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Dos murallas de concreto bloquearon este río durante generaciones: cuando cayeron, la naturaleza explotó y dió regreso a una especie que había perdido su lugar

Dos enormes barreras transformaron durante décadas uno de los ríos más valiosos del Pacífico. Su desaparición puso en marcha una recuperación que sorprendió incluso a los especialistas.
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A comienzos del siglo XX, una ciudad estadounidense necesitaba electricidad para crecer. La solución parecía lógica para la época: aprovechar la fuerza de un río cercano y levantar dos grandes presas hidroeléctricas. La energía llegó, la economía local recibió un impulso y la población comenzó a expandirse.

Sin embargo, el proyecto escondía un costo que tardaría décadas en comprenderse por completo. Las estructuras interrumpieron una ruta natural utilizada durante miles de años por varias especies de peces migratorios, alteraron el movimiento de los sedimentos y cambiaron profundamente el equilibrio de todo el ecosistema.

Casi un siglo después, Estados Unidos tomó una decisión poco habitual: eliminar las dos presas y observar qué ocurría cuando el río recuperaba su libertad. Lo que sucedió a continuación convirtió el lugar en uno de los ejemplos de restauración ambiental más importantes del mundo.

Dos presas cambiaron para siempre un río del Pacífico

La historia transcurre en el río Elwha, un curso de agua de apenas 72 kilómetros ubicado en la península Olímpica, en el estado de Washington. Aunque no era especialmente extenso, alguna vez fue escenario de remontadas de salmón comparables con algunas de las más impresionantes registradas fuera de Alaska.

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© Zack Frank – shutterstock

Todo comenzó cuando el empresario canadiense Thomas Aldwell obtuvo autorización para construir una presa destinada a suministrar energía a Port Angeles, una pequeña ciudad que atravesaba un proceso de expansión. Las obras de la presa Elwha comenzaron en 1910 y la central entró en funcionamiento tres años más tarde.

En 1927 se añadió una segunda estructura: la presa del cañón de Glines, situada unos 13 kilómetros río arriba. Juntas, ambas instalaciones se convirtieron en una fuente estratégica de electricidad para la industria y la economía regional.

El problema era que ninguna contaba con escalas o pasos que permitieran a los peces superar las barreras. Los salmones y otras especies anádromas, que nacen en agua dulce, pasan buena parte de su vida en el océano y luego regresan al río para reproducirse, quedaron prácticamente excluidos de sus zonas históricas de desove.

El hábitat accesible para estos animales se redujo a apenas ocho kilómetros desde la desembocadura. Al mismo tiempo, las presas comenzaron a retener enormes cantidades de arena, grava y otros materiales que normalmente habrían descendido con la corriente.

La ausencia de esos sedimentos aceleró la erosión de las riberas y deterioró las áreas de reproducción ubicadas río abajo. Las poblaciones de peces se desplomaron, afectando también a la tribu Klallam del bajo Elwha, para la cual el salmón poseía (y todavía posee) un enorme valor económico, cultural y espiritual.

El plan para liberar el río tardó décadas en hacerse realidad

Con el paso de los años, las presas envejecieron y su producción eléctrica dejó de justificar el daño ambiental que provocaban. Después de una extensa campaña impulsada por científicos, organizaciones conservacionistas y comunidades indígenas, el Congreso estadounidense aprobó en 1992 la Ley de Restauración del Ecosistema y la Pesca del Río Elwha.

La norma autorizó al secretario del Interior a adquirir las dos instalaciones y adoptar las medidas necesarias para recuperar el río y sus poblaciones autóctonas de peces migratorios. No se trataba simplemente de derribar estructuras: era necesario planificar cómo liberar décadas de sedimentos acumulados sin provocar un desastre río abajo.

Finalmente, en 2011 comenzó el que entonces era el mayor proyecto de demolición de presas de este tipo realizado en el mundo. Las tareas avanzaron de manera gradual y las dos barreras desaparecieron por completo en 2014.

La apertura liberó aproximadamente 18,3 millones de metros cúbicos de sedimentos, un volumen suficiente para llenar hasta el techo unos ocho grandes estadios de fútbol. Una parte considerable del material descendió hacia el Pacífico y modificó en pocos años la geografía de la desembocadura.

Donde antes dominaba la erosión, apareció una nueva playa de arena. Los sedimentos también reconstruyeron zonas costeras y crearon hábitats que comenzaron a ser utilizados por peces, aves, cangrejos y otras especies.

Río arriba, el paisaje tampoco podía quedar abandonado a su suerte. Los antiguos embalses habían dejado extensas superficies de suelo desnudo, vulnerables a la erosión y a la llegada de plantas invasoras.

El regreso del salmón activó una recuperación mucho mayor

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© Unsplash / Fengkai Liu.

Los equipos de restauración plantaron decenas de miles de árboles, arbustos y otras especies autóctonas en las áreas anteriormente inundadas. También distribuyeron miles de kilos de semillas y mantuvieron una vigilancia constante para impedir que las especies invasoras dominaran el terreno recién expuesto.

La respuesta de la naturaleza fue rápida. La vegetación comenzó a colonizar las orillas, los antiguos embalses se transformaron nuevamente en valles fluviales y los peces recuperaron el acceso a más de 110 kilómetros de hábitat dentro de la cuenca.

El cambio más simbólico fue el regreso del salmón a lugares donde no había podido llegar durante más de un siglo. Varias especies volvieron a remontar el río y a reproducirse en sectores que permanecían bloqueados desde la construcción de las presas.

Su retorno tuvo consecuencias mucho más amplias. Los salmones transportan nutrientes obtenidos en el océano hacia los ecosistemas de agua dulce. Cuando regresan para desovar, esos nutrientes alimentan insectos, aves, mamíferos, plantas y microorganismos. Por eso los especialistas describen su migración como una especie de “expreso de nutrientes” procedente del Pacífico.

La recuperación todavía continúa y no todos los efectos del bloqueo desaparecieron de inmediato. Sin embargo, el caso del Elwha demostró que retirar infraestructuras obsoletas puede desencadenar transformaciones extraordinarias.

Un río que durante generaciones estuvo fragmentado volvió a conectar las montañas con el océano. Y el salmón, después de cien años detenido ante una pared de concreto, finalmente pudo regresar a casa.

 

[Fuente: DiarioAS]

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