Entre los días 23 al 27 de junio de 1941 se libró la batalla de Raseiniai (Lituania). Un evento donde destacó un único tanque, el KV-2 soviético, que fue capaz de contener durante más de 24 horas el solo a todo un ejercito alemán nazi. Esta es la historia de este “coloso” en combate indescifrable para el ejército de Hitler.

Para situarnos en contexto, nos encontramos en una batalla esencialmente de tanques que libraron el 4º Grupo Panzer alemán y el 3º Cuerpo mecanizado y 12 Cuerpo mecanizado soviéticos en las orillas de la ciudad de Raseiniai, en Lituania.

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El resultado de la batalla fue la destrucción casi total de las fuerzas blindadas soviéticas del Frente, lo que despejó el camino de la ofensiva alemana hacia los cruces del río Daugava. Esta fue también una de las grandes batallas durante las fases iniciales de la conocida como Operación Barbarroja alemana contra los soviéticos, aunque nosotros nos vamos a centrar en esos pocos días de junio de 1941 y en la figura de un solo tanque y sus seis tripulantes a bordo. El indestructible KV-2.

Breve historia de una bestia: el KV-2

KV-2, acrónimo de Kliment Voroshilov 2, fue en su época un tanque pesado cuya realización estaba dirigida a funcionar como artillería autopropulsada. En este caso y como era habitual, su designación KV venía dada por el nombre oficial de la serie de tanques pesados soviéticos que se construyeron entre los años 1940 y 1943, a su vez denominados así por el que fue héroe de guerra en Rusia y político Kliment Efremovich Voroshílov.

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El modelo entró en producción una vez ya estaba en funcionamiento su predecesor, el KV-1, que tenía como elemento estrella una torreta que portaba un obús de 152 mm. La idea con el KV-2 era la de construir un tanque de ruptura, una bestia que entrara en combate con el fin de traspasar defensas terrestres y fortificaciones. Lo haría con un el obús modificado M-10 que era capaz de disparar un proyectil de 52 kg a 436 m/s, dicho de otra forma, podría penetrar un blindaje de 72 mm a 1500 metros.

Aunque se trata de un tanque que fue utilizado ampliamente en batalla, sin duda fueron los acontecimientos que ocurrieron en Raseiniai los que han elevado a esta bestia de la guerra a un lugar en la historia bélica. Fue su combate más memorable y famoso.

Raseiniai, el escenario del indestructible KV-2

El 22 de junio de junio de 1941 daba comienzo la Operación Barbarroja con la que la Alemania de Hitler planeaba la invasión de la Unión Soviética. Una operación que abrió el Frente Oriental y que se convirtió en el teatro de una de las operaciones más grandes de la Segunda Guerra Mundial, además de ser el escenario de las batallas más brutales del conflicto en Europa.

Aunque la operación supuso un duro golpe para las desprevenidas fuerzas soviéticas, quienes sufrieron un gran número de bajas y perdieron grandes extensiones de territorio, la operación alemana no fructificó y finalizó el 5 de diciembre de 1941 con la retirada del ejercito alemán.

Volviendo a la batalla que se libraba ese mes de junio de 1941, Lituania sería el espacio donde se dieron los principales choques entre unidades blindadas, y un tanque, un KV-2, se había quedado varado en las postrimerías de Raseiniai al segundo día de las hostilidades, el 23 de junio. Los hechos que tuvieron lugar en las siguientes horas fueron contados por los mismos alemanes, en este caso oficiales que fueron capturados por los norteamericanos. De sus palabras se ha conocido en el tiempo las peculiaridades que se dieron tras el informe que realizaron los soldados norteamericanos. Y es que el tanque fue capaz de contener a elementos de la 6ª División Panzer durante más de un día.

Foto: KV-2 tras su captura

Ese segundo día los soviéticos habían desplegados tanques por varias zonas como defensa. Los KV irían en grupo junto a los BT-5 y los T-34. Todos ellos tanques enormes y en general lentos, aunque con un poder de impacto enorme al que los alemanes no podían replicar fácilmente.

