A simple vista, el Gran Lago Salado de Utah parece el último lugar donde buscar agua dulce. Su cuenca no tiene salida al océano y, durante miles de años, la evaporación ha ido concentrando las sales que llegan hasta ella. Sin embargo, debajo de esa superficie hipersalina ocurre prácticamente lo contrario.
Investigadores de la Universidad de Utah han cartografiado un sistema subterráneo en Farmington Bay y encontraron sedimentos saturados de agua dulce que, en algunos sectores, podrían extenderse más de tres kilómetros hacia abajo. No se trata de una gigantesca caverna llena de agua, sino de líquido almacenado en los diminutos espacios existentes entre millones de toneladas de sedimentos.
La escala potencial es difícil de imaginar. El profesor Kip Solomon calcula que, si pudiera extraerse toda el agua contenida bajo Farmington Bay y colocarse sobre la superficie de esa misma zona, formaría teóricamente un lago de más de 1.000 metros de profundidad. La estimación no significa que ese volumen pueda explotarse realmente: buena parte está atrapada en arcillas y limos de muy baja permeabilidad.
Los primeros indicios aparecieron en unos extraños círculos de juncos

La historia comenzó con algo mucho más visible. A medida que el Gran Lago Salado retrocedía, en el lecho seco de Farmington Bay empezaron a aparecer montículos circulares de entre 50 y 100 metros de diámetro cubiertos de densos juncos. Debajo de ellos, los científicos encontraron agua dulce presurizada abriéndose paso hacia la superficie.
En febrero de 2025, un helicóptero recorrió diez líneas sobre Farmington Bay y el norte de Antelope Island, acumulando unos 248 kilómetros de mediciones. Bajo la aeronave colgaba un sistema electromagnético capaz de distinguir la salmuera del agua dulce porque ambas conducen la electricidad de manera muy diferente.
El instrumento pudo estudiar directamente aproximadamente los primeros 100 metros. Allí mostró una capa muy conductora de agua salada cerca de la superficie y, alrededor de diez metros más abajo, materiales mucho más resistentes eléctricamente compatibles con agua dulce. Para averiguar qué ocurría a mayor profundidad, el equipo combinó esos datos con mediciones magnéticas destinadas a localizar la roca que forma el fondo de la cuenca.
Entonces apareció la sorpresa.
En algunos puntos la roca basal se encuentra a menos de 200 metros, pero en otros se hunde bruscamente hasta tres o cuatro kilómetros. Ese enorme espacio está relleno de sedimentos y los análisis indican que buena parte de sus poros contienen agua dulce. Los resultados fueron publicados en Scientific Reports.
Parte del agua puede llevar allí desde la Edad de Hielo

Los análisis químicos e isotópicos añaden otra dimensión al hallazgo. El agua procede de precipitaciones y nieve infiltradas en las montañas Wasatch y viaja lentamente bajo tierra hacia la cuenca. En las zonas profundas de Farmington Bay podría tener más de 10.000 años.
Eso la sitúa cerca de la época del lago Bonneville, la gigantesca masa de agua dulce que ocupaba buena parte de Utah durante el final de la última glaciación. Hace unos 15.000 años, esa cuenca todavía estaba cubierta por Bonneville; posteriormente retrocedió hasta dejar como uno de sus vestigios al actual Gran Lago Salado. Los investigadores creen que parte del agua subterránea podría remontarse a aquel período.
Todavía queda, además, una incógnita gigantesca. El estudio solo cubrió una pequeña fracción del lago y los científicos no saben si ese sistema de agua dulce continúa por debajo de gran parte de su cuenca. Según Bill Johnson, los indicios incluso permiten considerar esa posibilidad, pero por ahora no está demostrada.
Encontrarla no significa que Utah pueda empezar a bombearla

La tentación resulta evidente en un estado afectado por la sequía. Sin embargo, los propios investigadores advierten que convertir este depósito en una nueva fuente masiva de agua sería extremadamente complicado.
Los sedimentos tienen mucha porosidad, pero dejan circular el agua muy lentamente. Los cálculos preliminares indican que igualar únicamente la evaporación de Farmington Bay podría exigir desde decenas de miles hasta millones de pozos, dependiendo de las propiedades reales del subsuelo. Extraer grandes cantidades también podría compactar los sedimentos, hundir el terreno y permitir que la salmuera del lago penetrara hacia el acuífero.
Hay una utilización mucho más modesta sobre la mesa. El Gran Lago Salado ha perdido alrededor del 70% de su superficie desde 1989, dejando expuestas enormes zonas de sedimentos que pueden convertirse en focos de polvo. Los investigadores estudian si pequeñas cantidades de esta agua podrían emplearse para humedecer puntos especialmente problemáticos sin destruir la presión natural del acuífero.
Por ahora, el descubrimiento sirve sobre todo para revelar una paradoja geológica formidable: debajo de uno de los paisajes más salinos de Norteamérica puede existir una cantidad de agua dulce mucho mayor de la que deja entrever la superficie.