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Ciencia

A los 85 años, Ney Matogrosso ha convertido casi 80 hectáreas de su finca en un refugio que seguirá protegido aunque cambie de dueño. Allí ya se han liberado más de 10.000 animales salvajes

El cantante brasileño lleva décadas protegiendo una zona de Mata Atlántica en Río de Janeiro. Dos reservas privadas blindan legalmente parte del terreno y la finca funciona además como lugar de liberación de fauna rehabilitada y espacio para proyectos científicos.
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A principios de los años 2000, Ney Matogrosso tomó una decisión bastante más difícil de revertir que plantar árboles o declarar que quería conservar un bosque. Transformó parte de una propiedad privada que posee en Saquarema, en el estado brasileño de Río de Janeiro, en una reserva natural cuya protección permanecerá incluso cuando él ya no sea su propietario.

El músico, que acaba de cumplir 85 años, posee allí una finca de alrededor de 140 hectáreas, rodeada por vegetación de Mata Atlántica, cursos de agua y manantiales. Aproximadamente 80 hectáreas están hoy protegidas mediante dos Reservas Particulares del Patrimonio Natural (RPPN). Y esa figura jurídica es precisamente lo que hace especial al proyecto: la tierra continúa siendo privada, pero la protección ambiental queda vinculada permanentemente al inmueble.

No cedió el terreno al Estado: hizo que conservarlo fuera una obligación permanente

Brasil permite que un propietario transforme voluntariamente parte de sus terrenos en una RPPN. Según explica el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), estas reservas mantienen la titularidad privada, pero su condición queda registrada de manera perpetua. Pueden venderse, heredarse o cambiar de propietario; lo que no desaparece es la obligación de conservarlas.

En el caso de Matogrosso, los documentos oficiales permiten reconstruir bastante bien ese proceso. La Reserva Mato Grosso, de 26,11 hectáreas, fue reconocida federalmente por el Ibama en 2000. Una segunda área, Mato Grosso II, añadió unas 53,5 hectáreas y fue creada posteriormente a nivel estatal. En conjunto alcanzan alrededor de 79,6 hectáreas protegidas. Es decir, más de la mitad de su finca ha quedado vinculada a un régimen de conservación que no puede simplemente eliminarse para urbanizar, transformar el bosque en pastos o desarrollar otros usos incompatibles.

La idea tampoco era únicamente mantener árboles en pie. Ya en 2001, cuando recibió uno de los títulos vinculados a la reserva, Matogrosso aseguraba que pretendía abrir el terreno a investigaciones y proyectos destinados a preservar animales amenazados.

Después convirtió el bosque en una puerta de regreso para animales rescatados

A los 85 años, Ney Matogrosso ha convertido casi 80 hectáreas de su finca en un refugio que seguirá protegido aunque cambie de dueño. Allí ya se han liberado más de 10.000 animales salvajes
© RPPN Mato Grosso II.

Con los años, aquella intención adquirió otra dimensión. Desde 2015 la propiedad colabora con el Instituto Vida Livre, una organización brasileña dedicada al rescate, tratamiento, rehabilitación y posterior devolución de fauna silvestre a su hábitat. La finca pasó a funcionar como área autorizada para estas liberaciones.

Por allí han pasado aves rapaces, serpientes, pecaríes, zorros de monte y otras especies. Una de las liberaciones más recientes, en agosto de 2026, fue la de un perezoso de tres dedos previamente rescatado y rehabilitado.

La cifra que más llama la atención es otra: más de 10.000 animales silvestres habrían sido devueltos a la naturaleza en la propiedad desde que comenzó el programa. La cantidad aparece recogida tanto en declaraciones de Matogrosso como en informaciones sobre el trabajo realizado junto al Instituto Vida Livre, aunque no existe un registro público fácilmente consultable que detalle cada ejemplar liberado.

Tener un bosque no basta para poder abrir una jaula y marcharse

Las liberaciones de fauna no consisten simplemente en trasladar un animal rescatado hasta una zona verde. Los ejemplares deben pasar por tratamiento y rehabilitación, y el entorno elegido necesita ofrecer las condiciones necesarias para que puedan alimentarse, refugiarse y sobrevivir sin asistencia humana. Ahí es donde las casi 80 hectáreas protegidas cobran un segundo sentido. El bosque no solo permanece legalmente conservado: se convierte en infraestructura para devolver fauna al ecosistema.

La RPPN Mato Grosso II cuenta incluso con un plan de manejo aprobado por el Instituto Estatal del Ambiente de Río de Janeiro, que establece las reglas para su conservación y gestión.

Matogrosso compró la finca en la década de 1990 buscando un lugar alejado de las grandes ciudades. Tres décadas después, parte de aquel refugio personal se ha convertido en algo bastante más difícil de encontrar: un pedazo de Mata Atlántica que seguirá siendo bosque independientemente de quién figure algún día como dueño de la escritura.

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