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Ciencia

Bajo la cara oculta de la Luna hay una estructura de 60 km que lleva 4.200 millones de años guardando un secreto

Una enorme masa de roca enterrada bajo la región de Dewar conserva una señal magnética difícil de explicar. Al reconstruir su origen, los científicos encontraron una pista sobre cómo era la Luna cuando todavía era joven.
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Hoy miramos la Luna como un mundo prácticamente muerto: sin volcanes activos, sin océanos y, a diferencia de la Tierra, sin un gran campo magnético generado en su interior. Pero bajo la superficie de su cara oculta acaba de aparecer una especie de cápsula del tiempo.

Está en la región de Dewar y tiene unos 60 kilómetros de ancho.

Un equipo liderado por investigadores de la ETH de Zúrich combinó antiguas observaciones orbitales y encontró allí una masa de roca mucho más densa y magnetizada que la corteza que la rodea. Su explicación más probable es que se trate de magma que ascendió desde el interior lunar y terminó solidificándose hace aproximadamente 4.200 millones de años.

El detalle importante es que, al enfriarse, aquella roca parece haber conservado algo más: la huella de un campo magnético que ya no existe.

Tres anomalías estaban ocurriendo exactamente en el mismo lugar

Bajo la cara oculta de la Luna hay una estructura de 60 km que lleva 4.200 millones de años guardando un secreto
© NASA/GSFC/Arizona State University.

Dewar llevaba tiempo llamando la atención de los científicos. En esta región coinciden una anomalía magnética especialmente intensa, una anomalía gravitatoria y uno de los extraños “remolinos lunares”, esas marcas claras y sinuosas que aparecen repartidas por determinadas zonas de la superficie.

Que las tres cosas aparecieran juntas permitió hacer algo que normalmente resulta mucho más difícil: relacionar el magnetismo observado desde el espacio con una estructura geológica concreta situada bajo el terreno. 

Los investigadores combinaron mediciones gravitatorias de las sondas GRAIL de la NASA con modelos magnéticos construidos a partir de datos de Lunar Prospector y Kaguya. Al procesarlos conjuntamente reconstruyeron una masa que no solo tiene unos 60 kilómetros de diámetro, sino que se extiende aproximadamente nueve kilómetros bajo la superficie.

Por su densidad, composición y topografía, el equipo interpreta que estamos ante un antiguo complejo volcánico enterrado: magma procedente de las profundidades que se enfrió lentamente dentro de la corteza lunar. Y es precisamente ese enfriamiento el que permitió viajar miles de millones de años hacia atrás.

La roca necesitó un campo magnético sorprendentemente potente

Bajo la cara oculta de la Luna hay una estructura de 60 km que lleva 4.200 millones de años guardando un secreto
© NASA.

Cuando determinados minerales ricos en hierro se enfrían, pueden conservar la orientación del campo magnético existente en ese momento. Es algo parecido a congelar una brújula dentro de una roca.

A partir de la cantidad de hierro disponible en Dewar y de su magnetización actual, los investigadores calcularon que el campo que existía cuando aquella masa se solidificó debía superar los 10 u 11 microteslas.

Como comparación, el campo magnético terrestre actual ronda los 50 microteslas. No sería, por tanto, una señal insignificante. La explicación que gana peso es que la Luna joven tenía una dinamo interna: movimientos de materiales conductores dentro de su núcleo capaces de generar un campo magnético global, de una forma comparable (aunque no necesariamente idéntica) al mecanismo que continúa funcionando dentro de la Tierra.

El equipo también considera poco probable que la magnetización de Dewar fuera producto de un campo transitorio generado durante un enorme impacto, porque la región se encuentra fuera de las zonas donde ese escenario encaja con la geología conocida.

El misterio no está completamente cerrado

Bajo la cara oculta de la Luna hay una estructura de 60 km que lleva 4.200 millones de años guardando un secreto
© NASA/GSFC/Arizona State University.

La existencia de una antigua dinamo lunar lleva décadas generando discusión. Paradójicamente, parte del problema procede de las propias rocas traídas por las misiones Apollo. Algunas conservan señales compatibles con un campo relativamente potente y duradero entre hace unos 4.250 y 3.500 millones de años; otras investigaciones han cuestionado esa interpretación.

Dewar no elimina esas contradicciones porque el estudio analiza una única región. Lo que ofrece es algo diferente: evidencia obtenida sin depender de una muestra traída a la Tierra.

Además, puede ayudar a explicar los propios remolinos lunares. Las zonas magnetizadas podrían desviar parcialmente el viento solar, reduciendo la erosión espacial y dejando la superficie más brillante que sus alrededores. Los investigadores creen que entender estos pequeños “escudos” naturales podría incluso resultar útil para futuras misiones humanas.

La gran pregunta, por tanto, empieza a cambiar. Durante años fue si la Luna había tenido alguna vez una dinamo. Si la interpretación de Dewar se confirma en otras regiones, el siguiente misterio será bastante más complicado: cómo un núcleo lunar tan pequeño consiguió mantener un campo magnético de semejante intensidad hace 4.200 millones de años.

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