El Yangtsé no es solamente el río más largo de Asia. Su cuenca alberga a más de 400 millones de personas y durante décadas ha sostenido ciudades, industrias, agricultura, transporte y generación eléctrica en buena parte de China.
Precisamente esa presión terminó convirtiéndose en su gran problema.
Sobrepesca, contaminación, navegación, transformación de las riberas y grandes presas fueron degradando progresivamente uno de los ecosistemas de agua dulce más importantes del planeta. La pesca anual, que superaba las 420.000 toneladas durante la década de 1950, había caído por debajo de las 100.000 toneladas cuando China decidió intervenir.
El 1 de enero de 2021 entró en vigor una medida sin precedentes: diez años sin pesca comercial en el cauce principal, grandes tributarios y lagos conectados al Yangtsé.
Cinco años después, los peces están regresando
Los primeros resultados son mucho más rápidos de lo esperado.
Un estudio publicado en Science analizó la evolución de las comunidades de peces antes y después de la prohibición y concluyó que la medida consiguió detener siete décadas de pérdida continua de biodiversidad.
La biomasa total de peces se ha más que duplicado, mientras que también mejoraron la diversidad, el estado corporal de los animales y la presencia de especies de mayor tamaño.
China has achieved notable phased results since the launch of the 10-year fishing ban on the Yangtze River in 2021, with a total of 351 indigenous fish species monitored in the Yangtze River basin from 2021 to 2025, 43 more than in the pre-ban period, while the monitored unit… pic.twitter.com/dhwqp6PZqZ
— People's Daily, China (@PDChina) April 2, 2026
Eso último resulta especialmente importante. Los peces grandes suelen ser los primeros en desaparecer bajo una presión pesquera intensa porque tardan más tiempo en alcanzar la madurez y son precisamente los ejemplares más buscados.
Incluso la marsopa del Yangtsé vuelve a crecer
La recuperación empieza a observarse también más arriba en la cadena alimentaria.
La marsopa sin aleta del Yangtsé, el único cetáceo de agua dulce que todavía sobrevive en el río, pasó de 1.249 ejemplares contabilizados en 2022 a 1.426 según los datos oficiales publicados en 2026.
Su recuperación es especialmente relevante porque un depredador de este tipo necesita disponer de suficientes presas y un ecosistema funcional para mantener su población.
Los científicos identifican la prohibición pesquera como el principal motor de la mejora, aunque no el único. La reducción del tráfico de embarcaciones, la recuperación de vegetación ribereña y mejoras en la calidad del agua también habrían contribuido.
Pero alguien tuvo que pagar la factura
Una prohibición de semejante escala tiene consecuencias humanas enormes.
Cuando China diseñó la moratoria calculó que afectaría a más de 110.000 embarcaciones y cerca de 280.000 pescadores de diez regiones provinciales. El Gobierno prometió subsidios, seguridad social, capacitación y nuevos empleos para quienes debieran abandonar una actividad que en muchas familias llevaba generaciones practicándose.
Algunos antiguos pescadores fueron incorporados incluso como vigilantes del propio río. Para otros, la transición significó buscar completamente nuevas formas de vida.
Huge step for conservation!
China will impose a 10-year ban on fishing in the Yangtze River to protect biodiversity.100,000 fishing vessels will be made redundant and some 300,000 fish farmers will have to be relocated.https://t.co/wI30ePV7Db pic.twitter.com/auhxcMg9QM
— Erik Solheim (@ErikSolheim) July 20, 2020
Recuperar los peces no significa haber salvado todavía al Yangtsé
La prohibición tampoco elimina todos los problemas.
El río continúa sometido a presas, alteraciones hidrológicas, contaminación, navegación y fragmentación de hábitats. El propio estudio evaluó esos factores y advierte que una recuperación completa requerirá mucho más que simplemente dejar de pescar.
Pero el experimento ofrece una evidencia difícil de ignorar.
Un ecosistema gigantesco que llevaba décadas deteriorándose ha empezado a responder apenas unos años después de retirar una de sus principales presiones humanas.
China decidió darle al Yangtsé diez años de descanso. Todavía falta casi la mitad del experimento, pero los primeros resultados muestran algo que hace pocos años parecía improbable: cuando dejamos de sacar peces durante suficiente tiempo, incluso uno de los ríos más castigados del planeta puede comenzar a llenarse nuevamente de vida.