Un nido con cerca de diez huevos de dinosaurio, datado hace unos 150 millones de años, fue descubierto en los acantilados de Santa Cruz, en Portugal. El hallazgo ofrece nuevas pistas sobre la reproducción de dinosaurios carnívoros durante el Jurásico Superior.
Un equipo ha logrado convertir larvas de polilla en indicadores vivos que brillan cuando una infección progresa y se apagan cuando un tratamiento funciona. La combinación de edición genética y fluorescencia permite evaluar antibióticos en tiempo real, de forma rápida y barata, en un modelo que podría reducir drásticamente el uso de ratones en investigación biomédica.
Un destello de rayos X detectado por el telescopio espacial Einstein Probe activó una cadena de observaciones globales y dejó perplejos a los astrónomos. La secuencia de señales y su evolución extrema no encajan con estallidos habituales. La hipótesis más sólida apunta a un evento inédito: un agujero negro de masa intermedia desgarrando una enana blanca.
Una nueva observación del telescopio James Webb ha penetrado en una región donde el gas y el polvo se organizan para dar origen a estrellas jóvenes. La imagen de NGC 346 no es solo espectacular: permite ver cómo conviven zonas calientes y frías dentro de una misma nebulosa, una pista directa sobre los procesos que moldean galaxias y sistemas planetarios.
Un estudio en larvas de peces de aguas profundas ha identificado fotorreceptores híbridos que combinan rasgos de conos y bastones, algo que no encaja con el modelo clásico de la visión vertebrada. La solución biológica mejora la percepción en condiciones de luz crepuscular y abre pistas para nuevas tecnologías de imagen y posibles aplicaciones médicas.
Un metaanálisis internacional que reúne datos de casi una centena de estudios apunta a una misma huella estructural en el cerebro de personas con esquizofrenia y trastorno bipolar. La coincidencia sugiere que ambos diagnósticos podrían compartir una base biológica común, reforzando la idea de un “espectro de la psicosis” más allá de las categorías clínicas clásicas.
Un análisis que combina miles de genomas antiguos con modelos de expansión humana sugiere que el mestizaje con neandertales no fue un evento puntual, sino un proceso prolongado a lo largo de una amplia franja de Eurasia. El ADN heredado actúa hoy como un mapa que permite reconstruir dónde se produjo ese contacto.
Un pequeño conjunto de hojas de sílex hallado en un yacimiento de Europa Central apunta a algo poco común: un posible kit personal de un cazador-recolector del Paleolítico Superior. La forma en que aparecieron agrupadas sugiere que alguien las transportaba consigo, revelando cómo se organizaba el trabajo técnico en sociedades nómadas hace decenas de milenios.
La trompa del elefante no es solo músculo y fuerza: está cubierta por cerca de mil pelos sensoriales que funcionan como un mapa táctil distribuido. Un nuevo estudio revela que cada uno combina rigidez y flexibilidad de forma estratégica, convirtiendo el contacto físico en información espacial sin necesidad de movimientos complejos.
En un pasillo de agua entre Florida y las Bahamas se está midiendo una de las claves del clima del planeta. Allí, científicos siguen el pulso de una corriente que alimenta la “cinta transportadora” del Atlántico. Si ese motor se desacelera —o si cambia de forma— el efecto podría sentirse en lluvias, temperaturas y nivel del mar a escala global.
Casi cinco décadas después de su despegue, la nave humana más lejana sigue transmitiendo desde una región donde el entorno ya no responde al viento solar. A más de 25.000 millones de kilómetros de la Tierra, Voyager 1 se mueve en un territorio invisible que marca el final práctico de la influencia del Sol y el comienzo de un espacio dominado por la materia entre estrellas.
La idea de que el código genético surgió siguiendo un orden casi lógico empieza a tambalear. Un grupo de investigadores propone que los “ladrillos” de la vida pudieron aparecer en distintos rincones del planeta, al mismo tiempo y bajo condiciones muy diferentes. El resultado: una biología temprana marcada por la competencia entre sistemas, no por una sola receta química ganadora.
La medida suena brutal y lo es. Pero no surgió de un arrebato político ni de una cruzada ideológica. Australia tomó una decisión extrema después de constatar, durante décadas, que su biodiversidad se estaba desmoronando sin hacer ruido. Y que uno de los principales responsables no era un incendio, ni la sequía, ni el cambio climático, sino un depredador introducido por el ser humano.
Pensamos la minería como algo estrictamente terrestre: excavar, perforar, extraer. Pero una roca hallada en la Antártida acaba de introducir una idea incómoda y poderosa a la vez: algunos de los materiales más valiosos para el futuro del planeta no se formaron aquí. Y quizá nunca debimos limitarnos a mirar hacia abajo.
Una mota de materia, suspendida únicamente por luz y aislada casi por completo del entorno, acaba de comportarse de una forma que desafía nuestra intuición clásica. No es ciencia ficción: es un resultado experimental que empuja la mecánica cuántica un paso más allá de los átomos y la acerca a objetos que ya podemos visualizar.
Marte podría albergar a los primeros humanos en la década de 2030 usando recursos locales. Una de las propuestas más prometedoras plantea construir domos de hielo marciano que protejan de la radiación, dejen pasar la luz y ayuden a elevar la temperatura interior.
Cuando la luz ultravioleta toca ciertos minerales, estos responden emitiendo un resplandor inesperado. Lejos de ser un truco visual, se trata de un proceso físico que muestra cómo la materia puede absorber energía y transformarla en luz en cuestión de segundos.
Durante años, su rostro reconstruido y su supuesto origen lejano se convirtieron en símbolo de diversidad en la Britania romana. Hoy, un nuevo estudio con ADN antiguo de alta resolución obliga a revisar esa narrativa y recuerda hasta qué punto el pasado puede cambiar cuando cambian las herramientas científicas.
Un nuevo estudio revela que una región genética clave para formar dedos humanos ya existía en peces ancestrales, donde no servía para agarrar nada, sino para construir aberturas corporales básicas. La evolución, una vez más, reciclando ideas.
El último estudio de la NASA confirma un cambio sin precedentes en el brillo del planeta. El hemisferio norte refleja cada vez menos luz solar mientras el sur brilla más. Puede parecer un detalle minúsculo, pero es suficiente para alterar la circulación atmosférica y los patrones de lluvia en todo el mundo.