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Ciencia

Cráneos de 5.000 años confirman una sospecha centenaria: Egipto sacrificaba a sus sirvientes para enterrarlos con el rey

Un análisis forense de 46 cráneos de Abydos halló fracturas en casi 4 de cada 10, compatibles con golpes mortales recibidos en el momento de morir
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Hace unos 5.000 años, cuando moría uno de los primeros faraones de Egipto, no viajaba solo al más allá. A su alrededor se cavaban decenas o incluso cientos de tumbas más pequeñas, destinadas a funcionarios, artesanos y sirvientes que debían seguir atendiéndolo en la otra vida. Durante más de un siglo, los arqueólogos sospecharon que muchas de esas personas no habían muerto por causas naturales. Ahora, la ciencia forense moderna aporta la evidencia que faltaba.

El estudio, firmado por la bioarqueóloga y egiptóloga Roselyn Campbell, de la Universidad Purdue, en Estados Unidos, se publicó en la revista Frontiers in Environmental Archaeology. Su conclusión respalda que en la Primera Dinastía egipcia se practicaba el llamado sacrificio de acompañantes.

Las tumbas reales de Abydos

Tumbas Reales De Abydos
© By Markh – Photo by Markh, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4180258

Los restos analizados provienen de Abydos, en el Alto Egipto, uno de los lugares más sagrados del país del Nilo. Allí, en el sector conocido como Umm el-Qaab, fueron enterrados los reyes de la Primera Dinastía, que gobernaron hacia el año 3000 antes de Cristo, unos 500 años antes de que se levantara la Gran Pirámide de Guiza.

Alrededor de algunas de esas tumbas reales, como la del faraón Djer, se encontraron cientos de enterramientos subsidiarios. Según los registros, quienes ocupaban esas tumbas eran sobre todo funcionarios de rango bajo y medio, además de artesanos al servicio del rey.

Una sospecha que quedó pendiente durante un siglo

FuncionariOS Antiguo Egipto
© ilapinto – Shutterstock

El primero en plantear la hipótesis fue el arqueólogo británico Flinders Petrie, uno de los padres de la egiptología científica, que excavó la zona en las primeras décadas del siglo XX. Petrie notó lesiones en algunos cráneos y sospechó que los acompañantes habían sido sacrificados, pero no pudo demostrarlo. Además, gran parte de los restos que exhumó volvieron a ser enterrados.

Una parte de ese material terminó en la Colección Duckworth de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Es allí donde Campbell encontró 46 cráneos procedentes de las excavaciones de Petrie, que pudo estudiar con métodos forenses que no existían hace cien años.

Qué revelaron los cráneos

Cesar Guadarrama Cantu Mybwf9ialag Unsplash
© César Guadarrama Cantú – Unsplash

De los 46 cráneos analizados, 18 presentaban traumatismos craneales importantes, es decir, un 39% de la muestra. La mayoría eran fracturas lineales producidas en el momento de la muerte o muy cerca de él, compatibles con golpes contundentes. En algunos casos también aparecieron lesiones por objetos cortantes, entre ellas un corte en la cuenca de un ojo. Uno de los individuos identificados era un hombre de entre 30 y 35 años.

Según la investigadora, ese tipo de heridas habría provocado una pérdida rápida de la conciencia, hemorragias internas y la muerte. Campbell también evaluó explicaciones alternativas, como las caídas. «Las fracturas lineales suelen ser causadas por un arma plana y ancha, o por una caída, pero caer con suficiente fuerza como para fracturar el cráneo probablemente habría roto otros huesos», señaló.

Lo que todavía no se sabe

La autora reconoce que el estudio tiene límites. La muestra es incompleta y no todos los acompañantes habrían muerto de la misma forma: algunos pudieron fallecer por asfixia, envenenamiento u otros métodos que no dejan marcas en los huesos, y otros quizás murieron por causas naturales.

Aun así, los resultados encajan con lo que se observa en otras civilizaciones antiguas. En las tumbas reales de Ur, en la antigua Mesopotamia, estudios con tomografías también hallaron golpes en los cráneos de los acompañantes. En Egipto, la práctica parece haber desaparecido hacia el final de la Primera Dinastía. Con el tiempo, el papel de los sirvientes en el más allá pasó a cumplirse de forma simbólica, con figuras funerarias que reemplazaban a las personas.

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