En general se piensa en el asteroide Chicxulub, del tamaño de una ciudad, como una colisión devastadora que sucedió en el norte de América hace 66 millones de años y que causó la extinción masiva de los dinosaurios. Sin embargo, con más investigación se está llegando a la conclusión de que toda esa muerte y oscuridad que cubrió al mundo después del impacto fue algo que benefició no solo a los pequeños mamíferos sino también a los hongos que se volvieron gigantes y a las formas de vida más exóticas de las profundidades del mar. Ahora, se agrega la prolífica colonización de la Tierra por parte de las hormigas.
Hoy se conocen más de 15.000 especies de hormigas en el planeta, con sus reinas gobernando un vasto imperio subterráneo y oculto (también, en árboles secos y otros lugares que les son adecuados). Los biólogos evolucionistas e investigadores genómicos de una colaboración entre Alemania, China y Dinamarca, acaban de identificar varios brotes independientes de diversificación de especies de hormigas ya en el Paleógeno primitivo, justo después del impacto del Chicxulub. Su nuevo trabajo de investigación atribuye el florecimiento de la biodiversidad de las hormigas a elementos del ADN, transposones similares a los de los retrovirus y que a veces se conocen como “genes saltarines”.
“El impacto del asteroide tuvo consecuencias dramáticas para el medio ambiente”, declaró Lukas Schrader, profesor de biología evolutiva molecular en la Universidad de Münster, Alemania. “Ahora encontramos el mecanismo genómico que conecta estos desastres ecológicos con la subsiguiente y rápida diversificación de las hormigas: los transposones”.
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Los científicos solían pensar que los elementos transposones (TE) eran “parásitoss genómicos” por la tendencia de este ADN de pasar de huésped a huésped, como si fuese esto un fin en sí mismo sin que hubiera ventajas evolutivas claras. Hay estudios que mostraron que algunos TE son sospechosos de contribuir a las enfermedades en sí mismas, incluyendo a algunos cánceres y afecciones neurológicas.
Pero los biólogos han detectado últimamente picos comparables en la diversificación de especies, a veces con la promesa de nuevos nichos ecológicos o resistencia mejorada, en los linajes de varios animales incluyendo a los primates y los murciélagos. Por ejemplo, un estudio de 2021 de la especie urbana de mosquito Anopheles coluzii subsahariano de África, encontró que los TE habían ayudado a estos mosquitos a protegerse contra los insecticidas.
“Creo que veremos cada vez más casos en los que los TE ayudan a explicar los rápidos cambios adaptativos”, le dijo Schrader a The Scientist en 2022 durante una fase inicial de su estudio sobre cómo estos genes virales benefician a las hormigas, es decir a todos los insectos de la familia Formicidae.
Schrader y sus coautores trazaron una comparación cruzada de los genomas de 163 especies de hormigas con muestras de 16 subfamilias de Formicidae que se conocen hoy. Esta reconstrucción de la historia evolutiva de esta especie ayudó a generar algo parecido a una línea de tiempo de la actividad del gen saltarín en los últimos 100 millones de años. Eso reveló que, entre otras cosas, los TE ayudaron a que surgiera la generación de nuevos receptores olfativos y gustativos que son esenciales para las hormigas para comunicarse y percibir su entorno.
“Así, es probable que los TE brindaran el material genético primario para facilitar la diversificación en tanto que las oportunidades ecológicas que generó el evento de extinción determinaron cómo podrían ser las consecuencias de esa variación”, explicó el equipo de Schrader el mes pasado en Science Advances.
Historia de la hormiga
Más allá del envió que los TE les dieron a las especies de hormigas en el Paleógeno, estos genes que se comportan como los virus también siguieron mejorando la resiliencia evolutiva de las hormigas en la era moderna. El trabajo de Schrader y sus colegas en el Instituto para la Evolución y la Biodiversidad de la Universidad de Münster, y el de sus colaboradores en otros países, halló que esos linajes de hormigas que habían rastreado con tan elevadas cifras de genes saltarines, tendieron a producir una cantidad más diversa de especies descendientes en nuestros tiempos.
El equipo de Schrader reconoció que todavía hay factores que se desconocen, com la posibilidad de que algunas especies extintas de hormigas puedan haber “exhibido patrones diferentes de actividad de TE” que podrían haber alterado la evaluación de este estudio sobre cómo los genes saltarines ayudaron a las hormigas a adaptarse.
También está el misterio de los orígenes de las hormigas antes del marco de 100 millones de años de este estudio. “No podemos descartar la posibilidad de que otros brotes de TE que desconocemos hayan afectado la historia inicial de la diversificación de las hormigas”, afirmaron los investigadores.