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Ciencia

El cambio en un lunar que puede ser una señal de melanoma y no conviene ignorar

La mayoría de los lunares son benignos y permanecen estables durante años. Pero si una mancha cambia de tamaño, forma o color, comienza a picar o sangrar, o simplemente se ve diferente al resto, los dermatólogos recomiendan revisarla.
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Mirar un lunar y preguntarse si siempre tuvo esa forma es algo bastante común. La mayoría no representa ningún problema, pero algunos cambios pueden convertirse en una señal de advertencia.

El melanoma es un cáncer de piel que puede aparecer dentro de un lunar ya existente o desarrollarse como una lesión completamente nueva. Por eso, una de las claves para detectarlo de forma temprana es conocer cómo luce normalmente nuestra piel y prestar atención a cualquier modificación.

Qué es realmente un lunar

Los lunares, también llamados nevus, son concentraciones de melanocitos, las células que producen melanina.

Un lunar común suele ser redondo u ovalado, relativamente simétrico, de color uniforme y con bordes bien definidos. La mayoría aparece durante la infancia o la juventud y permanece prácticamente igual durante muchos años.

Precisamente por eso, un cambio puede llamar la atención.

El cambio en un lunar que puede ser una señal de melanoma y no conviene ignorar
© Magnific

La regla ABCDE

Los dermatólogos utilizan la regla ABCDE como una guía sencilla para identificar lesiones que merecen ser examinadas:

  • A de asimetría: una mitad de la lesión no se parece a la otra.
  • B de bordes: son irregulares, poco definidos o dentados.
  • C de color: presenta diferentes tonos dentro de la misma lesión.
  • D de diámetro: muchos melanomas superan los 6 mm, aunque pueden ser más pequeños.
  • E de evolución: cambia de tamaño, forma o color con el tiempo.

La última letra es especialmente importante porque una lesión que evoluciona merece atención incluso aunque no cumpla todos los demás criterios.

También importa si se ve diferente a todos los demás

Existe otra herramienta conocida como la regla del “patito feo”.

La idea es sencilla: los lunares de una misma persona suelen compartir ciertas características. Si aparece uno claramente diferente —más oscuro, más grande, con otra forma o simplemente distinto al resto— conviene observarlo con mayor atención.

No significa que necesariamente sea melanoma, pero sí puede justificar una consulta dermatológica.

Picazón o sangrado también pueden ser señales

El melanoma no siempre produce síntomas físicos.

Muchas veces, la única señal es un cambio visible. Sin embargo, algunas lesiones pueden picar, doler, formar costras o sangrar. La Academia Americana de Dermatología recomienda consultar ante manchas nuevas, diferentes o que estén cambiando, picando o sangrando.

También existen melanomas que no parecen un lunar oscuro típico. Algunos pueden verse rosados o rojizos, aparecer debajo de una uña o adoptar la apariencia de una lesión que no cicatriza.

Revisar toda la piel importa

Los autoexámenes pueden ayudar a detectar cambios, pero no deberían limitarse a las zonas más expuestas al sol.

La espalda, el cuero cabelludo, las palmas, las plantas de los pies y los espacios entre los dedos también pueden desarrollar cáncer de piel.

Si aparece una lesión nueva o una ya existente cambia de manera llamativa, un dermatólogo puede examinarla con herramientas como la dermatoscopia y decidir si necesita estudios adicionales.

La mayoría de los lunares nunca se convertirá en melanoma. Pero cuando algo cambia, la comparación con su aspecto anterior puede ser una de las pistas más útiles para detectarlo a tiempo.

 

 

Fuente: Futura Science.

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