puedes tener todos los chips que quieras, pero todavía necesitas encontrar electricidad para encenderlos.
Elon Musk pretende expandir agresivamente la infraestructura de computación vinculada a SpaceX y xAI. Sus objetivos públicos apuntan a terminar 2027 con una capacidad más cerca de 10 GW que de 5 GW, frente a aproximadamente 1,4 GW de infraestructura actual.
Hay un inconveniente: el boom de centros de datos ha provocado una carrera simultánea por las centrales capaces de alimentarlos. Las grandes turbinas de gas, una de las soluciones más rápidas para generar electricidad de manera continua, tienen listas de espera que se extienden hasta finales de esta década.
Musk ha decidido responder de una manera muy SpaceX: fabricar una parte del problema él mismo.
SpaceX está preparando una fábrica para algo que prácticamente nadie quiere fabricar desde cero

The Information reveló que SpaceX estaba sentando las bases de una nueva fundición de álabes y paletas para turbinas en Bastrop, Texas, donde la compañía ya fabrica equipamiento de Starlink. Las ofertas de empleo de la empresa describían directamente la construcción y puesta en marcha de una nueva planta dedicada a esos componentes. Musk confirmó posteriormente el plan.
Su objetivo no es, al menos inicialmente, fabricar desde cero toda una turbina eléctrica. Quiere internalizar algunos de los componentes que están estrangulando su cadena de suministro.
Según Musk, realizar la fundición dentro de SpaceX podría permitir que las turbinas de gas entren en funcionamiento hasta 18 meses antes. También reconoce que la energía solar seguirá expandiéndose, pero considera que el gas natural será necesario durante varios años para complementar esa generación mientras crece la infraestructura de IA.
La urgencia se entiende mirando a los fabricantes. GE Vernova cerró junio con 116 GW de turbinas de gas contratadas o con espacios de fabricación reservados y espera superar 125 GW antes de terminar 2026. La empresa está elevando su capacidad anual desde 20 GW hasta 24 GW en 2028 y pretende alcanzar 30 GW en 2030.
Siemens Energy tampoco da abasto: solo en su primer trimestre fiscal de 2026 recibió pedidos para 102 turbinas de gas, su mejor trimestre hasta entonces. En el sector, buena parte de los espacios de fabricación de grandes equipos ya están comprometidos hasta 2030 e incluso comienzan a reservarse entregas para 2031.
Un álabe parece una pieza de metal. Fabricarlo bien es extraordinariamente difícil

Ahí está la parte complicada del plan. Los álabes trabajan en uno de los ambientes más hostiles de cualquier máquina industrial: deben soportar temperaturas extremas, enormes fuerzas centrífugas y miles de revoluciones mientras permanecen dimensionalmente estables.
En las turbinas más avanzadas pueden fabricarse con superaleaciones de níquel convertidas prácticamente en un único cristal, evitando límites entre granos que podrían convertirse en puntos débiles. Para producirlos se emplean moldes de cera, hornos de vacío y procesos de fundición extremadamente controlados. Un defecto microscópico puede obligar a desechar toda la pieza.
Por eso existe un grupo tan pequeño de proveedores especializados. Howmet Aerospace y Precision Castparts dominan buena parte del mercado de estos componentes, mientras GE Vernova, Siemens Energy y Mitsubishi Heavy Industries concentran gran parte del suministro de las grandes turbinas terminadas.
Los analistas consultados por The Wall Street Journal incluso advierten que levantar una fundición competitiva desde cero podría requerir varios años, de modo que los 18 meses que Musk espera ahorrar no están garantizados.
La IA está convirtiendo las centrales eléctricas en el nuevo hardware imprescindible
SpaceX tampoco es la única que se ha encontrado con este muro. El consumo eléctrico estadounidense alcanzará nuevos récords en 2026 y 2027, según las últimas previsiones de la Administración de Información Energética de EE.UU., impulsado entre otros factores por el crecimiento de los centros de datos. La demanda pasaría de 4,195 billones de kWh en 2025 a unos 4,349 billones en 2027.
La escasez de turbinas ya está teniendo otra consecuencia inesperada: algunos desarrolladores están acelerando proyectos de solar más baterías porque pueden construirse antes que una central de gas que tenga que esperar varios años por su maquinaria.
Para Musk, sin embargo, esperar no encaja demasiado con un plan que quiere sumar varios gigavatios en poco más de un año. El resultado es una ironía bastante representativa de la actual carrera de la IA: después de gastar miles de millones en fabricar algunos de los ordenadores más sofisticados jamás construidos, una de las grandes limitaciones para hacerlos funcionar ha terminado siendo conseguir a tiempo unas piezas metálicas que giran dentro de una turbina.