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Ciencia

Bajar de peso no borra el pasado: el sistema inmune recuerda la obesidad durante hasta 10 años y eso aumenta el riesgo de enfermedades

Un estudio de una década de la Universidad de Birmingham descubrió que ciertas células inmunes guardan una "memoria molecular" de la obesidad mediante metilación del ADN, y esa memoria puede persistir entre 5 y 10 años después de perder peso. La inflamación que genera sigue activa incluso cuando la balanza ya no la refleja — y eso tiene implicancias directas para quienes usan Ozempic y otros fármacos de pérdida de peso
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Hay una creencia razonable pero incompleta que rodea a la pérdida de peso: que bajar los kilos de más equivale a revertir el daño. Que el cuerpo, una vez delgado, funciona como si nunca hubiera sido obeso. Un estudio de diez años publicado en EMBO Reports por investigadores de la Universidad de Birmingham acaba de demostrar que eso no es así, al menos no para el sistema inmune. Las células que defienden el organismo parecen recordar la obesidad durante años —incluso después de una pérdida de peso significativa— y esa memoria biológica podría seguir elevando el riesgo de diabetes tipo 2, ciertos cánceres y otras enfermedades asociadas a la obesidad.

Cómo las células T guardan la memoria de haber sido obeso

Celulas
© National Cancer Institute – Unsplash

El mecanismo identificado por el equipo del profesor Claudio Mauro involucra un proceso llamado metilación del ADN: la adición de grupos metilo a moléculas de ADN que altera la actividad de los genes sin modificar la secuencia genética en sí. Es un mecanismo epigenético — cambios en cómo se leen los genes, no en los genes mismos.

Lo que encontraron los investigadores es que en personas que vivieron con obesidad, las células T cooperadoras —también llamadas linfocitos CD4+, una de las piezas centrales del sistema inmune— acumulan estas marcas de metilación en patrones específicos asociados a la obesidad. Esas marcas promueven un estado proinflamatorio en las células: las dejan permanentemente «alertadas», como si el cuerpo todavía estuviera en el estado metabólico de la obesidad, aunque el peso ya se haya perdido.

Un estudio de diez años con múltiples grupos de pacientes

Para documentar el fenómeno, el equipo analizó células inmunes de varios grupos de personas: personas con obesidad que recibían inyecciones para bajar de peso, pacientes con síndrome de Alström —un trastorno genético raro caracterizado por obesidad infantil temprana—, personas que participaron en una intervención de ejercicio de diez semanas, y pacientes de peso normal y con obesidad que se sometían a cirugía de cadera o rodilla por osteoartritis. También estudiaron células inmunes de ratones alimentados con dietas altas en grasa.

Tal como reporta SciTechDaily en su cobertura del estudio, los resultados mostraron consistentemente el mismo patrón: las marcas epigenéticas que generó la obesidad en las células T no desaparecían con la pérdida de peso. «Las células inmunes recuerdan la obesidad durante años a través de la metilación del ADN. Esas marcas permanecen entre 5 y 10 años después de la pérdida de peso exitosa», señala el análisis. Mauro fue directo en la implicación: «El proceso de revertir esa memoria de obesidad en las células probablemente requiera una gestión sostenida del peso durante años después de una pérdida importante».

Por qué esto importa especialmente para los usuarios de Ozempic

Ozempic
© Peter Dazeley via Getty

El hallazgo adquiere una dimensión particular en el contexto actual, cuando millones de personas usan semaglutida (Ozempic, Wegovy) u otros fármacos GLP-1 para perder peso de forma rápida y significativa. Esos fármacos son extraordinariamente efectivos para reducir el peso corporal, pero la pérdida de peso que producen no revierte automáticamente todos los riesgos asociados a la obesidad.

Si la memoria inmune de la obesidad persiste durante años, quienes pierdan peso con estos fármacos podrían seguir teniendo un sistema inmune con ese perfil proinflamatorio durante una década, incluso si su IMC ya es normal. Eso no invalida el valor de los fármacos —reducir el peso tiene beneficios reales e inmediatos—, pero sí sugiere que la gestión médica de largo plazo debería incluir monitoreo del estado inflamatorio, no solo del peso.

La inflamación crónica que no se ve en la balanza

La inflamación crónica de bajo grado es uno de los mecanismos centrales por los que la obesidad aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, varios tipos de cáncer y deterioro cognitivo. Que esa inflamación pueda persistir a nivel celular años después de perder peso explica un fenómeno que los médicos observan clínicamente pero no terminaban de entender: por qué algunos pacientes que perdieron mucho peso siguen teniendo marcadores inflamatorios elevados o desarrollan enfermedades que se supone relacionadas con la obesidad años después.

El estudio no plantea que la pérdida de peso sea inútil —todo lo contrario. Pero sí establece que la biología del sistema inmune tarda mucho más en ponerse al día con el peso del cuerpo de lo que se pensaba. La obesidad, en ese sentido, deja una huella que va más allá de los tejidos adiposos y se inscribe en las células que regulan la respuesta del organismo a las enfermedades.

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