Durante más de sesenta años, miles de personas caminaron por los pasadizos de una cueva catalana sin sospechar lo que tenían delante. Algunos visitantes incluso dejaron sus nombres y fechas grabados sobre las paredes. Pero entre aquellas marcas modernas se escondía algo mucho más antiguo: figuras de animales y símbolos realizados por humanos que vivieron durante la Edad de Hielo.
El escenario es la Cova de la Font Major, en L’Espluga de Francolí, Tarragona. Allí, un equipo de arqueólogos identificó 280 motivos grabados en piedra, incluidos 55 animales, que habían permanecido inadvertidos pese a las décadas de visitas turísticas. El hallazgo convierte esta cavidad en uno de los conjuntos de arte paleolítico más importantes de la fachada mediterránea de la península ibérica.
Aunque los primeros grabados se reconocieron en octubre de 2019, la noticia vuelve a cobrar actualidad gracias a una investigación publicada el 5 de noviembre de 2026 en Antiquity. El trabajo presenta el catálogo detallado y su interpretación científica, y cuestiona la idea de que el noreste peninsular tuvo una producción artística paleolítica marginal.
Habían convertido la cueva en una atracción turística y nadie reconoció los dibujos prehistóricos

La historia resulta especialmente sorprendente por el lugar donde apareció el arte. La cueva era conocida desde el siglo XIX, estaba abierta a visitantes desde mediados del XX y en 1993 incorporó una ruta turística de aventura.
Todo cambió el 30 de octubre de 2019, cuando el arqueólogo Josep Maria Vergès reconoció varias incisiones de características paleolíticas entre numerosos grafitis modernos. Aquellas marcas estaban en las Gatoneres de Cal Palletes, un sector situado aproximadamente a 250 metros de la entrada actual.
Según explica la revista Antiquity en su comunicado, los investigadores no esperaban encontrar arte prehistórico en esas paredes. Su superficie irregular, formada por distintos materiales rocosos, parecía poco apropiada para realizar representaciones. Sin embargo, precisamente algunas capas blandas permitieron grabar líneas de pocos milímetros de anchura. El equipo documentó caballos, ciervos, cabras, bóvidos e incluso un oso representado con las orejas de frente y la boca ligeramente abierta.
También aparecieron líneas paralelas, formas circulares y composiciones abstractas cuya interpretación sigue abierta.
Los 280 grabados obligan a revisar lo que sabíamos sobre los artistas de la Edad de Hielo

El descubrimiento tiene consecuencias que van más allá de la cantidad de figuras. Durante mucho tiempo, el arte rupestre paleolítico de la península ibérica se había asociado especialmente con las regiones cantábricas y determinadas áreas del sur.
En Cataluña, en cambio, apenas se conocían dos representaciones parietales atribuidas al Paleolítico superior antes de este hallazgo. Los 280 motivos documentados sitúan ahora la Cova de la Font Major como el tercer mayor conjunto conocido de arte rupestre paleolítico en el Mediterráneo ibérico.
El estudio original publicado por Cambridge University Press también señala que algunas características de los dibujos corresponden posiblemente a etapas anteriores al Magdaleniense. Las evidencias arqueológicas indican presencia humana en las galerías interiores hace aproximadamente entre 41.000 y 26.000 años, aunque todavía no es posible asignar esa antigüedad exacta a cada grabado.
Hay otra dificultad: la fragilidad de las superficies. El contacto humano y los grafitis realizados durante décadas han deteriorado algunas zonas, por lo que es posible que originalmente existieran más figuras de las que pueden identificarse hoy.
Para los investigadores, la conclusión es importante: la escasez de arte rupestre documentado en algunas regiones no siempre significa que sus antiguos habitantes produjeran menos arte. A veces, simplemente no hemos sabido reconocerlo.
Durante décadas, aquella cueva pareció esconder únicamente las huellas de visitantes modernos. Ahora sabemos que también conserva testimonios de una tradición artística que podría remontarse a decenas de miles de años, y que obliga a reconsiderar el papel de Cataluña en la prehistoria europea.