No es solo una roca visitante. El telescopio Subaru acaba de detectar alteraciones químicas en 3I/ATLAS que apuntan a algo mucho más extraño: su interior no se parece a su superficie. Y eso podría revelar cómo nacen mundos lejos del Sol.
El Big Bang lleva décadas siendo la mejor explicación del origen cósmico. Pero un nuevo estudio plantea una idea incómoda: tal vez el universo no comenzó con una singularidad infinita, sino con un estado mucho más extraño y cuántico.
La humanidad acaba de dibujar el mapa más grande del universo jamás construido. Pero lo verdaderamente impactante no es su tamaño, sino lo que insinúa: una de las fuerzas que domina el cosmos podría no ser tan estable como pensábamos.
Los agujeros negros suelen asociarse con oscuridad y destrucción silenciosa. Pero algunos también expulsan materia con una violencia difícil de imaginar. Ahora, por primera vez, la ciencia logró medir cuánta energía liberan esos chorros en tiempo real.
El tiempo parece lo más estable que existe. Marca nuestras rutinas, envejece cuerpos y ordena la historia. Sin embargo, un nuevo trabajo científico sostiene que podría comportarse de forma mucho más extraña: avanzar en dos ritmos distintos simultáneamente.
Ahora, una investigación federal se centra en las muertes o desapariciones de once científicos, tres de los cuales tenían vínculos directos con la NASA.
La extraña lesión fue provocada por las horas en que inhaló humo denso, según dijeron los médicos.
Los nuevos descubrimientos brindan todavía más evidencia que sugiere que Marte no siempre fue un desierto rojo sin vida.
Un nuevo método que prueba el poder de algunas plantas para extraer contaminantes del suelo podría hacer que el proceso sea práctico.
No siempre la fortaleza visible nace de una autoestima sólida. A veces surge de haber aprendido demasiado pronto a no esperar reconocimiento. Un análisis psicológico sostiene que muchas personas criadas sin elogios parecen autosuficientes, aunque todavía busquen ser vistas.
Al principio pensaron que se trataba de una antigua estructura gubernamental. Pero se equivocaban.
Hay descubrimientos arqueológicos que muestran objetos. Y otros que devuelven escenas completas. Bajo el centro de Biel, en Suiza, apareció uno de esos casos rarísimos: una aldea neolítica cuya breve historia pudo reconstruirse casi al detalle, incluido el temporal que la arrasó.
La escena parece absurda, pero está ocurriendo. Salmones salvajes expuestos a cocaína presente en ríos europeos están cambiando su conducta migratoria. Lo más inquietante no es solo la droga detectada en el agua, sino que cientos de compuestos similares ya forman parte del ecosistema.
La imagen era irresistible: una muralla natural cediendo y el Atlántico lanzándose como una cascada monstruosa para llenar el Mediterráneo vacío. Sonaba perfecta. Quizá demasiado perfecta. Nuevas investigaciones están llenando de matices uno de los relatos geológicos más famosos.
Lo que parecía una curiosidad botánica terminó convirtiéndose en una señal poderosa. Un musgo soportó vacío, radiación y temperaturas extremas en el espacio, y ahora abre una ruta inesperada para reverdecer otros mundos.
Durante décadas, la humanidad viajó a la Luna, recogió rocas y regresó con tesoros científicos. Aun así, seguía faltando una pieza crucial. La encontró el azar en África: un meteorito lunar caído en la Tierra desde una época casi borrada del registro.
Durante años parecieron los objetos más simples y extremos del cosmos: compactos, lisos e indiferentes a cualquier intento externo de alterarlos. Un nuevo trabajo sugiere que esa imagen estaba incompleta y que, en ciertas condiciones, también ceden.
Algunas misiones espaciales dejan rocas, fotografías o datos científicos. Otras dejan algo más inesperado: árboles. En Texas ya crece uno nacido de una semilla que salió de la Tierra, superó la órbita lunar y regresó para empezar una segunda vida en suelo firme.
El glaciar Thwaites, una de las mayores amenazas para el nivel del mar global, pierde hielo a un ritmo alarmante. Un grupo de científicos e ingenieros plantea levantar una barrera submarina de 80 kilómetros para frenar la entrada de agua cálida del océano y ganar tiempo frente a un colapso con consecuencias globales.
Durante años vimos las plumas como herramientas para volar, aislarse del frío o seducir parejas. Ahora surge otra posibilidad mucho más inquietante: que también se estén convirtiendo en sistemas de refrigeración frente a un planeta cada vez más caliente.