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Verde por fuera, tóxico por dentro: el antiguo embalse de Kajovka esconde 83.000 toneladas de metales pesados

Tres años después de la destrucción de la presa de Kajovka, el antiguo embalse se está cubriendo rápidamente de sauces y nueva vegetación. Pero bajo ese sorprendente renacimiento permanece una amenaza mucho menos visible: unas 83.300 toneladas de metales pesados acumulados durante décadas en los sedimentos ahora expuestos.
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Cuando la presa de Kajovka, en Ucrania, quedó destruida en junio de 2023, 16,4 kilómetros cúbicos de agua escaparon hacia el Dniéper y posteriormente al mar Negro. La inundación afectó a unas 110.000 personas y 60.000 edificios, además de alterar de golpe uno de los mayores sistemas acuáticos de la región.

Tres años después, el paisaje ofrece una imagen casi contradictoria. Allí donde antes había un gigantesco embalse están creciendo sauces, álamos y otras plantas. La naturaleza está regresando con una velocidad extraordinaria.

El problema es lo que permanece debajo.

Décadas de contaminación quedaron expuestas de golpe

El embalse había funcionado desde mediados del siglo XX como una enorme trampa para sedimentos.

Durante décadas, entre 1,3 y 1,7 kilómetros cúbicos de limo se acumularon en su fondo, recogiendo contaminantes procedentes de áreas industriales y agrícolas situadas a lo largo de la cuenca del Dniéper. Cuando el agua desapareció, aproximadamente 1.944 kilómetros cuadrados de fondo quedaron expuestos al aire.

Un estudio internacional liderado por el Instituto Leibniz de Ecología de Aguas Dulces y Pesca Continental y publicado en Science calculó que esos sedimentos contienen unas 83.300 toneladas de metales pesados tóxicos, incluidos plomo, cadmio y níquel.

Los investigadores describen esta contaminación como una amenaza a largo plazo.

Menos del 1% se ha movilizado: ahí está precisamente el problema

La destrucción inicial no arrastró todos esos sedimentos río abajo. Según los cálculos del equipo, menos del 1% del material acumulado habría sido movilizado durante el vaciado del embalse. Eso significa que la mayor parte continúa allí.

Las lluvias, la escorrentía y las futuras inundaciones estacionales pueden erosionarlo progresivamente y transportar contaminantes hacia el río y hacia terrenos que vuelvan a quedar temporalmente cubiertos por agua.

Los metales pesados además no desaparecen como lo haría un contaminante biodegradable. Pueden incorporarse a organismos y avanzar posteriormente por las redes alimentarias.

Mientras tanto, está naciendo un bosque a una velocidad enorme

La otra cara de la historia resulta sorprendentemente optimista.

El vaciado del embalse coincidió con la época en que sauces y álamos dispersaban sus semillas. Cuando el agua retrocedió, esas semillas quedaron atrapadas en las grietas de los nuevos sedimentos expuestos. En apenas tres meses, aproximadamente el 18% del antiguo fondo ya estaba cubierto por vegetación pionera.

Los modelos del estudio estiman que en cinco años podría recuperarse una vegetación de llanura de inundación equivalente aproximadamente al 80% de la que tendría un ecosistema fluvial sin presa. Es una recuperación ecológica extraordinariamente rápida, pero no elimina la contaminación enterrada debajo.

La solución podría requerir barreras de decenas de kilómetros

Los investigadores plantean separar las zonas más contaminadas del cauce principal mediante dos barreras temporales de aproximadamente 15 kilómetros cada una, reduciendo así la posibilidad de que los sedimentos alcancen nuevamente el río.

El estudio también demuestra algo que va mucho más allá de Ucrania: destruir una gran presa no termina cuando baja el agua.

Un embalse puede almacenar durante décadas no solo agua, sino también la contaminación producida río arriba. Al desaparecer repentinamente, todo ese archivo químico vuelve a formar parte del paisaje.

Kajovka muestra así dos procesos avanzando simultáneamente: sobre la superficie, un ecosistema que intenta reconstruirse a velocidad sorprendente; debajo, decenas de miles de toneladas de contaminación esperando una nueva inundación capaz de volver a movilizarlas.

Fuente: Xataka.

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