El Laboratorio de Campo de Santa Susana (SSFL), ubicado en el condado de Ventura, California, es considerado uno de los sitios más contaminados del estado. Durante sus casi 60 años de actividad, este complejo dedicado a la investigación nuclear y a las pruebas de motores de cohetes sufrió varios accidentes. El más grave ocurrió en 1959, cuando uno de sus reactores experimentó una fusión parcial del núcleo. Los incidentes dejaron una importante contaminación del suelo y las aguas subterráneas con residuos radiactivos y sustancias químicas.
Desde que el SSFL fue declarado sitio prioritario para su descontaminación en 1989, distintos equipos científicos han intentado determinar hasta qué punto representa un riesgo para la salud de las comunidades cercanas. Investigaciones anteriores se habían concentrado principalmente en la incidencia de cáncer entre los residentes que viven a menos de 8 kilómetros del complejo.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Risk Analysis amplió considerablemente el alcance de esas investigaciones. Los científicos analizaron a personas que viven hasta 24 kilómetros del antiguo centro y, además del cáncer, estudiaron otras enfermedades crónicas que suelen asociarse con la exposición a contaminantes.
Los resultados apuntan a una posible relación entre la cercanía al sitio y una mayor frecuencia de trastornos autoinmunes, endocrinos y metabólicos.
Un sitio contaminado en un entorno poco habitual
El condado de Ventura presenta una característica poco común para un sitio incluido entre las zonas prioritarias de contaminación ambiental. A diferencia de muchos otros lugares de este tipo, situados de manera desproporcionada cerca de comunidades de bajos ingresos y poblaciones minoritarias, el área que rodea al SSFL es relativamente acomodada.
Esta particularidad ofreció a los investigadores una oportunidad para estudiar el problema desde otra perspectiva. Un equipo dirigido por Jenna Blyler, del Instituto Wrigley para el Medio Ambiente y la Sostenibilidad de la Universidad de California, realizó una encuesta entre residentes de las inmediaciones del complejo.
Los investigadores querían responder varias preguntas que habían quedado pendientes en estudios anteriores. Entre ellas, determinar si los posibles efectos sobre la salud iban más allá del cáncer y si se extendían a una zona geográfica mayor. También buscaban comprobar si los riesgos aumentaban cuanto menor era la distancia entre las viviendas y el antiguo centro nuclear.
Además, analizaron cómo las personas perciben los riesgos ambientales y qué medidas adoptan para protegerse de ellos.
Para realizar el estudio, encuestaron a 475 personas que vivían a una distancia máxima de 24 kilómetros del SSFL. El 56 % de los participantes declaró tener ingresos anuales de al menos 100.000 dólares.
Más de un tercio de los encuestados afirmó haber recibido al menos un diagnóstico médico desde que se mudó a su vivienda actual. Aunque esa proporción es similar a la registrada a nivel nacional, los investigadores señalan que las enfermedades crónicas suelen ser menos frecuentes en comunidades de ingresos elevados.
Las enfermedades aumentan entre quienes viven más cerca
Una de las diferencias más llamativas apareció entre los residentes que vivían a menos de 8 kilómetros del SSFL y aquellos ubicados a mayor distancia.
El 18 % de las personas que residían dentro del radio más cercano declaró haber recibido un diagnóstico de una enfermedad autoinmune. Entre quienes vivían a entre 18 y 24 kilómetros, la proporción fue del 4 %.
Una tendencia similar apareció al analizar los trastornos metabólicos y endocrinos. El 15 % de los residentes que vivían más cerca del complejo informó haber recibido alguno de estos diagnósticos, frente a apenas el 2 % de quienes se encontraban a mayor distancia.
Los datos sugieren que determinadas enfermedades podrían ser más frecuentes entre las personas que viven cerca del antiguo laboratorio. Sin embargo, los autores advierten que los resultados no permiten establecer todavía una relación causal.
Blyler explicó que será necesario realizar nuevas investigaciones para confirmar la asociación. Uno de los principales límites del estudio es que los diagnósticos fueron informados directamente por los participantes y no fueron comprobados mediante historiales médicos. Además, la investigación no determinó con qué frecuencia se presentaban las enfermedades ni si los diagnósticos se habían repetido.
La percepción del riesgo también produjo resultados inesperados
El estudio encontró además algunos patrones llamativos en la manera en que los residentes responden a la contaminación.
En general, las investigaciones sobre percepción del riesgo indican que las personas que consideran que tienen mayor capacidad para enfrentar una amenaza suelen estar más predispuestas a adoptar medidas de protección. En este caso ocurrió algo diferente: quienes se sentían más amenazados por la contaminación fueron precisamente quienes declararon tomar más precauciones.
También apareció un resultado inesperado en relación con el costo. Habitualmente, considerar demasiado caras las medidas de protección constituye un obstáculo para adoptarlas. Sin embargo, en esta investigación las personas que percibían esas medidas como más costosas fueron también las que afirmaron tomar más precauciones.
La distancia respecto del SSFL, por su parte, no pareció determinar directamente el comportamiento preventivo. Lo que sí tuvo influencia fue la experiencia personal con alguna enfermedad.
Comprender cómo la contaminación de este antiguo complejo afecta a las comunidades cercanas podría adquirir todavía mayor importancia en los próximos años. El cambio climático puede intensificar algunos de los procesos capaces de movilizar contaminantes presentes en el ambiente.
Investigaciones anteriores ya han señalado que las sequías y los incendios forestales han contribuido a aumentar la propagación de contaminantes procedentes del SSFL. Ambos fenómenos son cada vez más frecuentes en California.
Blyler ya trabaja en una nueva investigación destinada a estudiar cómo la percepción de la distancia respecto de una amenaza ambiental influye en las medidas de protección adoptadas tanto por individuos como por comunidades.
Una de las posibilidades que plantea su trabajo es que las comunidades con mayores recursos económicos y mayor capacidad de influencia puedan disponer de más herramientas para reclamar medidas de protección a escala colectiva, en lugar de limitarse a tomar precauciones individuales.