China quiere ampliar su dominio tecnológico más allá de los coches eléctricos, los semiconductores, la inteligencia artificial y los robots humanoides. Uno de los sectores llamados a ocupar un lugar central durante los próximos años es la biotecnología.
El Plan Quinquenal 2026-2030 incluye la biomedicina entre las futuras industrias pilares, junto con los circuitos integrados, la industria aeroespacial y la economía de baja altitud. También prioriza la biomanufactura, que utiliza células, microorganismos y procesos biológicos para producir medicamentos, alimentos, materiales, combustibles y productos químicos.
No se trata de una decisión repentina causada por las dudas sobre la IA. China presentó en 2022 su primer plan nacional específico para la bioeconomía y estableció como meta situarse entre los líderes mundiales del sector antes de 2035.
China ya no se limita a fabricar medicamentos baratos
Durante décadas, la industria farmacéutica china estuvo asociada principalmente con principios activos, medicamentos genéricos y producción a bajo coste. Esa imagen está cambiando rápidamente.
Las empresas chinas desarrollan ahora anticuerpos, terapias celulares, tratamientos basados en ARN y fármacos contra el cáncer, la obesidad y enfermedades crónicas. China contaba en 2026 con alrededor de 4.750 medicamentos en desarrollo, aproximadamente un tercio de los candidatos mundiales, frente al 8% registrado en 2018.
El cambio también puede observarse en los acuerdos internacionales. El valor máximo potencial de las licencias concedidas por compañías de la Gran China alcanzó unos 137.700 millones de dólares en 2025, casi diez veces más que en 2021.
Estas cantidades no son pagos inmediatos ni ingresos garantizados. Normalmente combinan una cantidad inicial relativamente pequeña con pagos futuros condicionados a que el medicamento supere ensayos clínicos, reciba autorización y alcance determinados niveles de ventas.

AstraZeneca acaba de poner 1.770 millones sobre la mesa
Uno de los ejemplos más recientes es el acuerdo entre AstraZeneca y CSPC Pharmaceutical Group. La farmacéutica británica pagará 30 millones de dólares iniciales y podría entregar hasta 1.740 millones adicionales para desarrollar dos posibles tratamientos de ARN interferente contra enfermedades renales.
La cifra total puede alcanzar los 1.770 millones, pero dependerá de hitos científicos y comerciales. Tampoco supone que AstraZeneca haya comprado toda la empresa china, sino que obtiene acceso a su tecnología y colabora en el desarrollo de candidatos todavía experimentales.
El acuerdo se suma a una relación mucho más amplia. En enero, ambas compañías anunciaron una colaboración de hasta 18.500 millones de dólares para desarrollar ocho programas relacionados con obesidad, diabetes y sus complicaciones.
Esta corriente representa una inversión del flujo histórico de conocimiento. Las empresas chinas, que antes adquirían tecnologías occidentales, venden ahora derechos internacionales sobre moléculas propias a multinacionales como AstraZeneca, GSK, Merck, Novartis y AbbVie.
No es una fuga masiva desde la IA
La reciente caída de algunas acciones tecnológicas asiáticas ha llevado a ciertos inversores a buscar sectores menos concentrados, incluida la salud. Las preocupaciones sobre las valoraciones de la IA y la enorme inversión necesaria para construir centros de datos provocaron una venta de acciones tecnológicas a finales de julio.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que China esté abandonando la IA o trasladando estructuralmente todo ese capital a la biotecnología. Los fondos chinos continúan captando miles de millones para inteligencia artificial, semiconductores y otras empresas tecnológicas.
Lo que ocurre es una diversificación: los inversores empiezan a considerar que la próxima gran empresa china no tiene por qué fabricar chips o modelos de lenguaje. También podría desarrollar un medicamento contra el cáncer o un proceso biológico capaz de producir materiales con menos energía.
China establece biotecnología como pilar clave para alcanzar potencia mundial: China ha establecido un ambicioso objetivo: convertirse en la principal potencia mundial en un futuro cercano. En el marco de su último Plan Quinquenal, el país ha delineado… https://t.co/hZxYfWDKbK pic.twitter.com/BX1sj5PoBb
— Juan Antonio Tirado (@jatirado) August 3, 2026
Una nueva competencia con Estados Unidos
Estados Unidos conserva gigantes farmacéuticos, universidades punteras, abundante capital y una potente infraestructura de investigación. China aporta una gran población de pacientes, ensayos clínicos más rápidos, científicos formados internacionalmente, costes menores y un sistema estatal capaz de dirigir recursos hacia sectores prioritarios.
La relación tampoco es únicamente una confrontación. Mientras ambos gobiernos compiten por controlar tecnologías estratégicas, sus empresas mantienen acuerdos millonarios que mezclan investigación china, financiación occidental y mercados globales.
La biotecnología china todavía debe demostrar que muchos de sus candidatos funcionan en ensayos internacionales y superan los controles regulatorios de otros países. Pero el cambio ya es visible: China ha dejado de ser solamente la fábrica farmacéutica del mundo y aspira a convertirse en uno de sus principales laboratorios.