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Tecnología

China y Corea del Sur llevan los láseres antidrones al campo de batalla sobre vehículos blindados

Corea del Sur presentó un blindado equipado con un láser de 50 kilovatios para derribar drones, mientras que en China aparecieron imágenes de una variante del Type 19 con una tecnología similar. Ambos desarrollos muestran cómo las armas de energía dirigida empiezan a transformarse en sistemas móviles capaces de acompañar a las tropas.
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Los drones pequeños y baratos se han convertido en una de las amenazas más difíciles de gestionar en los conflictos actuales. Pueden utilizarse para reconocimiento, corrección de artillería o ataques directos y, sobre todo, desplegarse en grandes cantidades por una fracción del precio de un misil antiaéreo.

Ese desequilibrio económico está empujando a distintas potencias a buscar alternativas. Y dos de los ejemplos más recientes llegan desde Corea del Sur y China, que han mostrado vehículos blindados equipados con sistemas láser específicamente pensados para combatir drones.

La principal promesa de estas armas es sencilla: mientras un misil desaparece después de cada disparo, un láser puede volver a utilizarse mientras disponga de energía y refrigeración.

Corea del Sur monta un láser de 50 kW sobre un blindado

La novedad surcoreana fue presentada durante MSPO 2026, la feria internacional de defensa celebrada en Kielce, Polonia. Hanwha Systems mostró allí su nuevo Laser Armored Vehicle, construido sobre la plataforma blindada 8×8 Tigon y equipado con un arma láser de 50 kilovatios.

La empresa afirma que ya dispone de un prototipo y plantea iniciar su producción en serie hacia finales de 2027. También mantiene conversaciones sobre posibles exportaciones a Europa, Asia y Oriente Medio.

El sistema deriva del Cheongwang, un arma láser empleada desde 2024 para proteger instalaciones estratégicas surcoreanas. La diferencia fundamental es que ahora esa capacidad se instala sobre un vehículo capaz de desplazarse junto a columnas mecanizadas, posiciones de artillería u otras unidades terrestres. Eso permitiría proporcionar defensa antidrones sin depender únicamente de instalaciones fijas.

Un disparo puede costar apenas unos dólares en energía

Una de las grandes ventajas de estas armas es el coste marginal de cada uso.

Según los datos difundidos sobre el Cheongwang, la energía necesaria para efectuar una interceptación ronda los 2.000 wones surcoreanos, aproximadamente 1,5 dólares.

Esa cifra no representa el coste completo de funcionamiento. Hay que sumar mantenimiento, generación eléctrica, sensores y sistemas de refrigeración. Aun así, la diferencia respecto a utilizar un misil antiaéreo de miles o incluso cientos de miles de dólares contra un pequeño dron resulta evidente.

China prueba una solución similar sobre el Type 19

Casi simultáneamente, comenzaron a circular imágenes de una nueva variante china basada aparentemente en el blindado 8×8 Type 19.

El vehículo muestra una torre no tripulada con un cañón automático de 30 milímetros y lo que diferentes análisis identifican como un sistema láser C-UAS destinado a neutralizar drones. También incorpora sensores electroópticos para localizar y seguir objetivos, equipos de visión diurna y nocturna, telémetro láser y una mira panorámica instalada sobre la torre.

China, sin embargo, no ha presentado oficialmente esta configuración ni revelado sus prestaciones, por lo que se desconoce si se trata de un prototipo, un demostrador tecnológico o una versión destinada a incorporarse al Ejército Popular de Liberación.

Tampoco hay datos confirmados sobre potencia, alcance o tiempo necesario para inutilizar un objetivo.

Los láseres no pueden hacerlo todo

Aunque resultan atractivos por su bajo coste de uso, los sistemas de energía dirigida presentan importantes limitaciones.

Necesitan mantener línea de visión directa con el objetivo y concentrar el haz durante cierto tiempo sobre una zona concreta del dron. Además, lluvia, niebla, humo, polvo y otras condiciones atmosféricas pueden dispersar o absorber parte de la energía y reducir su efectividad.

Por eso no están llamados a sustituir completamente a misiles y cañones. La tendencia apunta más bien hacia una defensa por capas: guerra electrónica para interferir determinados drones, láseres y cañones para amenazas cercanas y numerosas, y misiles reservados para blancos rápidos, lejanos o de mayor tamaño.

La aparición de estos blindados muestra así un cambio importante: los láseres empiezan a abandonar las instalaciones experimentales y las posiciones fijas para convertirse en armas móviles capaces de seguir a las tropas sobre el terreno.

Fuente: EspacioTech.

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