Parece un mosquito atrapado entre dos dedos. Tiene un cuerpo extremadamente fino, dos pequeñas alas y tres patas casi del grosor de un cabello. Pero no es un insecto: es un vehículo aéreo desarrollado por una universidad vinculada al Ejército chino.
El dispositivo fue presentado en 2025 por investigadores de la National University of Defence Technology (NUDT), situada en la provincia china de Hunan. La demostración apareció en CCTV-7, el canal militar de la televisión estatal china.
Su tamaño explica por qué rápidamente empezó a ser descrito como un “mosquito espía”.
Mide apenas dos centímetros y pesa 0,3 gramos
Según los datos publicados tras su presentación, el microdron mide aproximadamente dos centímetros y pesa alrededor de 0,3 gramos.
Su diseño biomimético intenta reproducir parte de la mecánica de vuelo de un insecto: utiliza dos alas flexibles con forma de hoja y dispone de tres patas ultrafinas que le permiten apoyarse sobre diferentes superficies.
Durante la presentación, Liang Hexiang, estudiante de NUDT, explicó que este tipo de robots biónicos en miniatura resulta especialmente apropiado para “reconocimiento de información” y misiones especiales en el campo de batalla.
El equipo también mostró otra variante con cuatro alas que podía controlarse utilizando un teléfono móvil, aunque las características técnicas completas del sistema no fueron reveladas públicamente.

Su principal arma es pasar desapercibido
Un dron convencional puede ser localizado mediante radar, cámaras, sonido o su firma térmica. Reducir una aeronave hasta prácticamente el tamaño de un insecto complica enormemente algunas de esas formas de detección.
Los especialistas señalan que las dimensiones del prototipo chino podrían dificultar especialmente su detección mediante radares convencionales. Su sistema de alas batientes también está diseñado para minimizar sus firmas visual y acústica.
Eso no significa, sin embargo, que sea literalmente indetectable, completamente silencioso o invisible térmicamente. Estas son afirmaciones que van más allá de las capacidades demostradas públicamente.
Su interés militar está en otra parte: un dispositivo diminuto podría, en principio, entrar en espacios estrechos y observar zonas donde un dron tradicional llamaría inmediatamente la atención.
Meter un dron completo dentro de un mosquito tiene un enorme problema
Miniaturizar un vehículo aéreo hasta esta escala obliga a comprimir batería, sensores, sistemas de comunicación, procesadores y circuitos de control en un espacio minúsculo.
Y ahí aparece su principal limitación.
Cuanto menor es el dispositivo, menos energía puede transportar y menor es normalmente la carga útil disponible para cámaras, sensores o comunicaciones. La autonomía y la estabilidad frente al viento también representan desafíos importantes para estos sistemas.
De hecho, la demostración pública no reveló cuánto tiempo puede permanecer en vuelo, qué alcance tiene, qué sensores transporta realmente ni a qué distancia puede transmitir información.
El escenario de “mosquitos espía” todavía está lejos de demostrarse
La tecnología inevitablemente plantea preguntas sobre vigilancia, privacidad y utilización militar de robots prácticamente imperceptibles.
China tampoco está sola en esta carrera. Varios países trabajan desde hace años con microvehículos aéreos; sistemas bastante mayores como el Black Hornet, por ejemplo, ya son utilizados para reconocimiento por diferentes fuerzas armadas.
Pero conviene separar el prototipo real de los escenarios de ciencia ficción.
No existen pruebas públicas de que China tenga enjambres operativos de drones del tamaño de mosquitos vigilando personas, ni de que estos dispositivos puedan hackear teléfonos, robar contraseñas o infiltrarse en sistemas electrónicos.
Lo que NUDT mostró es, por ahora, algo quizá más interesante: hasta qué punto la ingeniería está consiguiendo reducir una máquina voladora funcional antes de empezar a chocar con los límites físicos de la energía, los sensores y las comunicaciones.