Durante años, Starship fue presentada como la nave con la que Elon Musk llevaría humanos a Marte y ayudaría a la NASA a regresar a la Luna. Pero cuando el gigantesco cohete consiguió finalmente uno de sus mayores hitos, el pasado 28 de septiembre, lo primero que colocó en órbita no fueron astronautas ni hardware lunar: fueron 26 satélites Starlink.
El vuelo 14 fue el primero de Starship que alcanzó correctamente la órbita terrestre y también su primera misión con una carga comercial real. No salió perfecta. Una avería en uno de los motores obligó a reducir de unas diez a tres horas una misión que debía completar seis vueltas alrededor de la Tierra. Aun así, los 26 nuevos Starlink V3 fueron desplegados con éxito.
Y ahí aparece una paradoja importante: cuanto mejor funciona Starship, más evidente resulta que las prioridades comerciales de SpaceX no tienen por qué coincidir con las de la NASA.
Musk necesita Starship para algo mucho más grande que ir a la Luna

Starlink ya cuenta con más de 10.000 satélites y Musk ha hablado de llevar la constelación por encima de los 100.000. Los V3, precisamente los que estrenó Starship, ofrecen una capacidad de datos diez veces superior a sus predecesores y están pensados para ser lanzados en grandes cantidades gracias al enorme volumen de carga del nuevo cohete.
Pero el proyecto va todavía más lejos. La propia web de SpaceX ya dedica un apartado a “orbital AI compute”, su apuesta por llevar capacidad de computación para inteligencia artificial al espacio. La lógica es sencilla: si Starship consigue ser totalmente reutilizable y volar con mucha frecuencia, colocar enormes cantidades de hardware en órbita podría dejar de ser una extravagancia prohibitiva.
Para SpaceX, además, existe una ventaja fundamental: Starlink y esa futura infraestructura orbital son negocios propios. No necesita esperar a que otra empresa diseñe un satélite ni a que la NASA prepare una misión. Starship podría convertirse primero en la infraestructura que alimente el ecosistema de Musk.
El Falcon 9 domina el espacio. SpaceX ya piensa en jubilarlo

Eso también podría alterar un mercado que SpaceX prácticamente redefinió con Falcon 9. Musk confirmó en agosto que la compañía pretende ir reduciendo la familia Falcon cuando Starship pueda volar de manera fiable varias veces por semana, trasladando recursos hacia el nuevo sistema. Algunos informes sitúan el comienzo de esa transición alrededor de 2028, aunque las misiones tripuladas y de carga para la NASA podrían mantenerse durante más tiempo.
El problema es que Falcon 9 no es simplemente otro cohete. Es actualmente una pieza fundamental del acceso estadounidense al espacio y, mediante Crew Dragon, el sistema que NASA utiliza regularmente para enviar astronautas a la Estación Espacial Internacional. Crew-13 volvió a demostrarlo el 1 de octubre con cuatro nuevos tripulantes rumbo a la ISS.
NASA intenta recuperar una segunda opción. Boeing realizará previsiblemente una nueva prueba no tripulada de Starliner entre diciembre de 2026 y enero de 2027, con la esperanza de volver a transportar astronautas en 2028.
Mientras SpaceX acelera, la Luna tendrá que esperar

La ironía es que Starship avanza exactamente cuando el calendario lunar estadounidense ha tenido que volverse más prudente. Artemis III, prevista para 2027, ya no intentará aterrizar astronautas en la Luna. NASA la ha convertido en una misión de demostración en órbita terrestre baja, donde Orion deberá probar encuentros y acoplamientos con versiones de los módulos lunares desarrollados por SpaceX y Blue Origin. El siguiente intento de alunizaje tripulado está previsto ahora para Artemis IV, en 2028.
Starship todavía necesita demostrar reutilización rápida, fiabilidad suficiente para transportar personas y, sobre todo, una capacidad extremadamente compleja: transferir enormes cantidades de propelente entre naves en órbita antes de poder viajar hacia la Luna.
Así que el éxito orbital de septiembre no significa que Musk haya dejado fuera de juego a la NASA. Significa algo quizá más incómodo: SpaceX está construyendo un vehículo del que la agencia estadounidense depende para parte de su futuro lunar, mientras que la propia SpaceX tiene motivos comerciales gigantescos para usarlo primero mucho más cerca de casa.