Apple no solo cambia de CEO: cambia de sensibilidad
El próximo gran cambio de Apple no será un nuevo iPhone ni una función de inteligencia artificial. Será algo más profundo: un cambio de liderazgo. John Ternus, actual responsable de hardware, asumirá como CEO el 1 de septiembre de 2026, mientras Tim Cook pasará a ocupar el cargo de presidente ejecutivo.
La transición no es menor. Cook dirigió Apple durante quince años y convirtió a la compañía en una máquina de eficiencia, escala y rentabilidad. Bajo su mando, Apple fortaleció su cadena de suministro, multiplicó su valor bursátil y construyó un ecosistema de servicios y dispositivos difícil de igualar. Pero también dejó una crítica recurrente: la sensación de que Apple se volvió más prudente, más incremental y menos audaz en diseño.
Ahí es donde entra Ternus. No llega desde finanzas, operaciones ni servicios. Llega desde el hardware. Y, más importante todavía, desde una trayectoria ligada al diseño de producto. Esa diferencia alimenta la expectativa de que su Apple pueda recuperar una parte de la cultura que marcó la etapa de Steve Jobs y Jony Ive.
Ternus quiere devolverle el trono al diseño en Apple 🎨
Tras una década con operaciones y finanzas marcando el rumbo, el nuevo CEO ya pasa horas con el equipo de diseño antes de coger las riendas el 1 de septiembre.
¿Vuelve la era en la que el diseño manda? #AppleX4 #Apple pic.twitter.com/LPaEaxbrdL— AppleX4 (@AppleX4_) June 22, 2026
El diseño ya no mandaba como antes
Durante la era Jobs, el diseño no era un departamento decorativo. Era una fuerza central dentro de Apple. El equipo liderado por Jony Ive no solo definía colores, materiales o formas. Tenía influencia real sobre la estrategia de producto, la experiencia de uso y la manera en que hardware y software se encontraban.
Esa cultura produjo algunos de los objetos tecnológicos más reconocibles de las últimas décadas: el iMac, el iPod, el iPhone, el iPad y el Apple Watch. Apple no competía únicamente por especificaciones. Competía por deseo, simplicidad, identidad y una sensación muy particular de producto terminado.
Con el tiempo, esa influencia empezó a diluirse. La salida de Steve Jobs en 2011 y la partida definitiva de Jony Ive en 2019 cambiaron el equilibrio interno. El diseño siguió siendo importante, pero perdió parte de su posición transversal. En la Apple de Cook, las operaciones, la escala, los márgenes y la continuidad pesaron más que la ruptura estética.
Ternus quiere reconstruir una cultura, no solo cambiar productos
Según reportes recientes, Ternus quiere devolver al equipo de diseño un lugar más influyente dentro de Apple. Eso no significa copiar a Steve Jobs ni intentar repetir la era Ive. Significa recuperar una idea que durante años diferenció a la empresa: el diseño como punto de partida estratégico, no como capa final.
El desafío es enorme. Apple ya no es la compañía relativamente compacta que lanzó el iMac o el primer iPhone. Hoy es un gigante global con líneas de producto maduras, millones de usuarios, presión regulatoria, competencia en inteligencia artificial y una cadena de suministro extremadamente compleja. Cualquier cambio profundo requiere años.
Además, el diseño actual no se limita al aspecto físico de un dispositivo. Incluye interfaces, materiales, accesibilidad, inteligencia artificial, integración entre productos y la sensación de continuidad entre hardware, software y servicios. Si Ternus quiere revitalizar esa cultura, tendrá que hacerlo en una Apple mucho más grande y menos dispuesta al riesgo que la de los años 2000.
Los cambios no se verán de un día para otro
Aunque Ternus haga del diseño una prioridad, los resultados no aparecerán inmediatamente. Los productos de Apple se planifican con años de antelación. Los próximos iPhone, Mac o Apple Watch ya tienen hojas de ruta muy avanzadas, por lo que cualquier giro real probablemente se verá más adelante, en la siguiente generación de dispositivos.
La pregunta de fondo es si Apple puede volver a sorprender. En los últimos años, la compañía siguió vendiendo muchísimo, pero muchas de sus novedades parecieron evoluciones cuidadosas más que saltos culturales. En un mercado donde la inteligencia artificial está cambiando las expectativas del usuario, Apple necesita algo más que buenos chips y mejores cámaras.
El diseño podría ser una respuesta. No como nostalgia, sino como forma de recuperar claridad: qué debe ser un producto Apple, cómo debe sentirse, qué problema debe resolver y por qué alguien debería desearlo.
Ternus hereda una empresa gigantesca, rentable y poderosa. Pero también una Apple que muchos perciben más eficiente que emocionante. Si logra devolverle al diseño un papel central, su etapa no se medirá solo por balances o lanzamientos. Se medirá por algo mucho más difícil: si Apple vuelve a parecer una compañía capaz de imaginar el futuro antes que los demás.