A finales de la semana pasada el WSJ dejó caer la bomba: Apple está preparando la producción de un coche. El Financial Times se le unía poco después. Los detalles de ambos son demasiado parecidos como para archivarlo como una simple casualidad y además delinean una tendencia mucho más amplia. ¿Llega el Apple Car?

Es una noticia que se une al primer prototipo funcional del coche autónomo de Google y a las baterías (milagrosas pero prometedoras, por el momento) que Elon Musk y Tesla Motors están preparando para los próximos meses. Fabrique o no fabrique Apple finalmente su coche autónomo eléctrico, la tendencia subyacente es relativamente similar a la que en 2007 experimentaba el mundo de la telefonía móvil: la de estar al borde de un abismo de cambios que pueden reinventar toda una industria.

Advertisement

Es complicado, aunque extremadamente útil, recordar cómo fueron las primeras sensaciones cuando apareció el primer iPhone. La mayoría rozaron la incredulidad, otras la burla y otras la admiración y el deseo. 3 años más tarde, con la aparición del iPad, el esquema volvió a repetirse. Con Apple como pionera y con el resto de la industria detrás (sin quitarle un ápice de su mérito), en menos de 8 años hemos pasado a realizar tareas con nuestro teléfonos móviles y nuestras tablets que hasta entonces eran territorio sagrado del ordenador.

Mucho por mejorar

Parte del éxito de Tesla pasa por lograr que la industria del automóvil los mirase primero con soberbia, luego con ligero temor y finalmente con envidia. Han conseguido fabricar en menos de 10 años un coche que es completamente eléctrico y que además se ha convertido en un objeto de deseo, ese terreno en la que Apple es experta.

Advertisement

Lo ha conseguido cogiendo un commodity tan extendido como el automóvil pero dándole un giro de tuerca que lo hace mucho más atractivo o, como mínimo, digno de mención. Exactamente como ese iPhone de 2007. Los Tesla funcionan 100% con electricidad, tienen un diseño cuidado y un interior con un frontal digitalizado alucinante, son elegantes, caros (bastante) y al mismo tiempo radicalmente distintos a todo lo que había en ese segmento.

Y la cuestión es que, el automóvil, como industria, tiene muchísimo que mejorar y que innovar. CarPlay o Android Auto son un tibio ejemplo de ello. Un primer paso. Estamos en 2015 y la principal innovación sobre cómo puedes acercar la revolución de los smartphones y las tablets al coche es que puedes conectarlos utilizando Bluetooth (¡Bluetooth!), la mayoría de veces para utilizar la música almacenada en el mismo y, si hay suerte, como manos libres. Llevamos años oyendo acerca de diversas tecnologías aplicadas al campo del automóvil pero que nunca llegan a cuajar: parabrisas interactivos, combustibles alternativos, paneles solares, vehículos autónomos. Y son solo algunos ejemplos.

La mera idea de un vehículo, autónomo, fabricado por Apple o por cualquiera otra compañía pero con alto componente tecnológico, integrado a la perfección con servicios como Spotify, Waze o tantos otros que forman parte del día a día de miles de personas, de repente empieza a tener sentido. Es más, parece casi necesario, y posiblemente lo sea.

Un coche no es un iPhone, ni un iPad. No es algo que vayamos a cambiar cada año, de hecho probablemente ni siquiera cada 4 o 5. No es algo que llevaremos todo el día encima, que probablemente tendrá unos márgenes de beneficios distintos y que llevará un ritmo de lanzamiento distinto. Que será (probablemente) muy caro al principio. Pero si existe, será un coche radicalmente distinto a todo lo que hemos visto hasta ahora, con ideas, integraciones y soluciones que vienen siendo necesarias desde hace años. Que se comportará como un elemento más dentro del ecosistema tecnológico y no como un convidado de piedra, oxidado y aislado.

Un coche que hará que la vida de muchas personas sea más sencilla. Y esa es, de momento, la mejor definición que conozco de tecnología.

***

Psst! también puedes seguirnos en Twitter, Facebook o Google+ :)