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Ciencia

La Unión Soviética buscaba gas bajo el desierto y acabó abriendo una cicatriz de fuego. Décadas después, sigue siendo conocida como la “Puerta al Infierno”

En mitad del desierto de Karakum, un cráter lleva décadas alimentando uno de los incendios más extraños del planeta. Después de incontables intentos, Turkmenistán parece haber encontrado una forma de asfixiarlo.
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En mitad de uno de los desiertos más inhóspitos de Asia Central existe un agujero que durante décadas pareció desafiar una regla bastante básica: todo fuego termina apagándose.

El cráter de Darvaza, en Turkmenistán, lleva tanto tiempo expulsando y quemando gas natural que terminó ganándose un nombre inevitable: la “Puerta al Infierno”. Tiene alrededor de 60 o 70 metros de diámetro y unos 20 o 30 de profundidad, dependiendo de la medición, y durante años su resplandor podía distinguirse desde kilómetros de distancia. 

Su historia suele resumirse de una forma casi perfecta para una película: en 1971, unos geólogos soviéticos perforaron el lugar, el suelo se desplomó y decidieron prender fuego al gas pensando que se consumiría en pocos días.

Hay un problema. Nadie sabe con certeza si ocurrió exactamente así.

Ni siquiera sabemos cuándo comenzó el incendio

La Unión Soviética buscaba gas bajo el desierto y acabó abriendo una cicatriz de fuego. Décadas después, sigue siendo conocida como la “Puerta al Infierno”
© Andrew Robertson.

La versión de 1971 se ha repetido durante décadas, pero los registros contemporáneos son prácticamente inexistentes. George Kourounis, el explorador que en 2013 descendió al interior del cráter para recoger muestras, contó a National Geographic que los geólogos locales le ofrecieron otra cronología: el hundimiento podría haber ocurrido durante los años 60 y el fuego habría comenzado incluso en los 80. No encontraron documentos soviéticos que permitieran resolver definitivamente el misterio.

Lo que sí parece claro es que el accidente estuvo relacionado con prospecciones de gas en una región extraordinariamente rica en hidrocarburos. El terreno cedió sobre una cavidad subterránea y el gas comenzó a escapar.

En algún momento alguien lo encendió. La explicación tradicional sostiene que pretendían evitar que el metano se extendiera por la superficie y asumieron que las reservas se agotarían rápidamente. En lugar de eso, diferentes capas geológicas continuaron alimentando el cráter durante décadas.

Así nació uno de los accidentes industriales más famosos del planeta.

Apagar las llamas nunca fue realmente el problema

La Unión Soviética buscaba gas bajo el desierto y acabó abriendo una cicatriz de fuego. Décadas después, sigue siendo conocida como la “Puerta al Infierno”
© Shutterstock / Borkowska Trippin.

Cubrir el cráter o sofocar el fuego parece sencillo sobre el papel. El auténtico desafío está debajo. El gas emerge por numerosos puntos del subsuelo, de manera que simplemente tapar la superficie podría provocar que el metano encontrara nuevas rutas de escape. Y eso podría ser incluso peor: al quemarse, gran parte del metano se convierte en CO₂ y vapor de agua; sin combustión, el metano liberado directamente a la atmósfera tiene un efecto climático mucho más potente.

Por eso Turkmenistán terminó probando una estrategia diferente: no apagar el fuego, sino quitarle el combustible. Ingenieros de la empresa estatal Turkmengaz comenzaron a recuperar antiguos pozos y perforar otros nuevos alrededor de Darvaza para extraer el gas antes de que llegara al cráter. Uno de esos pozos, terminado en 2024, llegó a producir unos 600.000 metros cúbicos diarios. Otro comenzó a operar en 2025.

La “Puerta al Infierno” ya no parece la misma

La Unión Soviética buscaba gas bajo el desierto y acabó abriendo una cicatriz de fuego. Décadas después, sigue siendo conocida como la “Puerta al Infierno”
© Shutterstock / tuzla.

La estrategia está teniendo un efecto visible. Turkmengaz aseguró en 2025 que la intensidad del incendio había caído aproximadamente tres veces. Fotografías tomadas ese mismo año mostraban apenas algunos focos aislados donde anteriormente existían paredes enteras cubiertas de llamas.

A finales de 2025, las autoridades anunciaron además otro pozo destinado específicamente a desviar el flujo subterráneo que alimenta Darvaza, con el objetivo de eliminar finalmente la combustión descontrolada. No está garantizado que funcione: especialistas en ingeniería de gas advierten que las filtraciones subterráneas son complejas y podrían persistir incluso después de nuevas perforaciones.

La Unión Soviética buscaba gas bajo el desierto y acabó abriendo una cicatriz de fuego. Décadas después, sigue siendo conocida como la “Puerta al Infierno”
© CAROLYN DRAKE, PANOS.

Es una ironía bastante particular. Durante décadas, turistas atravesaron el Karakum para contemplar un gigantesco infierno abierto en mitad del desierto. Ahora algunos llegan y descubren que las fotografías que hicieron famoso al lugar ya pertenecen, poco a poco, a otra época.

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