Superficies y productos repelentes del agua hay muchos, pero nada como esta nueva idea que han probado con éxito en el MIT. Investigadores allí han descubierto que crear estrías microscópicas en una superficie logra que las gotas de agua se rompan y reboten más rápido, reduciendo el tiempo de contacto entre la superficie y el líquido. Su hallazgo podría servir, por ejemplo, para diseñar alas de aviones mucho más seguras.

Inspirados en las alas de ciertas mariposas y las hojas de loto, dos de los materiales más repelentes del agua que existen en la naturaleza, los investigadores descubrieron que en lugar de reducir la superficie de contacto con el agua, había otra idea mejor: añadirle estrías mediante nanotecnología. El resultado es que han logrado reducir en un 40% el tiempo de contacto entre el líquido y la superficie. Es decir, al haber menor tiempo de contacto, se logra que la superficie se mantenga seca casi por completo.

"El tiempo que la gota de agua se mantiene en contacto con la superficie es importante porque controla el intercambio de masa y energía entre la gota y la superficie. Si puedes lograr que las gotas reboten más rápido, eso puede tener muchas ventajas", explica Kripa Varanasi, responsable del estudio, publicado ahora en Nature.

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Para demostrarlo, realizaron diversos experimentos de gotas de agua cayendo sobre superficies lisas frente a otras con irregularidades y estrías creadas a nivel microscópico. El resultado es que al caer sobre estas últimas superficies, la gota se fragmenta y rebota más rápido, frente a las superficies planas en la que la gota se mantiene uniforme y tarda más tiempo en rebotar. Puedes verlo en el vídeo debajo:

La inspiración del proyecto vino, como muchas veces ocurre, de la naturaleza. En concreto de cómo funcionan las alas de ciertas mariposas. En la foto de arriba podemos ver el ala de una mariposa morpho, cuyas diminutas estrías crean un efecto similar al demostrado en el laboratorio por los investigadores del MIT.

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El hallazgo se podría aplicar en el diseño de múltiples objetos, como las alas de un avión. Si el tiempo de contacto entre el agua de lluvia y la superficie de las alas se pudiera reducir, la posibilidad de que el agua se congelara sobre el fuselaje sería también mucho menor, mejorando así la seguridad. Quién sabe si dentro de unos años muchos de los objetos que nos rodeen a diario llevarán marcas microscópicas para hacerlos completamente inmunes al agua. [vía MIT News]

Foto 2: MIT News