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Recibe un misterioso cubo de uranio que revela lo cerca que estuvieron los nazis de construir su propio reactor nuclear

Imagen: John T. Consoli/University of Maryland

Año 2013. El investigador de la Universidad de Maryland, Timothy Koeth, recibe un extraño paquete. Al abrirlo descubre un cubo de uranio de la década de 1940 junto a una nota: “Tomado de Alemania, del reactor nuclear que Hitler trató de construir. Regalo de Ninninger”. Koeth no sabía por donde empezar.

Si aquel paquete de apenas dos kilos que había llegado envuelto en papel era cierto, el extraño cubo debía ser la mayor prueba de lo cerca que estuvieron los nazis de construir un reactor nuclear.

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Inmediatamente supe de qué se trataba”, explicó Koeth, además de investigador, gran coleccionista de recuerdos nucleares. Sin embargo, en primer lugar necesitaba confirmar la autenticidad del cubo de uranio para así determinar si en realidad formaba parte del fallido proyecto del reactor nuclear de Hitler. 

El investigador se asoció con la estudiante de posgrado Miriam Hiebert para verificar los orígenes del material. Durante su investigación, Koeth y Hiebert llegaron a la sorprendente conclusión de que Alemania podría, efectivamente, haber creado un reactor nuclear durante la guerra, pero la competencia feroz que se dio entre los diferentes equipos de investigación independientes que habían estado trabajando en el esfuerzo nuclear obstaculizó el éxito final del proyecto.

Imagen: John T. Consoli/University of Maryland

En las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial, los científicos nazis intentaron construir un reactor nuclear, el B-VIII, en Berlín, pero finalmente se mudaron a la pequeña ciudad de Haigerloch para continuar el proyecto.

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Allí, 664 cubos de uranio, cada uno de los cuales medía alrededor de cinco centímetros, se unieron como si fuera una lámpara de araña. Los cubos de uranio se colocaron en el núcleo del reactor B-VIII y se rodearon con una envoltura de grafito revestida con metal ubicada dentro de un tanque de agua revestido de hormigón.

Si el reactor de la lámpara de araña estuviera colgado en agua pesada, el agua actuaría como regulador de la reacción nuclear. Sin embargo, el proyecto simplemente se estancó debido a la escasez de uranio para el reactor.

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Al parecer, entre los científicos alemanes que trabajaron en el reactor se encontraba Werner Heisenberg, el físico teórico al que también se le atribuye el desarrollo del campo de la mecánica cuántica.

Imagen: Koeth y Hiebert con el cubo (John T. Consoli/University of Maryland)
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Mientras que el Proyecto Manhattan perfeccionó la investigación sobre tecnología de fisión para crear una descomunal arma que hizo que Japón se rindiera al final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania continuó persiguiendo su propio objetivo de transformar esta potente fuente de poder en algo más práctico. De hecho, es factible pensar que si supieran lo que sabemos hoy, el resultado de la Segunda Guerra Mundial podría haber sido muy diferente.

¿El problema? Para deshacerse de extraordinarias cantidades de energía, esos átomos de uranio necesitan mantener su propia división. Cuando un átomo se rompe, arroja neutrones que a su vez hacen que otros átomos cercanos se desmoronen. Y no todos los tipos de uranio hacen esto.

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Algunos isótopos están a punto de explotar, mientras que otros pueden absorber neutrones y transformarse de maneras que no contribuyen al objetivo. Además, para que los neutrones hagan su magia, deben ser lo suficientemente lentos para ser absorbidos.

Dicho de otra forma, determinar el balance correcto de isótopos y la masa crítica de uranio requerida para convertir el material radioactivo en una sorprendente fuente de destrucción es extremadamente complicado, y demos gracias de que así sea.

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Volviendo a la historia, en abril de 1945, solo tres meses antes de que el mundo observara cómo se detonaba la primera bomba nuclear en Nuevo México, una misión aliada en la Alemania nazi descubrió lo lejos (o cerca) que estaba el enemigo. Como parte de una misión llamada Alsos, descubrieron un laboratorio experimental en la ciudad de Haigerloch dirigida por Werner Heisenberg.

Réplica del reactor nuclear Haigerloch
Imagen: ArtMechanic (CC BY-SA 3.0)
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Al parecer, los científicos alemanes habían desmantelado en tiempo récord el laboratorio, pero muy cerca se encontraban enterrados esos históricos cubos de uranio. Las fuerzas aliadas capturaron a Heisenberg en 1945, mientras que el reactor nuclear, o lo que se había construido hasta el momento de él, fue desmantelado por las tropas estadounidenses al final de la guerra.

De esta forma, los 664 cubos se enviaron a diferentes puntos desconocidos de América.

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¿Y qué había en cada pequeño cubo? Según el análisis de Koeth y Hiebert de su espécimen, la proporción de isótopos dentro de los bloques de metal no era tan diferente a las mezclas que se encuentran en el mineral de uranio. No hubo indicios reveladores de productos de fisión, ni evidencia de que estuviera en peligro de provocar una reacción en cadena.

Sin embargo, y quizás lo más revelador del nuevo trabajo, los investigadores revisaron los documentos de los Archivos Nacionales en College Park y encontraron referencias a otros 400 cubos que existían como parte de otro experimento de reactor en el noreste de Alemania.

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Por todo ello, los científicos concluyeron que si todos los grupos hubieran combinado sus fuerzas, Alemania habría tenido suficiente uranio para fabricar un reactor. En cuanto al destino de los cubos adicionales, es de suponer que entraron en el mercado negro después de la guerra con muchas de sus ubicaciones perdidas en el tiempo.

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¿Y la referencia a Nininger de la nota? Seguramente, explica Koeth, se refería a Robert Nininger, un experto involucrado en el Proyecto Manhattan que desarrolló la primera bomba atómica para Estados Unidos.

De hecho, de acuerdo con la propia viuda de Nininger, el científico fallecido había sido el propietario de una pieza de uranio, aunque en última instancia se la regaló a un amigo. Para Miriam Hiebert, la estudiante de posgrado que se asoció con Koeth para estudiar los orígenes del cubo:

Por mucho que aprendimos sobre nuestro cubo y otros similares, aún no tenemos una respuesta sobre cómo terminó exactamente en Maryland 70 años después de ser capturado por las fuerzas aliadas en el sur de Alemania.

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Ambos han explicado que hasta ahora se han localizado otros 10 cubos. Uno de los que se descubrió se mantiene bajo el cuidado de la Universidad de Harvard, mientras que otro se ubica en la Smithsonian Institution en Washington. Según Hiebert:

Esperamos hablar con tantas personas como sea posible que hayan tenido contacto con estos cubos. También alentamos a cualquier persona con información sobre el resto de los cubos de uranio perdidos a ponerse en contacto con nosotros por correo electrónico.

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Por cierto, Koeth planea prestar su cubo a un museo donde pueda ser inspeccionado por el público mientras continúa la búsqueda del resto de los cubos de uranio que faltan. [ScienceAlert, Physics Today]

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Miguel Jorge

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