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Ciencia

Las huellas fósiles cuentan cómo las aves sobrevivieron al asteroide que acabó con los dinosaurios

Investigadores argentinos, canadienses y mexicanos analizaron huellas preservadas desde el Cretácico hasta el Pleistoceno. El trabajo permite seguir los cambios ecológicos de las aves durante millones de años y aporta nuevas pistas sobre cómo atravesaron la gran extinción que acabó con los dinosaurios no avianos hace 66 millones de años.
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Las huellas fósiles pueden parecer simples marcas sobre una roca, pero para los paleontólogos contienen información capaz de revelar cómo se desplazaban los animales, qué tamaño tenían e incluso qué ambientes ocupaban. Ahora, un equipo internacional liderado por investigadores argentinos reunió estos registros para reconstruir millones de años de evolución de las aves en Gondwana.

El estudio, publicado en Scientific Reports, analizó 23 formaciones geológicas distribuidas por los antiguos territorios de Gondwana, desde el Cretácico Temprano hasta el Pleistoceno tardío. De ellas, 18 se encuentran en Sudamérica y nada menos que 17 corresponden a Argentina, convirtiendo al país en una de las regiones con el registro de huellas fósiles de aves más importante del antiguo supercontinente.

El trabajo fue encabezado por Martín E. Farina, investigador de la Universidad de Buenos Aires y CONICET, junto con especialistas de la Universidad de Saskatchewan, en Canadá, y la Universidad Nacional Autónoma de México.

Las huellas cuentan mucho más que cuántas aves había

Hasta ahora, buena parte de estos estudios se concentraba en la icnodiversidad, es decir, la cantidad de tipos distintos de huellas presentes en un determinado lugar o período.

Los investigadores incorporaron otro concepto: la icnodisparidad, que analiza cuánto difieren morfológicamente esas huellas entre sí. De esta manera, no solo importa cuántos tipos existen, sino también cuántas formas funcionalmente diferentes aparecen.

Las huellas fósiles cuentan cómo las aves sobrevivieron al asteroide que acabó con los dinosaurios
© biointeractive – Youtube.

Para estudiarlo, clasificaron las pisadas según características como el número y orientación de los dedos, la presencia de membranas interdigitales y su tamaño. Así definieron nueve arquitecturas posibles de pies, entre ellas formas anisodáctilas, tridáctilas, semipalmeadas, palmeadas y zigodáctilas, divididas además según su tamaño. Sin embargo, solo ocho aparecen en el registro fósil analizado: hasta ahora no se conocen huellas zigodáctilas de Gondwana.

Esta metodología permite utilizar las pisadas como una especie de indicador de la diversidad ecológica de las aves a lo largo del tiempo.

Qué ocurrió cuando desaparecieron los dinosaurios

Uno de los resultados más interesantes aparece alrededor de la extinción masiva de hace 66 millones de años, cuando el impacto de un asteroide desencadenó una crisis global que acabó con los dinosaurios no avianos y numerosas otras formas de vida.

Las huellas muestran que antes del límite entre el Cretácico y el Paleógeno ya existía una elevada variedad de arquitecturas de pies, compatible con una importante diversificación ecológica de las aves. Además, algunos registros argentinos atraviesan temporalmente ese límite sin mostrar evidencias de una desaparición abrupta de todas esas formas.

Esto no significa que las aves resultaran indemnes al impacto. La extinción produjo enormes cambios en sus poblaciones y linajes, pero los datos respaldan la idea de que distintos grupos ya estaban diversificados antes del evento y algunos consiguieron atravesarlo.

Otro gran cambio aparece millones de años después. Durante el Mioceno, entre aproximadamente 23 y 5 millones de años atrás, el registro alcanza su mayor icnodisparidad. En ese período vuelven a aparecer grandes huellas tridáctilas asociadas a aves corredoras, coincidiendo con la expansión de ambientes abiertos.

Las pisadas muestran así algo que los huesos fósiles por sí solos no siempre permiten reconstruir: cómo cambiaron las funciones ecológicas y las formas de desplazamiento de las aves durante millones de años.

Una huella fósil puede ser apenas una depresión endurecida en la roca, pero acumuladas en una base de datos como esta se convierten en un registro de cómo las aves sobrevivieron, se diversificaron y ocuparon nuevos ambientes desde la época de los dinosaurios hasta tiempos relativamente recientes.

 

 

Fuente: Agencia de Noticias Cientificas.

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