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Ciencia

Bajo más de 3 kilómetros de hielo, la Antártida escondía una red de cuencas del tamaño de medio continente. Su forma de abanico revela cómo la corteza empezó a romperse antes de la separación de Gondwana

Varias de las mayores depresiones situadas bajo la Antártida Oriental no serían estructuras independientes, como se pensaba hasta ahora. Un nuevo estudio las reúne dentro de una enorme provincia tectónica que nace cerca del Polo Sur y conserva las huellas de la ruptura del antiguo supercontinente.
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La superficie de la Antártida transmite una falsa sensación de uniformidad. Bajo su capa de hielo existen cordilleras, lagos, valles y depresiones capaces de competir en tamaño con algunos de los accidentes geográficos más importantes del resto del planeta.

Una investigación publicada en Nature Geoscience acaba de revelar que varias de esas estructuras ocultas forman parte de un mismo sistema. Se trata de una gigantesca red de cuencas con forma de abanico que se extiende por una porción semicontinental de la Antártida Oriental y que podría explicar cómo comenzó a deformarse la corteza antes de la ruptura de Gondwana.

El equipo, liderado por Egidio Armadillo, de la Universidad de Génova, ha bautizado la formación como Provincia de Cuencas en Forma de Abanico de la Antártida Oriental. Dentro de ella se encuentran algunas depresiones ya conocidas, como las cuencas subglaciales de Wilkes y Aurora y la fosa que alberga el lago Vostok.

La diferencia es que estas estructuras habían sido estudiadas habitualmente por separado. El nuevo trabajo propone que todas pertenecen a una misma arquitectura tectónica de escala continental.

Treinta cuencas que parecen abrirse desde el Polo Sur

Bajo más de 3 kilómetros de hielo, la Antártida escondía una red de cuencas del tamaño de medio continente. Su forma de abanico revela cómo la corteza empezó a romperse antes de la separación de Gondwana
© NASA Earth Observatory,

El descubrimiento comenzó con una observación relativamente sencilla. Al examinar nuevos mapas del relieve situado bajo el hielo, los investigadores comprobaron que numerosas depresiones alargadas parecían irradiar desde una zona común próxima al Polo Sur.

En total, el equipo identificó alrededor de 30 cuencas, muchas de ellas con formas triangulares o en V. Vistas en conjunto, se ensanchan hacia el exterior como las varillas de un abanico abierto.

Para comprobar que el patrón no era una simple coincidencia topográfica, los científicos combinaron mapas del subsuelo con datos gravitatorios, magnéticos y sísmicos. La misma geometría apareció en estructuras mucho más profundas de la corteza y la litosfera, lo que indica que el relieve tiene un origen tectónico y no es únicamente el resultado de la erosión producida por los glaciares.

Según el estudio, y lo que indica Live Science, la provincia abarca desde las montañas subglaciales Gamburtsev hasta la cordillera Transantártica. Algunas de sus cuencas se extienden más de 1.500 kilómetros hacia el interior del continente y permanecen cubiertas por espesores de hielo superiores a los tres kilómetros.

La Antártida no se separó de Australia mediante una sola fractura

Bajo más de 3 kilómetros de hielo, la Antártida escondía una red de cuencas del tamaño de medio continente. Su forma de abanico revela cómo la corteza empezó a romperse antes de la separación de Gondwana
© Nature Geoscience.

La hipótesis planteada por los investigadores es que la estructura se formó mediante un proceso llamado extensión rotacional distribuida.

En lugar de romperse siguiendo una línea recta, la corteza terrestre habría comenzado a estirarse y girar alrededor de una zona relativamente fija. El movimiento sería similar al de un abanico: el punto de unión permanece casi inmóvil, mientras sus varillas se separan progresivamente y dejan espacios triangulares entre ellas.

En la Antártida, esos espacios serían las grandes cuencas identificadas bajo el hielo. Los autores sostienen que esta deformación comenzó antes de la fragmentación definitiva de Gondwana. El estiramiento debilitó la litosfera y pudo preparar el terreno para la posterior separación entre la Antártida y Australia, que avanzó durante millones de años hasta abrir el océano entre ambos continentes, explica Phys.org.

El modelo también ofrece una explicación para la forma curva de los márgenes continentales de Australia y la Antártida. Las fallas situadas en el extremo exterior del abanico habrían controlado la dirección en la que progresó la ruptura.

Una cicatriz tectónica que todavía controla el movimiento del hielo

Bajo más de 3 kilómetros de hielo, la Antártida escondía una red de cuencas del tamaño de medio continente. Su forma de abanico revela cómo la corteza empezó a romperse antes de la separación de Gondwana
© Nature Geoscience.

La importancia del descubrimiento no se limita a reconstruir un episodio geológico remoto. Las cuencas creadas por aquellos movimientos tectónicos continúan influyendo en el comportamiento actual de la capa de hielo.

Estas depresiones funcionan como corredores naturales que pueden canalizar glaciares y corrientes de hielo hacia la costa. También condicionan la localización de lagos subglaciales y la circulación del agua bajo la superficie congelada.

De acuerdo con el equipo, comprender la geometría del lecho rocoso resulta esencial para mejorar los modelos que intentan anticipar cómo responderá la Antártida Oriental al calentamiento global. El hielo no se desplaza sobre una superficie plana: avanza sobre un terreno profundamente irregular, cuya forma puede acelerarlo, frenarlo o dirigirlo hacia determinadas regiones costeras.

Los investigadores advierten, sin embargo, que su reconstrucción todavía es una hipótesis. La edad exacta de la deformación no se conoce y es posible que la estructura se desarrollara durante varias etapas tectónicas distintas.

Aun así, la imagen que deja el estudio resulta difícil de ignorar. Bajo uno de los mantos de hielo más gruesos del planeta, la Antártida conserva una estructura monumental que conecta decenas de cuencas y registra el momento en que un supercontinente comenzó, lentamente, a abrirse.

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