En julio del año pasado eran 15 las misteriosas burbujas subterráneas que temblaban sobre el ártico de Rusia. Una nueva investigación revela que han surgido más de 7.000. La preocupación de los científicos radica en la posibilidad de que exploten en cualquier momento.

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En el verano del 2016 un grupo de investigadores se encontraba en la remota isla de Bely en Siberia cuando dieron con un extraño descubrimiento. Hasta 15 burbujas subterráneas que temblaban como si se tratara de una cama elástica cuando las pisaban.

Aunque no estaba claro cómo se formaban, sí habían indicios y pistas que llevaban a los investigadores a la misma idea. La inusual temperatura del ártico podría tener mucho que ver. A medida de las altas temperaturas funden el manto de hielo, los gases subterráneos consiguen escapar a la superficie.

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El problema, teóricamente, es que estos gases subterráneos acumulados podrían explotar, y se cree que una concentración de metano superior al 9,5% fue la causa de los cráteres que aparecieron en Siberia. Pensemos que incluso aunque no fuera así y no se dieran las explosiones, el metano es un potente gas de efecto invernadero.

Desde entonces han pasado ocho meses y ahora ya no son 15 burbujas, ahora son más de 7.000 las encontradas. Según explica Alexey Titovsky, director del Departamento de Ciencia e Innovación de Yamal:

Al principio es sólo una protuberancia o burbuja. Pero con el tiempo, la burbuja explota, liberando gas. Así se forman gigantescos embudos.

Como decíamos, el problema es que estas burbujas en el suelo también han sido vinculadas a los cráteres que han estado apareciendo a través de Siberia como los del siguiente vídeo:

Qué sabemos de este fenómeno

Imagen reciente de una burbuja encontrada que se ha hinchado inmensamente. Vasily Bogoyavlensky

En aquel mes de julio del 2016 fueron dos los investigadores que dieron con el extraño fenómeno, Alexander Sokolov y Dorothee Ehrich. Ambos estaban retirando la suciedad y la hierba que había estado cubriendo estas protuberancias de tierra y encontraron que el aire que se escapaba contenía hasta 1.000 veces más metano que el aire circundante y 25 veces más dióxido de carbono.

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Unos años antes, en el 2014, un grupo de investigadores analiza la zona en un cráter de 30 metros de ancho en las cercanías de la península de Yamal. Los investigadores encontraron que el aire cerca de la parte inferir del cráter contenía concentraciones inusualmente altas de metano de hasta el 9,6%. Y el aire circundante generalmente contiene tan sólo un 0.000179% de metano.

Así fue como llegaron a una de las posibles hipótesis: las burbujas de metano podrían estar vinculadas a una reciente ola de calor que había provocado el deshielo del permafrost de la tundra siberiana.

Otro estudio, este en el 2013, encontró que un aumento de la temperatura global del 1,5 °C sería suficiente para iniciar un período sin precedentes de fusión. Ocurre que gracias a los veranos anormalmente calurosos vinculados al cambio climático, los investigadores locales sospechan que esto ya está empezando a ocurrir, con temperaturas diarias en aquel julio del año pasado que llegaban a los 35 °C.

Según explican los científicos, ahora están a la espera de revisar varios trabajos que apuntan a la misma dirección y que confirmarían la vinculación entre las burbujas de metano y el cambio climático. Eso sin obviar que la geología única que compone a la tundra siberiana también juega un papel destacado en el fenómeno.

Los investigadores explican que habrá que esperar a que se terminen las investigaciones en curso para tomar conclusiones sobre las hipótesis vertidas. La prioridad en estos momentos es identificar qué burbujas representan una amenaza para los habitantes locales y desarrollar un mapa que resalte los “puntos calientes” de posibles explosiones. [The Siberia Times vía ScienceAlert]