Saltar al contenido
Ciencia

Al parecer, las pantallas no siempre “atontan” a los niños. Un estudio de ocho años descubrió que quienes más las usaban rendían mejor en varias pruebas cognitivas

Una investigación finlandesa siguió a 260 niños hasta la adolescencia y encontró una relación inesperada entre el tiempo frente a pantallas, la memoria de trabajo y la velocidad de procesamiento. La clave podría no estar en contar las horas, sino en saber qué hacen durante ellas.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Durante años, las pantallas han ocupado el banquillo de los acusados. Si un niño pasaba demasiado tiempo frente al ordenador, la consola o la tablet, el diagnóstico doméstico parecía evidente: iba a distraerse más, leer menos y terminar con el cerebro “atontado”. Un nuevo estudio no demuestra que las pantallas vuelvan más inteligentes a los niños, pero sí ha encontrado algo capaz de sacudir esa explicación tan sencilla.

Los menores que acumularon más tiempo frente a pantallas desde la infancia mostraron, al llegar a la adolescencia, un mejor procesamiento cognitivo general y un mejor rendimiento en algunas pruebas de memoria de trabajo.

La investigación fue realizada por científicos de las universidades finlandesas de Jyväskylä y Finlandia Oriental y publicada en la revista científica Pediatric Exercise Science. Sus resultados forman parte del proyecto PANIC, un gran seguimiento dedicado a estudiar la actividad física y la nutrición infantil.

Ocho años siguiendo la relación entre las pantallas y el cerebro

El equipo analizó a 260 adolescentes (124 chicas y 136 chicos) con una edad media de 15,8 años. Los participantes habían sido observados durante ocho años, desde la infancia hasta la adolescencia, con evaluaciones realizadas al inicio, a los dos años y al final del seguimiento.

Los investigadores recopilaron mediante cuestionarios el tiempo dedicado a las pantallas, las actividades físicas y los periodos sedentarios. Además, utilizaron dispositivos capaces de registrar el movimiento y la frecuencia cardiaca. Al término del estudio, evaluaron la atención, el aprendizaje y la memoria de trabajo mediante la batería de pruebas CogState.

Los datos recogidos mostraron que un mayor tiempo de pantalla declarado a lo largo de esos años estaba asociado con respuestas más rápidas en tareas de memoria de trabajo y una mejor puntuación cognitiva global. Los resultados completos pueden consultarse en el artículo original de Pediatric Exercise Science y en su ficha científica de PubMed.

El hallazgo resulta especialmente llamativo porque no encaja con la idea de que cualquier minuto delante de un dispositivo constituye tiempo perdido para el desarrollo intelectual.

El problema es que no todas las pantallas exigen lo mismo

Al parecer, las pantallas no siempre “atontan” a los niños. Un estudio de ocho años descubrió que quienes más las usaban rendían mejor en varias pruebas cognitivas
© Getty Images / dit:eclipse_images.

La explicación podría encontrarse en algo que las recomendaciones generales no siempre distinguen: usar una pantalla para ver vídeos de manera automática no es lo mismo que programar, escribir, resolver problemas, hacer los deberes, dibujar o jugar a un videojuego que exige atención constante.

Los autores, sin embargo, no registraron con precisión qué contenidos consumía cada participante. Por tanto, el estudio no permite saber qué actividades digitales podrían estar detrás de la asociación ni concluir que añadir más horas de pantalla mejoraría el cerebro de un niño.

Petri Jalanko, investigador de la Universidad de Jyväskylä, sostiene que padres y profesores deberían favorecer usos que estimulen el pensamiento activo, la creatividad, el aprendizaje y la resolución de problemas. La conclusión divulgada por la Universidad de Jyväskylä no es que las pantallas sean siempre beneficiosas, sino que juzgarlas únicamente por el reloj puede ocultar diferencias importantes.

Ni sustituir el ejercicio ni declarar inocente a cualquier pantalla

La relación con la actividad física fue todavía más compleja. En las chicas, una mayor actividad de intensidad ligera se asoció con una mejor memoria de trabajo. En los chicos, ese vínculo apareció principalmente con actividades guiadas, como el deporte organizado o la educación física.

Curiosamente, el movimiento y el sedentarismo registrados por los sensores no mostraron una asociación clara con el rendimiento cognitivo. Las diferencias surgieron sobre todo en los cuestionarios, algo relevante porque el tiempo de pantalla también fue declarado por los participantes y no medido directamente por los dispositivos.

Además, se trata de un estudio observacional: muestra una relación, pero no demuestra que las pantallas hayan provocado el mejor rendimiento. También es posible que los jóvenes con determinadas capacidades cognitivas utilizaran más los dispositivos o eligieran actividades digitales más exigentes.

El resultado obliga, al menos, a abandonar una ecuación demasiado cómoda. “Más pantalla” no significa automáticamente “menos cerebro”. La pregunta verdaderamente importante parece ser otra: qué está haciendo el niño mientras mira esa pantalla y qué parte de su vida está dejando fuera para hacerlo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados