El misterio sobre el destino final del universo ha fascinado a científicos y soñadores durante siglos. Ahora, un grupo de investigadores de Países Bajos acaba de sacudir nuestras expectativas: el universo tiene fecha de muerte, y está más cerca de lo que imaginábamos. Aunque ese momento queda a escalas de tiempo inconcebibles, sus hallazgos podrían cambiar la forma en que entendemos la vida (y la muerte) cósmica.
Una muerte silenciosa: evaporación universal

Los investigadores Michael F. Wondrak, Walter Van Suijlekom y Heino Falcke, de la Universidad Radboud de Nijmegen, desarrollaron un nuevo modelo que aplica la teoría de la radiación de Hawking no solo a los agujeros negros, sino también a otros objetos densos como las estrellas de neutrones o incluso las enanas blancas.
En términos simples, esta radiación implica que cualquier objeto con un campo gravitacional lo suficientemente fuerte podría emitir partículas y, con el tiempo, evaporarse. El resultado: una desaparición progresiva del universo tal como lo conocemos. A diferencia de lo que se creía antes, no solo los agujeros negros están destinados a desvanecerse. Según el nuevo estudio, la materia más persistente del universo podría desintegrarse en apenas 10⁷⁸ años, un número colosal pero muy inferior al estimado previamente (10¹¹⁰⁰ años).
Todo se desvanece: estrellas, planetas… y nosotros

Los cálculos no se detuvieron en el fin del universo. Los científicos también analizaron cuánto tardarían en evaporarse objetos más cercanos. Por ejemplo, una estrella de neutrones o un agujero negro estelar desaparecería en 10⁶⁷ años. Sorprendentemente, ambos tardarían lo mismo, a pesar de tener distintos niveles de gravedad.
Y si te preguntas por nuestro destino: la Luna y un ser humano tardarían unos 10⁹⁰ años en evaporarse, aunque el estudio advierte que existen procesos más rápidos que podrían anticipar ese desenlace.