La mitología griega está llena de relatos de bestialidad, como Zeus convirtiéndose en cisne para seducir a Leda, o Poseidón maldiciendo a Pasífae para que se enamorara de un toro. Sin embargo, un nuevo hallazgo en Israel reveló un artefacto que muestra un acercamiento humano-animal miles de años anterior a la Odisea.
Arqueólogos en el norte de Israel encontraron una figurilla de arcilla de 12.000 años que muestra a una mujer con un ganso sobre la espalda y la identificaron como la representación más antigua conocida de interacción entre humanos y animales, arrojando luz sobre el desarrollo de la expresión artística y espiritual prehistórica.
“Este descubrimiento es extraordinario en múltiples niveles”, señaló Laurent Davin, autor principal del estudio publicado ayer en PNAS y arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en un comunicado universitario. “No solo es la figurilla más antigua del mundo que muestra interacción entre humanos y animales, sino también la representación naturalista más antigua de una mujer encontrada en el suroeste de Asia”.
Sexo natufiense
La figurilla salió a la luz en una estructura semicircular de piedra con entierros y depósitos ceremoniales perteneciente a un asentamiento del periodo Natufiense tardío, de unos 12.000 años de antigüedad. La cultura natufiense fue una cultura prehistórica mesopotámica activa entre aproximadamente 11.000 y 9.000 a. C., en la que los gansos tenían un valor simbólico y práctico: formaban parte de su dieta.

La figura mide 3,7 centímetros de alto, fue modelada con arcilla local y horneada a unos 400 grados Celsius, lo que indica que esta comunidad prehistórica dominaba tecnologías tempranas de pirotecnia. Davin y sus colegas hallaron rastros de pigmento rojo y una huella digital que probablemente pertenecía a una artesana joven o adulta. El artefacto muestra a una mujer en cuclillas con un ganso en la espalda, y el uso de luces y sombras aporta profundidad y perspectiva a la mini escultura. Si bien podría representar a una cazadora cargando un ganso capturado, la postura del animal indica que está vivo y soportando su propio peso.
“La inclinación hacia adelante de la mujer tampoco coincide con el transporte de una presa de menos de 5 kg. Dado que un ganso salvaje no adoptaría de forma natural esta postura sobre la espalda de un humano, esta representación parece retratar una realidad imaginada más que objetiva”, escribieron los investigadores. “Por el contrario, la postura del ave es una representación naturalista precisa de un ganso macho durante el apareamiento, montando la espalda de la hembra en cuclillas”, añadieron.
Importancia espiritual y ritual
El equipo teoriza que la escena representa una dinámica imaginada o mitológica que coincide con creencias animistas, según las cuales humanos y animales están espiritualmente conectados. De hecho, restos animales del sitio arqueológico indican que los habitantes usaban plumas de ganso como decoración y fabricaban ornamentos con algunos de sus huesos, lo que refuerza su importancia ritual.
Además, “la figurilla NEG II captura un momento transformador”, señaló Leore Grosman, coautora del estudio y arqueóloga de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Conecta el mundo de los cazadores-recolectores nómadas con el de las primeras comunidades asentadas, mostrando cómo la imaginación y el pensamiento simbólico empezaron a moldear la cultura humana”.
Esperemos que el mito natufiense haya tenido un final menos catastrófico que el de algunas parejas humano-animal de la antigua Grecia… ejem, el minotauro y Helena de Troya.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Lucas Handley. Aquí podrás encontrar la versión original.