La computación cuántica dejó de ser solo una promesa de cálculo. También se convirtió en una pregunta de seguridad nacional. Si algún día existen ordenadores cuánticos suficientemente potentes y estables, una parte importante del cifrado que protege bancos, gobiernos, empresas, historiales médicos, correos electrónicos y comercio digital podría quedar expuesta.
En ese contexto aparece Origin Wukong. Según Global Times, la serie china de ordenadores cuánticos superconductores desarrollada en Anhui superó el millón de tareas globales de computación cuántica, con más de 49 millones de visitas remotas procedentes de 192 países y regiones. La novedad no está solo en el uso acumulado: el sistema ahora integra un marco de criptografía poscuántica y se presenta como una plataforma con doble capacidad, de cálculo y de seguridad.
Origin Wukong no es una sola máquina: es una plataforma cuántica accesible en remoto
El nombre puede sonar a un ordenador concreto encerrado en un laboratorio, pero Origin Wukong funciona también como una infraestructura de acceso remoto. La Academia China de Ciencias informó en 2024 que Origin Wukong entró en operación como un ordenador cuántico superconductor de tercera generación, equipado con un chip de 72 cúbits funcionales y 126 acopladores.
Ese detalle importa porque China quiere mostrar algo más que un prototipo académico. Quiere presentar una plataforma operativa, conectada a usuarios externos y capaz de ejecutar tareas de computación cuántica de forma estable. Global Times afirma que Origin Wukong lleva más de dos años funcionando y que sus cifras de uso demostrarían la madurez de la arquitectura.
La nueva capa defensiva se llama criptografía poscuántica
Lo novedoso es la integración de criptografía poscuántica, o PQC por sus siglas en inglés. Según NIST, la criptografía poscuántica se basa en algoritmos diseñados para resistir ataques tanto de ordenadores clásicos como de futuros ordenadores cuánticos capaces de romper métodos actuales. NIST ya publicó tres estándares finalizados y recomienda que las organizaciones empiecen la migración cuanto antes.
Global Times asegura que Origin Wukong incorporó en 2024 un módulo llamado Origin Rock, descrito como un “escudo” contra ataques cuánticos y clásicos. El medio también habla de un modelo temprano de “lanza y escudo”, o de “ataque y defensa”, combinando servicios de computación cuántica con medidas defensivas de seguridad.
“Ataque y defensa” no significa que China ya pueda romper el cifrado mundial

El matiz es clave. La frase suena agresiva, pero no significa que Origin Wukong sea hoy una máquina capaz de quebrar RSA, ECC o el cifrado que sostiene internet. Los ordenadores cuánticos actuales todavía están lejos de ser sistemas tolerantes a fallos de gran escala.
IBM lo explica de forma clara: los cúbits son extremadamente sensibles al entorno, sufren ruido y decoherencia, y la computación cuántica tolerante a fallos solo será realmente útil cuando pueda ejecutarse a gran escala, con circuitos de cientos de millones de operaciones lógicas sobre muchos cúbits.
Es decir: la amenaza criptográfica no viene de los equipos cuánticos disponibles hoy, sino de los que podrían existir más adelante. Por eso la parte defensiva es tan importante.
El riesgo ya tiene nombre: guardar datos hoy para descifrarlos mañana
NIST define uno de los peligros centrales con una fórmula incómoda: harvest now, decrypt later. La idea es simple: un atacante puede capturar datos cifrados ahora, almacenarlos durante años y esperar a que una computadora cuántica futura pueda romper ese cifrado.
Ese riesgo convierte la migración poscuántica en una carrera contra el tiempo. No basta con esperar a que aparezca una máquina cuántica capaz de romper los sistemas actuales. Para entonces, muchos datos sensibles ya podrían estar capturados. Por eso NIST insiste en que la transición debe empezar ahora, aunque la amenaza completa todavía no haya llegado.
China quiere sus propios estándares, no solo adoptar los de otros
La noticia de Origin Wukong encaja con una estrategia más amplia. Reuters informó en marzo que China podría desarrollar estándares nacionales de criptografía poscuántica en un plazo de tres años, impulsada por financiación, prioridades industriales y una apuesta por tecnologías estratégicas como la computación cuántica.
Ese punto es tan importante como el hardware. En el mundo poscuántico no se compite solo por tener mejores procesadores, sino también por definir qué algoritmos protegerán la infraestructura digital, qué estándares adoptarán los bancos, qué sistemas usarán las administraciones públicas y qué países dependerán de tecnología extranjera para asegurar sus datos.
La carrera cuántica ya no va solo de quién calcula más rápido
Origin Wukong no demuestra que China haya resuelto la computación cuántica escalable. Tampoco prueba que sus sistemas poscuánticos sean superiores a los estándares internacionales. Pero sí muestra hacia dónde se está moviendo la carrera: de la demostración científica al control de plataformas, estándares, software, seguridad e infraestructura.
La parte más interesante de esta historia no es que China tenga un ordenador cuántico remoto con muchas visitas. Es que lo está integrando en un relato de soberanía tecnológica. Primero, potencia de cálculo. Después, protección criptográfica. Y en el medio, una idea cada vez más clara: el futuro cuántico no se decidirá solo en los laboratorios, sino también en los sistemas que protegen la información antes de que esa amenaza sea real.