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Ciencia

Científicos japoneses lograron que las células cancerosas fabricaran la sustancia que las destruye. El secreto está en un gas tóxico que los propios tumores producen

Investigadores japoneses desarrollaron una técnica que utiliza el monóxido de carbono de las células cancerosas para fabricar compuestos capaces de dañarlas desde dentro. Los resultados abren una nueva vía experimental contra el cáncer.
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Una de las grandes dificultades de los tratamientos contra el cáncer es conseguir que los medicamentos destruyan las células tumorales sin perjudicar también a los tejidos sanos. Pero un equipo de científicos japoneses acaba de demostrar que existe una manera completamente diferente de abordar ese problema: utilizar una sustancia que los propios tumores producen para fabricar compuestos anticancerígenos directamente en su interior.

La investigación, desarrollada por el instituto japonés RIKEN y publicada en Nature Communications, aprovecha una característica poco conocida de determinadas células cancerosas: producen cantidades elevadas de monóxido de carbono, un gas conocido por su toxicidad. Los científicos diseñaron un sistema capaz de utilizarlo como ingrediente de una reacción química que genera sustancias que dañan las células tumorales. Y lo más interesante es que, en los experimentos de laboratorio, las células no cancerosas mostraron una producción mucho menor de esos compuestos.

El cáncer produce un gas tóxico y los científicos encontraron la manera de convertirlo en un arma contra las propias células tumorales

Científicos japoneses lograron que las células cancerosas fabricaran la sustancia que las destruye. El secreto está en un gas tóxico que los propios tumores producen
Representación tridimensional de estructuras celulares a escala microscópica. La investigación japonesa explora cómo aprovechar las sustancias presentes en las células cancerosas para generar compuestos capaces de dañarlas desde el interior. © Adelaide University.

El monóxido de carbono suele asociarse con los gases de escape de los vehículos o los sistemas de calefacción defectuosos. Sin embargo, también se produce naturalmente en pequeñas cantidades dentro del organismo como resultado de determinados procesos metabólicos.

En algunos tipos de cáncer, su producción puede aumentar considerablemente. Según explicaron los investigadores del instituto RIKEN, esta diferencia representa una oportunidad: si una reacción química depende de la presencia del gas, podría desarrollarse un sistema que genere sustancias anticancerígenas preferentemente en las células que lo producen en mayor cantidad.

Para comprobarlo, el equipo dirigido por Katsunori Tanaka diseñó un complejo químico que combina paladio, un metal capaz de participar en determinadas reacciones, con albúmina, una proteína abundante en la sangre humana.

La albúmina cumple una función esencial: proteger el componente metálico de sustancias celulares como el glutatión, que normalmente lo desactivarían. De esta manera, el complejo conserva su capacidad para reaccionar con el monóxido de carbono presente en las células.

Los investigadores probaron el procedimiento en cultivos de células humanas de cáncer de hígado, mama, pulmón y cuello uterino. Tras 48 horas, detectaron la formación de derivados de fenantridinona, una familia de compuestos relacionada con determinadas sustancias utilizadas en tratamientos oncológicos.

De acuerdo con el estudio original publicado en Nature Communications, la producción fue considerablemente mayor en las células cancerosas que en los fibroblastos no cancerosos utilizados como referencia.

El principio es sorprendente: en lugar de introducir directamente un medicamento tóxico, los científicos proporcionan los componentes necesarios para que una reacción química genere el compuesto activo dentro de la célula.

Los experimentos consiguieron dañar células tumorales, pero todavía falta demostrar si funcionará como tratamiento

Científicos japoneses lograron que las células cancerosas fabricaran la sustancia que las destruye. El secreto está en un gas tóxico que los propios tumores producen
Investigadores japoneses desarrollaron una técnica que aprovecha el monóxido de carbono producido por las células cancerosas para sintetizar compuestos capaces de dañarlas desde dentro. © RIKEN / Instituto de Ciencia de Tokio (2026).

Una vez comprobado que el sistema podía fabricar compuestos dentro de las células, los investigadores modificaron su diseño para producir una molécula con actividad anticancerígena.

Las pruebas se realizaron en cultivos de cáncer de hígado. Los análisis confirmaron que la reacción generaba el compuesto deseado y que su presencia estaba asociada con una reducción del crecimiento celular.

Sin embargo, el efecto todavía fue moderado. El artículo científico de Masayuki Kawai y sus colaboradores reconoce que la diferencia de toxicidad entre las células tumorales y las no cancerosas es limitada. Por eso, el sistema necesita mejoras antes de pensar en aplicaciones médicas.

Otro resultado importante estuvo relacionado con la sangre. Los científicos comprobaron que el monóxido de carbono presente en ella no desencadenaba la misma producción del compuesto tóxico bajo las condiciones experimentales. Una posible explicación es que buena parte del gas está unido a la hemoglobina, lo que dificulta su participación en la reacción química.

Según destacó ScienceDaily al difundir el trabajo, el equipo pretende avanzar hacia experimentos con animales para evaluar si el procedimiento puede funcionar en organismos completos.

Ese paso será fundamental. Hasta ahora, las pruebas se realizaron principalmente en células cultivadas en laboratorio, donde resulta mucho más sencillo controlar las concentraciones de sustancias y observar sus efectos. También será necesario demostrar que el complejo puede alcanzar los tumores, permanecer estable y producir cantidades suficientes del medicamento sin provocar daños importantes en otros tejidos.

Por ahora, no se trata de una cura contra el cáncer ni de una terapia disponible para pacientes. El verdadero avance consiste en haber demostrado que una característica química de ciertas células tumorales puede convertirse en la materia prima de un compuesto que las perjudica. Si los próximos experimentos confirman su seguridad y eficacia, esta estrategia podría abrir un camino diferente para desarrollar tratamientos más selectivos: aprovechar la propia química del tumor para atacarlo desde dentro.

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