De esta forma los soviéticos pudieron repeler el ataque alemán en sus comienzos llegando a penetrar en posiciones de artillería. El bando alemán tardó en responder, principalmente porque los cañones de 37 mm antitanques ni los tanques PZ35 podían resistir a la entrada de los KV. Esta fue la dinámica hasta que comenzaron a utilizar los cañones antiaéreos de 88 mm, momento en el que los soviéticos comenzaron a perder efectivos y se daba inicio a una retirada.

De acuerdo a los acontecimientos narrados, ese 23 de junio un KV (el KV-2 en adelante) llegó hasta un puente sobre el río Dubissa, se paró, y ahí se quedó toda la noche sin que se supiera la razón ni el número de soldados en su interior. Al día siguiente, un primer convoy alemán con prisioneros de guerra avistó el tanque, momento en el que KV-2 abrió fuego por primera vez contra el convoy. Los alemanes pudieron huir e informaron en la base mas cercana, lo que dio que pensar a los generales que se trataba de un contraataque soviético que tenían planeado.

El “indestructible” también atacaría y dejaría desactivada en las siguientes horas la línea telefónica de esta base, lo que no permitió durante horas las comunicaciones con otros cuarteles y por tanto se instaló un clima de incertidumbre y desinformación ante la capacidad de este tanque varado en el puente. Horas después sería un convoy alemán cargado de munición el que se encontraba con el tanque soviético, un tercer acto donde el solitario tanque destruyó doce camiones alemanes que no esperaban la entrada ni la posición del carro de combate.

El caos que había creado un solo tanque desde que llegara la noche anterior comenzaba a tener dimensiones enormes. Los alemanes, ahora sí, agrupados y pensando en la mejor forma de atacar a esta “alma solitaria”, seguían preguntándose quién, cómo y por qué estaba tras la estrategia de un único tanque ante Raiseiniai. La historia tampoco lo aclararía, de entre las causas que se dan sobre su “estacionamiento” se especula con la posibilidad de que se hubiera quedado sin combustible o bien había sufrido algún tipo de fallo mecánico, quizá la menos probable es la de que se trataba de una estrategia, porque en ese caso se trataría de un plan suicida en el que tarde o temprano caerían atrapados.

Posiblemente, y la mayor parte de los relatos lo cuenta así, tras algún tipo de fallo o simplemente en previsión del final que les esperaba, los seis tripulantes decidieron tomar una posición de ventaja, de ahí su situación en el puente.

En cualquier caso los alemanes no estaban dispuestos a esperar más y tomaron posiciones para atacarlo con una batería de 50mm antitanque. Tras seis o siete disparos alemanes, la torreta del “indestructible” giró de su hasta ahora inamovible punto de mira sobre Raiseiniai, y disparó sobre los cañones alemanes quedando estos destruidos.

Foto: Monumento en Raseiniai al KV-2 y tripulación

El siguiente en caer sería un cañón de 88 mm y las bajas alemanas comenzaban a ser considerables. Se había creado un gran embudo en la zona por la que los alemanes no podían trasladar a sus heridos debido a la presión ejercida por el tanque y la imposibilidad de pasar a los lados del puente debido al gran pantano y fango que lo rodeaba. La noche en la que se cumplían 24 horas desde que el KV-2 estacionara en el puente fue un momento de tregua.

A la mañana siguiente los germanos ya tenían un plan trazado: enviaron una sección de PZ35 que debían servir de distracción para que la artillería de 88 mm pudiera acercarse al KV. La historia dice que estos fueron los que por fin impactaron sobre el tanque, seis disparos que paralizaron la torreta. Este fue el momento en el que tras más de 24 horas de lucha, los primeros PZ35 se acercaron hasta el tanque, momento en el que introdujeron dos granadas de mano en su interior.

Tras cerciorarse de que el tanque había perdido finalmente la batalla, los alemanes revisaron su interior descubriendo a los seis tripulantes muertos. Los propios alemanes y tras semejante batalla contra un único tanque, en vez de abandonar los cuerpos los enterraron con honores. Años después, en 1965, los cuerpos de los seis tripulantes se llevaron al cementerio de Raseiniai junto a la creación de un monumento a su memoria.

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