Hasta hace veinte años el consenso científico era que no había evidencia de que ninguna civilización humana hubiera ocupado el Amazonas antes de que llegaran los conquistadores españoles y portugueses que cambiaron para siempre la vida y la política de América del sur. Sin embargo, ahora al escanear con láseres aéreos los casi 4.500 kilómetros cuadrados de las selvas del oeste de Brasil, se reescribe la historia humana del Amazonas precolombino.
El equipo encabezado por el arqueólogo Martti Pärssinen de la Universidad de Helsinki, Finlandia, ha descubierto más de 400 monumentos, sitios ceremoniales y caminos ocultos bajo la densa vegetación de la selva brasileña. Son construcciones de tierra y están bien preservadas. Lo increíble es que los investigadores extrapolan los aproximadamente 400 sitios confirmados a lo que calculan son 20.000 a 30.000 estructuras similares en la región. Pärssinen y sus colegas creen que es evidencia de que hubo una civilización multicultural e interconectada que era próspera y habitó la región del Amazonas entre los años 600 a.C. y 850 d.C, una población de millones de personas que alteró drásticamente el ecosistema de la selva.
Los llaman Aquiry, por el nombre con el que los indígenas iñapari conocen el río Acre, tributario del río Amazonas y que fluye a lo largo de los cientos de antiguos sitios.
“La investigación muestra que el impacto humano en el entorno del Amazonas ha sido mucho mayor de lo que se pensaba”, dijo Pärssinen en declaraciones a la prensa. “Y eso tiene implicaciones directas sobre lo que entendemos de la historia biocultural de la región”.
Etiquetando con láser
Pärssinen y su equipo utilizaron una herramienta de mapeo aéreo que se llama lidar (laser imaging, detection and ranging”, para trazar el mapa de las antiguas estructuras de los Aquiry. Su parecido al acrónimo radar, más antiguo, indica que los rayos láser del lidar echan luz sobre una superficie y de allí se derivan las mediciones por cómo rebota la luz. En los últimos años los escaneos lidar, seguros y no invasivos, han servido para que los arqueólogos descubrieran sitios del imperio Khmer en junglas de Camboya y también una antigua ciudad maya en una reserva nacional de México.
“Volamos unos 450 km a lo largo trazando intersecciones y mapeando una franja de un kilómetro de ancho por cada diez kilómetros”, explicó el profesor de sensores remotos y fotogrametría Juha Hyyppä del Instituto de Investigaciones Geoespaciales de Finlandia.
“Eso nos permitió cubrir un área continua tan grande como nos fue posible”, según Hyyppä, quien se encargó de este aspecto del nuevo estudio publicado el miércoles en Nature.

El mapeo con lidar detectó grandes formas geométricas conocidas como geoglifos, y caminos rectos que en ocasiones las conectaban. Los geoglifos llegaban a ser bastante complejos, a veces en forma de pentagramas y octógonos o círculos inscritos en cuadrados precisos, según el coautor Alceu Ranzi, geógrafo de la Universidad de Acre.
“Al mismo tiempo que Pitágoras presentaba su teorema en la antigua Grecia, aquí en la Amazonia había gente que hacía geometría”, le dijo Ranzi a Science.
Una nación de millones de habitantes
Los rastros de carbón que se hallaron en algunos de estos geoglifos en expediciones terrestres iniciales ayudaron a los arqueólogos a datar por radiocarbono las estructuras construidas con tierra, indicando que tenían unos 2.500 años, según Ranzi. Ese trabajo también sirvió para que el equipo calculara qué población comprendía a los Aquiry, y estimaron que serían entre 1,25 y 3 millones de personas, habitando un 3% del terreno del Amazonas que cubre unos 183.000 kilómetros cuadrados.
Heiko Prümers, investigador del Instituto Arqueológico Alemán que también ha investigado antiguos asentamientos humanos en el Amazonas para su propio trabajo, expresó cautela ante estos cálculos increíbles. Prümers le dijo a Scientific American que la recurrencia de estos geoglifos en cientos de sitios probablemente fuera consecuencia de “frecuentes reubicaciones” de los Aquiry, en lugar de ser evidencia de tal densidad poblacional. De hecho, será interesante saber qué dirán otros arqueólogos en los próximos meses y años respecto de las extraordinarias afirmaciones que presenta este trabajo reciente.
Si están en lo correcto, en cambio, los cálculos implicarían que hubo decenas de millones de personas que habitaron la selva que se creía casi virgen e intocable. Pärssinen y sus coautores, en cambio, han encontrado evidencia de que los Aquiry dejaron una marca profunda en el ecosistema del Amazonas.
La horticultura de los Aquiry y la gestión de los bosques se enfocaba en el cultivo de una variedad de especies de árboles ricos en proteínas, específicos de la región, como la nuez de Brasil y la palmera de donde se obtienen palmitos, además de palmeras frutales como bacaba y uricuri. El examen de los depósitos minerales microscópicos que han quedado de las plantas, o fitolitos, también sugiere que los Aquiry cultivaban maíz y calabazas.
“Nuestros hallazgos contradicen lo que conocíamos de la región del Amazonas y su pasado”, según Pärssinen, que además dijo que los cambios humanos que provocaron en el antiguo Amazonas podrían obligar a la ciencia a repensar el impacto humano moderno en las selvas.
“La civilización afectó también la producción de carbono y su equilibrio en el Amazonas antiguo, que habrá que tomar en cuenta en futuros modelos climáticos”, afirmó.