Una pequeña medusa originaria de China está despertando preocupación entre los especialistas ambientales de España. Su nombre científico es Craspedacusta sowerbyi y, aunque apenas alcanza los dos centímetros de diámetro, posee cientos de tentáculos y una notable capacidad para colonizar ambientes de agua dulce.
La especie fue detectada recientemente en el embalse de la Llosa del Cavall, en la comarca catalana del Solsonès, donde los Agents Rurals confirmaron su presencia a comienzos de noviembre de 2026. El problema no está en sus picaduras, prácticamente imperceptibles para las personas, sino en su capacidad para modificar las relaciones alimentarias entre los organismos que habitan lagos y embalses.
Una medusa de agua dulce con cientos de tentáculos
A diferencia de las medusas que habitualmente encontramos en el mar, Craspedacusta sowerbyi vive en lagos, estanques, embalses y otros ambientes de agua dulce. Su cuerpo tiene forma de campana y presenta una apariencia transparente o ligeramente blanquecina.
Los ejemplares adultos pueden alcanzar entre 20 y 25 milímetros de diámetro y desarrollar alrededor de 400 tentáculos, aunque algunas descripciones mencionan cantidades superiores. Estos tentáculos contienen células urticantes utilizadas principalmente para capturar pequeñas presas.
Sin embargo, su capacidad para afectar la piel humana es muy reducida, por lo que no se considera una amenaza relevante para los bañistas.

Por qué preocupa su presencia en Cataluña
El principal problema ecológico de esta medusa está relacionado con su alimentación.
Craspedacusta sowerbyi consume zooplancton, un conjunto de pequeños organismos acuáticos que constituye una fuente fundamental de alimento para numerosas especies de peces. Cuando sus poblaciones aumentan considerablemente, las medusas pueden reducir la disponibilidad de estas presas y competir indirectamente con los animales autóctonos.
Esto podría alterar la cadena alimentaria y modificar el equilibrio de determinados ecosistemas. No obstante, los especialistas aclaran que todavía no se han documentado daños ecológicos importantes en el embalse catalán.
Por ahora, las autoridades realizarán un seguimiento para determinar si el avistamiento fue puntual o si existe una población establecida.
Una invasora que puede desaparecer durante años
Una de las características más sorprendentes de esta especie es su ciclo de vida.
Durante una de sus fases, permanece adherida a piedras, plantas y otras superficies sumergidas en forma de pequeños pólipos, difíciles de detectar a simple vista.
En determinadas condiciones ambientales, especialmente cuando aumenta la temperatura del agua, estos organismos pueden producir medusas que nadan libremente. Por eso, una población puede pasar inadvertida durante largos períodos y reaparecer cuando las condiciones resultan favorables.
Aunque su origen se sitúa en la cuenca china del río Yangtsé, la especie se ha expandido por diferentes continentes. En Cataluña existen registros anteriores en el embalse de Sau y el lago de Banyoles, entre otros lugares.

Cómo evitar que siga expandiéndose
Las autoridades ambientales consideran fundamental impedir que la especie llegue a nuevos ecosistemas.
Una de las principales medidas consiste en limpiar y desinfectar las embarcaciones y los equipos utilizados en lagos y embalses.
También recomiendan evitar el traslado de agua, vegetación o materiales sumergidos entre diferentes masas de agua. Estas precauciones son importantes porque las diminutas fases adheridas del organismo pueden desplazarse accidentalmente con los equipos.
El cambio climático podría favorecer su expansión en determinadas regiones, ya que las temperaturas más elevadas pueden facilitar la aparición de su fase de medusa. El hallazgo recuerda que una especie invasora no necesita ser grande ni peligrosa para las personas para convertirse en un problema ambiental.
A veces, un organismo casi invisible puede resultar suficiente para modificar el delicado equilibrio de un ecosistema acuático.