Construir una presa de 315 metros de altura ya sería un desafío extraordinario en condiciones normales. China decidió hacerlo a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar, encajada entre las montañas de Sichuan y en un lugar donde durante el invierno el termómetro puede caer hasta 20 grados bajo cero. Entonces apareció un problema bastante básico: la tierra se congelaba.
La presa de Shuangjiangkou utiliza millones de metros cúbicos de roca alrededor de un núcleo impermeable de tierra y grava que debe extenderse y compactarse cuidadosamente. Si ese material se congela, deja de comportarse como necesitan los ingenieros. El periodo efectivo de construcción podía reducirse a menos de seis meses al año y, durante el peor momento del invierno, apenas quedar unas semanas útiles
La solución fue sorprendentemente sencilla: colocar enormes espejos en la montaña y obligar a la luz del Sol a llegar donde normalmente nunca llegaría.
27 espejos convierten el Sol en una gigantesca herramienta de obra
Se llaman heliostatos. Son espejos motorizados capaces de seguir la posición del Sol y cambiar continuamente su orientación para enviar la radiación hacia un mismo punto.
En Shuangjiangkou apuntan directamente a las zonas del núcleo que permanecen a la sombra durante el invierno. El proyecto empezó con 20 unidades, instaladas entre finales de 2021 y febrero de 2022, que sumaban unos 1.340 metros cuadrados de superficie reflectante. La instalación se amplió posteriormente hasta los 27 heliostatos utilizados actualmente.
Las mediciones iniciales mostraron que no se trataba simplemente de iluminar mejor la obra. Las áreas alcanzadas por los espejos podían registrar una temperatura superficial aproximadamente 6 °C superior a las zonas sin iluminación, mientras que cinco centímetros bajo la superficie la diferencia rondaba 1 °C.
Eso es suficiente para cambiar una jornada de trabajo. Según responsables del proyecto, el sistema permite aumentar alrededor de 3 °C las condiciones térmicas efectivas de la zona de construcción y sumar aproximadamente tres horas de trabajo al día en determinados periodos fríos. La superficie puede volver a superar los cero grados mucho antes que las partes que permanecen en sombra.
Dicho de otra manera: en lugar de calentar una montaña utilizando enormes cantidades de electricidad o combustible, los ingenieros consiguieron que el Sol llegara hasta el lado equivocado del valle.
Todo para terminar una de las presas más grandes jamás construidas
Shuangjiangkou es una presa de escollera con núcleo central situada sobre el río Dadu. Su volumen de relleno supera los 46 millones de metros cúbicos y su altura máxima proyectada alcanza los 315 metros. Una vez completada, estará por encima de los aproximadamente 305 metros de Jinping-I, actualmente una de las mayores referencias mundiales entre las presas terminadas. Y la instalación ya empezó a producir electricidad antes de que termine completamente la obra.
La primera de sus cuatro turbinas de 500 MW entró en funcionamiento el 26 de junio de 2026. A finales de agosto ya operaban tres unidades, con 1.500 MW de los 2.000 MW previstos. Cuando las cuatro estén activas, CHN Energy calcula una generación media de aproximadamente 7.700 millones de kWh al año.
El detalle más extraño está en que la tecnología no es nueva
Los heliostatos llevan décadas utilizándose en centrales termosolares. Allí cientos o miles de espejos concentran radiación sobre una torre para producir temperaturas enormes y generar electricidad.
China simplemente cambió el objetivo. En vez de apuntar hacia una central, los espejos de Shuangjiangkou apuntan hacia un montón gigantesco de tierra que no puede permitirse congelarse. Y esa pequeña diferencia resume bastante bien la escala del proyecto: cuando una montaña bloqueó el Sol que necesitaban para construir la presa, los ingenieros no esperaron al verano.
Decidieron mover la luz.