Un rancho que empezó a aprovechar el viento hace un siglo
La historia de la familia Ferrell comenzó mucho antes de la llegada de las grandes turbinas. Su rancho, situado en Beaumont, Kansas, fue fundado en 1888 y ocupa unas 7.000 acres, alrededor de 2.800 hectáreas, en las Flint Hills, una extensa región de praderas donde la familia lleva generaciones dedicada a la ganadería.
Cuando construyeron su vivienda en 1923, la red eléctrica todavía no llegaba hasta aquella zona rural. Para conseguir electricidad, instalaron un pequeño generador eólico Jacobs Windjammer conectado a baterías, suficiente para alimentar las luces y algunos aparatos de la casa.
El sistema se mantuvo en funcionamiento durante años, hasta que la electrificación rural alcanzó finalmente el rancho en la década de 1940.
Lo que entonces era simplemente una solución para vivir sin conexión a la red terminaría anticipando, de manera inesperada, el futuro económico de la propiedad.
El viento como una nueva fuente de ingresos
Durante décadas, la principal actividad del rancho fue la ganadería, un negocio muy dependiente de factores difíciles de controlar, como las sequías, el estado de los pastos o el precio del ganado.
Para reducir ese riesgo, la familia ya había comenzado en los años veinte a alquilar derechos para la explotación de petróleo en sus terrenos. Esa segunda fuente de ingresos ayudaba a compensar los malos momentos del sector ganadero.
Décadas después, Pete Ferrell encontró una lógica similar en otro recurso disponible en sus tierras: el viento.
A mediados de los años noventa, una empresa le propuso instalar un parque eólico en la propiedad. Al principio se negó. Le preocupaban el impacto sobre la pradera, la fauna de la zona y la convivencia de las enormes turbinas con el ganado. Sin embargo, después de visitar parques eólicos en California y conversar con otros ganaderos, llegó a la conclusión de que ambas actividades podían coexistir.

50 aerogeneradores entre las vacas
El resultado fue el Elk River Wind Project, que comenzó a operar en 2005 con 100 aerogeneradores de 1,5 megavatios cada uno y una capacidad total de 150 MW. La mitad de esas turbinas, unas 50, se instalaron dentro del rancho de Ferrell, mientras que el resto se distribuyó entre propiedades vecinas. Las estimaciones iniciales situaban la producción anual del parque en unos 550.000 MWh, suficiente para cubrir el consumo eléctrico de decenas de miles de hogares.
Ferrell no vende directamente esa electricidad. Su negocio consiste en alquilar parte de sus terrenos y recibir pagos por las turbinas instaladas en ellos.
El 99 % del terreno sigue disponible
Pese al enorme tamaño de los aerogeneradores, el espacio que ocupan sobre el suelo es relativamente reducido.
Ferrell calculó que entre las bases, los caminos y las instalaciones asociadas perdió unas 50 acres de superficie productiva, aproximadamente 20 hectáreas. Eso supone que alrededor del 99 % de la propiedad continúa disponible para la actividad ganadera, y las vacas siguen pastando alrededor de las turbinas.
La transformación más importante, por tanto, no está en la cantidad de tierra utilizada, sino en las cuentas del rancho.
Una cosecha que no depende de la lluvia
Los ingresos procedentes de la energía eólica han llegado a representar aproximadamente la mitad de los ingresos de Ferrell.
Para un negocio tradicionalmente expuesto al clima, esa estabilidad resulta especialmente valiosa. Una sequía puede reducir el ganado, encarecer los alimentos o deteriorar los pastos, pero no necesariamente evita que el viento continúe moviendo las turbinas. Ferrell define por eso al viento como su mejor cash crop, una especie de cosecha capaz de generar ingresos incluso cuando las demás fallan.
La historia completa un círculo curioso. En 1923, sus antepasados recurrieron al viento porque nadie podía llevar electricidad hasta su casa. Más de cien años después, las mismas tierras producen energía para miles de hogares y permiten mantener un rancho que pertenece a la familia desde el siglo XIX.
El recurso siempre estuvo allí. Solo que, en lugar de encontrarse bajo tierra, estaba soplando sobre sus cabezas.